Por María Rosa Lorbés (para OSEVOZ)

David Martínez de Aguirre Guinea fue nombrado obispo titular del vicariato de Puerto Maldonado en 2014 por el Papa Francisco, cuando ya llevaba 14 años de misionero en la Amazonía en las misiones de Koribeni y Kiriqueti.  Monseñor David Martínez es probablemente uno de los obispos más jóvenes de Perú, pero en el contexto de la visita del Papa a Puerto Maldonado, la figura de este dominico vasco ocupa un lugar destacado en la escena eclesial y mediática. 

Uno de los problemas más fuertes que afecta a los habitantes del Vicariato es la minería ilegal con sus consecuencias conocidas: contaminación por mercurio, trata de personas, ajustes de cuentas, etc. ¿Cuál cree usted que es la raíz de la que brotan estos males?

El mayor problema de la Pampa, de la minería, yo digo que no está aquí, en Madre de Dios. Está en las grandes bolsas de pobreza y en las pocas expectativas de las familias andinas, de la zona de Arequipa, Puno, Cuzco, entre otros, que vienen desesperados a la selva intentando buscar una forma de vida y de sustento. Eso es lo que genera esa cantidad de jovencitos y jovencitas que vienen a la selva, a veces también con miedo e incertidumbre, pero ante la situación que tienen en sus lugares de orígen, poco tienen que perder y se arriesgan a meterse en unas condiciones laborales y sociales poco favorables. Lo que pasa es que en los lugares de los que vienen tenían una vida sencilla, humilde, en la chacra, con el sustento para vívir, pero quienes aspiran a tener algo más que mera supervivencia, se sienten atraídos por esta zona del oro.

 ¿Cómo percibe usted el ánimo de la población de Madre de Dios a medida que se va acercando la visita del Papa? ¿Qué expectativas hay?

Hay una cierta ilusión…digo “cierta” porque también se ha creado una incertidumbre sobre si el Papa viene a arrasar con la minería, si el Papa es un Papa “ecológico”. Yo creo que ha habido una mala interpretación y estamos dando mayor información sobre la visión del Papa. El Papa tiene una visión social, humana, ecológica, que es muy importante, pero no se puede reducir su visita a un solo aspecto. Es un pastor. Y estamos sensibilizando a la gente, en el sentido de comprender que el Papa viene a transmitirnos un mensaje de esperanza. Él viene a escuchar nuestro dolor, no a darnos más dolor encima. Viene a darnos también un mensaje de esperanza.

A medida de que se va acercando la fecha, veo que hay más entusiasmo, sobre todo para los que se han sentido más contentos e impactados, que son las comunidades nativas y vemos que ellos sí se están preparando, organizándose, con listas, preguntando cómo van a ser los viajes, están insistiéndonos. Hay un fervor que está creciendo.

 Una visita no es un milagro pero ¿qué cambios positivos, de qué tipo, espera usted para la prelatura a partir de este viaje?

Bueno, para el Vicariato esta visita del Santo Padre está siendo un termómetro también para ver cómo está nuestra Iglesia. Para ver qué capacidad de organización tenemos y a dónde estamos llegando y a quiénes y de qué manera estamos llegando. Esta visita nos está poniendo como un espejo para que nos veamos y nos descubramos.  Lo que esperamos de esta visita del Santo Padre es que el mensaje, que ya el Papa Francisco nos viene dando desde el comienzo de su pontificado -que no es otro mensaje que el del Evangelio- sea un estímulo para ponernos en marcha, salir a las calles, ir en busca de los excluidos, no decaer y responder al pesimismo con coraje. Ojalá que este mensaje, escuchado más cerca, nos haga despertar, nos haga ser más audaces y más atrevidos en nuestra predicación del evangelio.

 La celebración del sínodo panamazónico representa un hito en la historia de la Iglesia; va a ser, quizás, la primera vez en la que una asamblea eclesial de alto nivel ponga en el centro de su atención, lo que siempre se ha considerado periferia ¿Cómo lo ve usted?

Bueno, es una esperanza. Ha habido muchos mensajes de la Iglesia sobre la Amazonía. No va a ser el primer mensaje Amazónico sobre la situación de las poblaciones más vulnerables. Pero sí va a ser un hito en el sentido de que estamos respondiendo a este deseo del Papa de tener redes entre nosotros, de aunar, de compartir problemáticas, de ver perspectivas nuevas, de pensar juntos y dejar que el espíritu vaya soplando en este rincón y que lo haga con fuerza y que este soplo del Espíritu aquí llegue a toda la Iglesia.

Se dice que la Iglesia amazónica tiene hoy la tarea de despertar a la sociedad y al resto de la Iglesia sobre la herencia colonial que aún perdura. ¿Qué opina?

Sí, es cierto que en la Amazonía se siguen viviendo los colonialismos. Aún se sigue viendo como una tierra de nadie, una tierra a disposición de los organismos de poder, una tierra de usar y tirar. El Papa decía que la Iglesia no está en la Amazonia como quien tiene hechas las maletas para marcharse después de haberla explotado todo lo que ha podido.

Hay muchas voces de Iglesia desperdigadas, Es importante que esas voces vayan tomando una conciencia común y vayamos asumiendo esta voz profética de la Iglesia, desde los pueblos, desde las diferentes situaciones y que sean las propias organizaciones nativas las que lleven ese mensaje profético de la Iglesia.

 El Concilio Vaticano II habló de las semillas del Verbo presentes en todas las culturas. Los pueblos amazónicos son profundamente religiosos ¿cómo definiría usted la religiosidad indígena?

Yo solo puedo hablar desde la experiencia con los pueblos que he estado; esa religiosidad es ciertamente muy profunda, está presente en la vida. Es cierto que son otros esquemas, otras formas de verlo y de repente el occidental que llega, al no haber las manifestaciones religiosas que hay en otras latitudes puede llegar a pensar que el pueblo no es sensible a la religión, pero a medida que uno convive con ellos se va dando cuenta cómo la religión es uno de los motores de la sociedad. La religiosidad de los pueblos indígenas también está muy ligada a la naturaleza y a su medio social. De alguna manera, en la medida en que nosotros cuidamos su estructura social, cultural y cuidamos su medio ambiente, estamos cuidando su religiosidad y espiritualidad



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