El pasado 20 de marzo, la Penitenciaria Apostólica concedió la indulgencia plenaria a los creyentes que se hayan contagiado del Coronavirus o COVID-19. Estas indulgencias tienen un carácter especial y se extienden a los trabajadores de la salud, familiares de los afectados y cuidadores.

¿Cómo alcanzarla?

Para enfermos, trabajadores de la salud, familiares y cuidadores

  • Uniéndose espiritualmente a la celebración de la Santa Misa, el rezo del Santo Rosario o el Santo Vía Crucis u otras formas de devoción a través de los medios de comunicación.
  • Rezando el Padrenuestro y una piadosa invocación a la Virgen María. En este caso se debe ofrecer esta prueba con espíritu  de fe en Dios y caridad hacia los hermanos, con la voluntad de cumplir las condiciones habituales para recibir  la indulgencia plenaria apenas puedan. Es decir, la confesión sacramental , la comunión eucarística y la oración por las intenciones del Santo Padre.

Para los fieles

  • Visitando el Santísimo Sacramento del Altar, haciendo adoración Eucarística o leyendo la Sagrada Escritura al menos durante media hora, recitando el Santo Rosario, haciendo el Santo Vía Crucis, rezando la coronilla de la Divina Misericordia e implorando a Dios por el fin de la epidemia, el alivio de los afligidos y la salvación eterna de los que el Señor llamó a estar con él.

Para cercanos a la muerte

  • La Iglesia ora por todos aquellos que no puedan recibir el sacramento de la Unción de los enfermos y el viático, encomendándolos a la Misericordia de Dios en virtud de la comunión de los santos y concediendo la indulgencia a los fieles que estén en punto de muerte y dispuestos a recibir el perdón de Dios y hayan rezado durante su vida algunas oraciones. En este caso la Iglesia suple las tres condicionen habituales y recomienda el uso del crucifijo o cruz.

El documento aplica para los enfermos sujetos a cuarentena por orden de la autoridad sanitaria en los hospitales o en sus propias casas y que deseen unirse espiritualmente a Dios con espíritu desprendido de todo pecado.

Y destaca el caso de los agentes sanitarios, familiares y todos aquellos que siguen el ejemplo del Buen Samaritano que exponiéndose al riesgo de contagio, cuidan de los enfermos de Coronavirus a ellos de forma particular les recuerda que según las palabras del divino Redentor: «Nadie tiene mayor amor que éste: dar la vida por sus amigos» (Jn 15,13) y así obtendrán el don de la Indulgencia Plenaria cumpliendo las debidas condiciones.

Fuente: CELAM



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