Asumió en noviembre pasado el cargo de Secretario General del Consejo Episcopal Latinoamericano – Celam, el organismo que reúne a las 22 conferencias episcopales existentes en América Latina y el Caribe. Él es quien debe gestionar y coordinar todo lo referido a la próxima Asamblea Eclesial citada para noviembre de 2021.

Jorge Eduardo Lozano, nació en Buenos Aires, y tiene 65 años de edad. Estudió electrónica y luego Teología en la Pontificia Universidad Católica de Argentina. Juan Pablo II lo nombró obispo auxiliar de Buenos Aires el año 2000, cuando el arzobispo era el cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, el actual papa Francisco. Benedicto XVI lo envió de obispo de Gualeguaychú, en 2005. Francisco, en 2016, lo nombró arzobispo coadjutor para la arquidiócesis de San Juan de Cuyo, y tomó posesión de ella en junio de 2017.

Antes de ser secretario general del Celam, fue responsable de la Sección Laicos Constructores de la Sociedad en el período 2003-2007, y de la Sección Pastoral Social del 2007 al 2011. Durante la Conferencia de Aparecida, en Brasil, fue responsable de la Oficina de Prensa de esa asamblea.

Es afable, muy gentil y claro en sus explicaciones. Desde San Juan de Cuyo, respondió a esta entrevista vía teleconferencia.

— ¿Cuál es la principal novedad de la asamblea eclesial convocada para noviembre próximo en América Latina y Caribe?

— Esta asamblea es novedosa en varios niveles. Por un lado, estamos acostumbrados y tenemos experiencia, de asambleas arquidiocesanas o diocesanas. Aquí en la Argentina, y en otros países, muchas diócesis estamos en un proceso de asamblea eclesial de estas características. Hay instituciones, como Caritas, y movimientos como los de Acción Católica, que también tienen experiencia de asamblea.

“Pero a nivel de Iglesia continental esto es original. Para encontrar algún antecedente, tendríamos que ver algunos concilios regionales, pero a nivel de la iglesia latinoamericana, esta es realmente algo original.

“También es un desafío porque en los espacios de una diócesis nos conocemos más. Sabemos quiénes son los que participan y podemos establecer mecanismos de participación que pueden llegar a cada rincón de la diócesis. Sin embargo, a nivel continental, más que complejo es un desafío, sobre todo en tiempos de pandemia donde no podemos realizar reuniones presenciales en la mayoría de nuestros países”.

— ¿Cual sería la principal diferencia entre las conferencias generales del Episcopado Latinoamericano que conocimos y esta nueva asamblea eclesial?

— Las conferencias generales tenían solo una representación episcopal. Eran los obispos de las conferencia episcopales de los países que enviaban delegados. Cierto que participaban a modo de invitados,algunos peritos en Biblia, catequesis, filosofía, etc. Algunos sacerdotes, religiosas, religiosos, laicos varones o mujeres, y hasta jóvenes. Pero participaban como invitados y no tenían derecho a voto. En cambio, en esta nueva Asamblea Eclesial, la participación no será solo de los obispos, sino también de los otros ministerios, carismas, servicios, y vocaciones que hay dentro de la vida de la Iglesia.

— ¿Cómo van a ser elegidas estas personas: sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos que participarán con derecho a voto?

— Todavía no lo hemos establecido. Actualmente estamos trabajando en la cantidad de personas que participará de cada país y estableciendo también los mecanismos para la elección de las delegaciones, que serán no solo de cada conferencia episcopal sino que también habrá representantes de organismos continentales de la iglesia, como por ejemplo, la CLAR (Conferencia Latinoamericana de Religiosos y Religiosas), Caritas Latinoamericana, la organización de seminarios para América Latina, y la nueva Conferencia Eclesial de la Amazonía, entre otras. Así que la representatividad será muy variada y no solo centrada en cada conferencia episcopal.

— De lo que indica, se deduce que también habría representación de movimientos apostólicos, laicos, organizaciones culturales y de derechos humanos de la iglesia…

— Bueno, va a haber representación a nivel continental. Y también a nivel de cada país. En el caso de los laicos, dependerá un poco de cómo vayamos pensando la participación. Podrán ser elegidos de entre movimientos apostólicos o de algunas comisiones o servicios, por ejemplo, de las comisiones episcopales de Familia o de la de Pastoral de Jóvenes, de las comisiones de santuarios, en fin. Estamos trabajando en estos criterios para poder elegir.

— ¿Podría decirse que lo importante y deseable, entonces, es que sean delegadas y delegados elegidos por sus bases y no designados por los obispos?

— Lo que hemos conversado como criterio es que puedan ser elegidos por cada organismo pero eso lo tendremos que definir. En algunos casos, puede ser más sencillo, como por ejemplo, en todos los países suele haber una Comisión de la Vida Consagrada, entonces, si hubiera que elegir o designar de la Vida Consagrada, hay un organismo estable que podrá hacerlo.

— Estamos contra el tiempo porque la asamblea es en noviembre próximo. ¿Cuándo estima que estarán listos los procedimientos para que todo el mundo pueda conocerlos?

— Nuestro deseo es que sea cuanto antes. Yo calculo que todavía nos va a llevar un par de meses la preparación de estas normativas internas, que tienen que ver no sólo con la elección de quienes participarán como asambleístas, sino también el estilo o mecanismo de participación. Porque, en modo virtual, una cosa es pensar para 400 personas y otra es pensar en mil delegados y delegadas o un poco más todavía.

— ¿Va a ser todo virtual o también tendrá una parte presencial?

— De modo presencial, en México, la participación que se estima será cercana a las 50 personas, entre las cuales estaría la presidencia del CELAM, los presidentes de las conferencias episcopales de los 22 países, más algunos representantes continentales. Y dando mucho espacio a la participación, a través de las distintas sedes. Pensamos, por lo menos, que en cada país haya una sede virtual, probablemente, en algunos países, como México o Brasil, que tienen una cantidad más numerosa de personas, podrán tener más de una sede. Estamos, ahora, pensando en la organización de estas cuestiones.

— ¿Serían audiencias presenciales en cada uno de estos países, que se unirían virtualmente a las demás?

— No necesariamente. En algunos casos, en que pudiera darse, sería bueno que los delegados de un mismo país pudieran estar juntos presencialmente. Pero si las normas sanitarias no lo permiten, podrán conformar un grupo de trabajo en alguna plataforma, que los una para poder participar durante esos días.

— El papa Francisco, en su video-mensaje cuando se presentó oficialmente esta Asamblea Eclesial, en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, en México, señaló que no quería que esta reunión fuera “una cita de la élite”. ¿Cómo interpreta usted esta advertencia del Papa?

— Conozco bien al Papa porque fui su obispo auxiliar en Buenos Aires, y creo que lo que él manifiesta es que la Iglesia no somos solamente los agentes pastorales. No somos solamente quienes tenemos alguna vocación en el orden sagrado o quienes son catequistas o miembros de algún movimiento. La Iglesia la conformamos todas y todos los bautizados. Entonces, en este sentido, él lo que nos está orientando es a que podamos incorporar, también, a feligreses que no necesariamente estén formando parte de algún apostolado organizado. Por eso, estamos viendo cómo dar participación, por ejemplo, a los feligreses que acuden a los santuarios, o a quienes participan en la vida de la fe sin estar asociados de una manera orgánica a una parroquia o movimiento.

— Si resultare la convocatoria a todo el pueblo de Dios ¿podríamos calificar esta asamblea como un acto profético de la Iglesia Latinoamericana para enfrentar la realidad del continente en el mundo actual, de cara al siglo 21?

— Yo entiendo que sí. Es un gesto, realmente, muy fuerte. Así como las conferencias generales del Episcopado fueron un gesto muy fuerte en su momento y muy propias de América Latina, porque en otros continentes no hubo estas experiencias, salvo en el tiempo preparatorio en el Jubileo, en que Juan Pablo II convocó a los sínodos continentales. Pero este tipo de experiencia es original, y en este sentido, me parece que es profético, en cuanto es un signo claro de la eclesiología de comunión del Pueblo de Dios y la búsqueda de plasmar la sinodalidad en una experiencia continental concreta.

— ¿Usted encuentra que están todos los obispos latinoamericanos alineados en este tema? ¿O todavía hay dificultades para entender la eclesiología de la sinodalidad?

— En la Iglesia nunca ha habido uniformidad. Tampoco la hubo cuando Juan Pablo II convocó a los sínodos continentales, o cuando Pablo VI publicó Evangelii Nuntiandi, o cuando Benedicto XVI hizo llegar un gesto de reconciliación hacia algunos obispos cercanos a Lefebvre. Hay gestos o signos que, no necesariamente, cuentan con la uniformidad.

“Pero, dicho esto, debo reconocer que hay una amplia repercusión dentro de las conferencias episcopales. En las reuniones que me ha tocado participar en estos meses, he visto entusiasmo y adhesión, preguntas bien concretas, que uno entiende que esa pregunta es de quien quiere participar y quiere aclarar cuál es el camino. Y no de quien pregunta de una manera elíptica para liberarse del compromiso”.

— El lema dice que “todos somos discípulos misioneros en salida”. ¿Qué relación tiene esa frase con la realidad de la iglesia y del continente?

— Cada una de las partes de este lema quiere expresar una realidad:

«Cuando decimos todos somos, hacemos referencia a esta vocación que surge desde el bautismo. El ser discípulos misioneros, como decíamos hace un rato, no es algo de unos pocos o de una élite ilustrada, sino que es una vocación común a todo el pueblo de Dios que nos viene por el bautismo. Por eso el lema arranca así: todos somos.

«Discípulos misioneros, nos permite retomar la tradición de Aparecida. Porque, cuando se le pidió al Papa, hace casi dos años, realizar una Sexta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, como fue la 2007, el Papa bien dijo: todavía hay en Aparecida mucho que sacar de enseñanza, que todavía no esta siendo aplicado. Entonces, queremos retomar este binomio de discípulos misioneros.

«Y la frase, en salida, se debe a lo que Francisco permanentemente nos invita: ir, especialmente, a las periferias».

— Retomar «Aparecida» es entendible porque es la última conferencia realizada pero ¿dónde queda el legado de las anteriores conferencias que también han marcado la iglesia latinoamericana y quizás más que Aparecida?

— Sí. Y esto va a estar en los fundamentos de esta Asamblea Eclesial. Porque, justamente, lo que queremos mostrar es que es parte del camino de la Iglesia en el continente. Que no es una idea que surge espontáneamente del Papa, de alentarnos, o de un grupo de obispos, sino que tiene que ver con esta tradición sinodal. Ya desde los sínodos en Lima, convocados por Santo Toribio de Mogrovejo, los sínodos a nivel de regiones de América Latina y el Caribe. La creación del CELAM, en 1955, y las conferencias generales son parte de nuestra historia eclesial y de los sustentos teológicos y pastorales que venimos transitando.

— En términos de los contenidos ¿qué adelanto hay? ¿Qué se ha determinado ya?

— Los adelantos dependerán de la reflexión que se vaya realizando. Nosotros estamos preparando, Dios quiera que para un par de semanas más, un Documento de Trabajo, donde planteamos algo respecto de la identidad de los discípulos misioneros y los desafíos que tenemos en el continente, a partir de la pandemia e incluso previo a la pandemia.

“Este documento va a permitir un ejercicio comunitario de discernimiento, y va a estar disponible para todos quienes quieran participar, no sólo dentro de las estructuras orgánicas de la Iglesia, como parroquias, capillas, movimientos, sino que también algunas personas creyentes o no creyentes, para que también hagan llegar su opinión.

“Este Documento de Trabajo tendrá entre 8 y 10 páginas, aproximadamente y tal vez unas 30 preguntas. Y ahí, cada uno, podrá elegir si las responde todas o solo algunas.

“Responder el documento es parte de un período de escucha, que va a durar desde la mitad de marzo hasta fines de mayo, para que haya un tiempo suficiente para el diálogo y realizar los aportes. Y junto con este tiempo de escucha, habrá también un tiempo de foros a nivel continental, regional o con los alcances que cada uno quiera, sobre distintos temas. Por ejemplo, sobre la cuestión ambiental, o sobre la cuestión familiar o sobre los jóvenes o la catequesis. Y en estos foros, que tendrán la amplitud que cada equipo que organice les quiera dar, ahí también irán surgiendo algunos aportes que, en torno a los meses de junio a agosto, vamos a poder recoger, discernir y conformar el nuevo Documento de Trabajo para discutirlo en la asamblea de noviembre. De modo que también este año es un itinerario espiritual, que ya comenzó desde el mes de febrero”.

— ¿Todos y todas las personas que quieran tendrán acceso a la información?

— La información va a ser publicada en forma permanente en el sitio de internet: asambleaeclesial.lat, y la idea es que todos puedan acceder y participar. Nuestra idea y anhelo es que esta sea una experiencia eclesial que nos enriquezca a todos y que sea, efectivamente, un signo profético y un camino para tomar, Dios quiera, en cada diócesis, en cada país y en nuestro continente.

Por Aníbal Pastor, extraído de Kairos News



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