Por Víctor Hugo Miranda, SJ

Pareciera que una característica propia de estos tiempos es la polarización de posiciones. No es nuevo que en una sociedad pensemos de modos distintos. No es novedad para nadie que en el seno de cualquier espacio o institución haya posturas contrapuestas.

Sin embargo, tengo la impresión de que cualquier pensamiento termina siendo irreconciliable con cualquier otro que no sostenga lo mismo. Hemos dejado atrás la tradicional pero pacífica tensión entre derecha e izquierda. De pronto en el Perú de hoy o eres fujimorista o eres caviar; o defiendes el Estado laico o citas cualquier texto bíblico en lugar de la constitución.

Hemos llegado a un nivel en el que nos mostramos poco capaces de dialogar. Una muestra de ello son las redes sociales, y quizás de manera más llamativa el Twitter, donde 280 caracteres permitirían intercambiar opiniones y establecer puentes de diálogo, pero que durante casi todo el tiempo se libran verdaderas batallas campales digitales.

Es como si solo fuera posible dialogar entre los que pensamos del mismo modo. En cuanto alguien piensa distinto recibe ataques, cuestionamientos a la propia persona en lugar de a su posición. No hay argumentos, sino insultos. Hay quienes sostienen que frente a aquellos que defienden lo indefendible uno no debe tener consideración alguna. Sin embargo, a dónde vamos a llegar en una sociedad, en un país, en una iglesia, en un mundo en el que no podemos sentarnos a la misma mesa quienes pensamos de modo diferente.

Quizás podamos ensayar desde casa, el colegio, nuestros espacios de amigos, a escuchar con atención a la otra persona para poder argumentar con ideas, con bases sólidas. Tenemos que dar un paso hacia adelante como país. No nos podemos conformar con que el crecimiento económico sostenido de los últimos años, que sigue siendo engañoso y que no beneficia a todos por igual, sea nuestro único indicador de desarrollo. Es nuestra capacidad de concertación, de aceptación y tolerancia lo que nos hará mejores ciudadanos; de no ser así, nuestra sociedad no tiene futuro.

– Publicado el 21 de enero de 2019 en la columna “Religión y vida” de la versión impresa del diario La República.



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