Por María Rosa Lorbés

Con frecuencia como cristiana me he sentido decepcionada por mi Iglesia; sus múltiples pecados e incoherencias me han llevado a sentir vergüenza de esa institución. De hecho sé que la Iglesia está formada por hombres y mujeres, por momentos pecadores, imperfectos e injustos, como usted o como yo. Una querida amiga, gran creyente y defensora de los derechos humanos, Pilar Coll, me confesó un día que no se sentiría a gusto en una Iglesia de “puros” y me sentí muy identificada con ella.

Pero también hay ocasiones en que me siento orgullosa de mi Iglesia, sobre todo, cuando reconoce su pecado, rectifica y pide perdón como en estas últimas semanas. Mencionaré primero un hecho menor. Aunque la noticia no ha sido tan comentada, a muchos creyentes nos alegra el gesto que ha tenido Francisco de abrir los brazos de la Iglesia al sacerdote trapense Ernesto Cardenal, quien en 1983 fue suspendido en sus derechos sacerdotales por Juan Pablo II. La sanción del P. Ernesto Cardenal fue por apoyar al gobierno sandinista, en razón de su apoyo a los pobres, luego de derribar al dictador Anastasio Somoza.

Lo más importante es que estos días se está realizando en Roma la Gran Cumbre contra los abusos sexuales de miembros del clero convocada por el Papa Francisco. Esta cumbre constituye un acontecimiento histórico en esa Iglesia a la que durante muchos años hemos visto guardando un silencio criminal, hipócrita y ominoso. El evento ha comenzado con cinco escalofriantes testimonios de cinco víctimas de diferentes lugares del planeta, narrando lo que sufrieron por culpa de quienes, en nombre de Dios, abusaron sexualmente de ellas, dejando una marca de dolor y de indignación en sus vidas que dura hasta hoy. Por primera vez, desde la más alta autoridad eclesial se fustiga a la institución por sus delitos y pecados y se exige tomar medidas para reparar a las víctimas, evitar futuros abusos y no transigir con los culpables. Me gusta esta Iglesia.

– Publicado el 25 de febrero de 2019 en la columna “Religión y vida” de la versión impresa del diario La República.



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