El mes de septiembre se inició con la “Jornada mundial de Oración por el Cuidado de la Creación”. Así se viene haciendo, año tras año, desde mayo del 2015 cuando el papa Francisco publicó su primera encíclica Laudato Sí, precisamente dedicada al cuidado de la Casa Común, nuestra querida Pachamama. Y con ello se inicia más de un mes, hasta el 4 de octubre, que celebramos a San Francisco de Asís, poniendo énfasis en esa tarea que cada día se nos hace más actual y más urgente.

Este 2020, con el contexto de la pandemia del COVID-19, está teniendo un realce especial. Y es que son muchos los científicos que apuntan a una relación entre el maltrato a la biodiversidad -la acelerada pérdida de especies animales y vegetales- y la facilidad en la propagación de los virus. Sea o no sea cierto, de lo que no hay duda es de que el coronavirus nos ha desnudado y nos ha mostrado que, simplemente, con las restricciones impuestas por él, el planeta tierra ha respirado y se ha recuperado del permanente maltrato recibido.

El mensaje del Papa para este mes se centra en ese necesario y urgente cambio de estilo de vida, caminando hacia estilos de vida más sencillos y sostenibles: el planeta no soporta el ritmo impuesto por el “occidente desarrollado” (y copiado por otros países). Es necesario que modifiquemos nuestra rutina y así nos dice Francisco: “Debemos examinar nuestros hábitos en el uso de energía, en el consumo, el transporte y la alimentación. Es necesario eliminar de nuestras economías los aspectos no esenciales y nocivos y crear formas fructíferas de comercio, producción y transporte de mercancías”.

Por ahí tenemos que comenzar. Por un estilo de vida distinto que reduzca la contaminación y favorezca la necesaria recuperación de los ecosistemas. Ello implica abandonar nuestro excesivo consumismo, impuesto por el sistema (“producir-consumir-descartar-producir”). Entre otras cosas, la codicia desenfrenada del consumo, lo cual provoca la desintegración de la biodiversidad, el incremento de los desastres climáticos y el impacto desigual de la pandemia en curso sobre los más pobres y frágiles. “Los bosques se desvanecen, el suelo se erosiona, los campos desaparecen, los desiertos avanzan, los mares se vuelven ácidos y las tormentas se intensifican: ¡la creación gime!”, señala Francisco. ¡Y cuánta razón tiene!

Con todo ello estaremos brindando a la Tierra el descanso que se merece y ofreceremos medios de subsistencia suficientes para todos. Ello significa, en el fondo, dar pasos significativos a lo otro que ya el papa Francisco planteaba abiertamente en la encíclica Laudato Sí: caminar hacia un cambio de sistema, del modelo socioeconómico que nos domina y que “mata”, como siempre lo ha recalcado Francisco. Este modelo en el que el paradigma tecnológico parece tener siempre la última palabra para, en última instancia, colocar el lucro y la ganancia en el centro en lugar de la persona y la naturaleza de la que formamos parte.

Como no podía ser de otra forma, Francisco pensó de nuevo en los más débiles y en la Amazonía y otras cuencas geográficas en peligro. En aras de la coherencia habitual en él, el Papa apeló una vez más al contexto de la pandemia en la que estamos y renovó el llamamiento para cancelar la deuda de los países más frágiles, exigió proteger a las comunidades indígenas frente a las multinacionales e invitó a hacer todo lo posible para limitar el crecimiento de la temperatura media global por debajo del umbral de 1,5 grados centígrados.

Como país amazónico y con mayoría católica, acogemos gozosamente este llamado papal y celebramos este mes de cuidado especial por nuestra PachamamaEs obvio que la mejor manera de hacerlo es doble: cambiando nuestro estilo de vida y arrimando el hombro para ese cambio necesario de sistema y de modelo socio-económico. En ello, nuestro gobierno, también tiene una palabra que decir.

Artículo escrito para el boletín de análisis “Conectando” del Observatorio Socio Eclesial.



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