Durante el viaje del Papa Francisco a Perú y Chile, el mensaje dirigido a los y las jóvenes ha estado presente a lo largo de sus intervenciones. Con un lenguaje sencillo y valiéndose de las anécdotas del mundo de hoy, Francisco ha querido demostrar que nadie es prescindible en la vida de la Iglesia.

El Papa es consciente de que el mundo cambia rápidamente y que eso repercute en la incertidumbre, haciendo más vulnerables a los desprotegidos y desprotegidas; y, es justamente esta situación la que invita a tener una Iglesia con las ventanas abiertas, no solo preparada al cambio, sino atenta a las nuevas circunstancias que hacen indigna la vida de las personas. En ello radica el deseo de una Iglesia con rostro joven: “no precisamente por maquillarse con cremas rejuvenecedoras, sino porque desde su corazón se deja interpelar, sus preguntas, su querer saber, su querer ser generosos son exigencias para que estemos más cerca de Jesús”.

Francisco ha dado en la clave de la tensión entre los y las jóvenes y el mundo de hoy: las ganas que tienen los y las jóvenes de soñar frente a la sensación de que a nadie le importan o no tienen nada que aportar. Esta tensión, a la larga intenta “photoshopear” el corazón y los y las frustra, así como frustra el futuro y sus cambios. Él quiere a los y las jóvenes como protagonistas de la historia y por eso, los y las exhorta a que no sean “el vagón de la sociedad”. Además, entiende que romper con la tensión significa que hay que arriesgarse, optar por la aventura de la fe, recordando que cualquier joven puede ser amigo o amiga de Jesús, no por su perfección, sino por la búsqueda de coherencia que es donde se juega la felicidad.

En tal sentido, ha convocado a una reunión pre-sinodal que se realizará en Roma, del 19 al 24 de marzo de 2018, en la que participarán jóvenes procedentes de diferentes partes del mundo de cara a  la XV Asamblea General del Sínodo Ordinario de los Obispos sobre el tema: “Los  jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”. Francisco invita a los y las jóvenes a presentarse sin filtros, sin alteraciones, presentarse con lo que son, sus interrogantes y sus propuestas para enriquecer la reflexión y las acciones de la Iglesia porque una Iglesia más cercana necesita cuestionar su ubicación en la realidad.

Con el pedido de que los y las jóvenes no maquillen sus corazones, este Sínodo antecedido por el pre-sínodo es una oportunidad de quitarle el silenciador a las voces de los y las jóvenes y abrir una puerta para que dejen de ser objetos de evangelización y se conviertan en sujetos de evangelización dentro y fuera de la Iglesia.

Una Iglesia con rostro joven



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