Es la expresión que se nos viene a la boca al ver las reacciones adversas ante la proximidad del Sínodo Panamazónico que comenzará en Roma el día 6 de octubre y durará hasta el 27 del mismo mes.

Y esas reacciones han venido tanto de la sociedad civil como desde dentro de la misma Iglesia. Desde fuera las voces más altas y discordantes se han escuchado en Brasil, de la boca del presidente Jair Bolsonaro y en USA, nada menos que del presidente R. Trump. Y ambos, curiosamente, habían dicho hace tiempo que eso del cambio climático es pura alharaca, un “cuento”, pues el planeta tierra –más o menos- está como siempre.

Desmienten esa actitud por un lado los científicos –la mayoría y los más serios no han dejado de llamarnos la atención de que nos acercamos a un punto sin retorno, a causa del calentamiento global provocado por la expulsión a la atmósfera de gases invernadero-. Y por otro lado, la conciencia de los pueblos que cada vez clama más fuerte pidiendo un STOP. La última alarma la ha dado, a nivel mundial, la chica sueca de 16 años Greta Thunberg, movilizando a la juventud de 150 países y hablando en la ONU ante los líderes mundiales en la Cumbre del Clima (23 de Septiembre).

Nadie duda que no hablan Bolsonaro y Trump sino que hablan los grandes intereses económicos de importantes empresas transnacionales a quienes poco o nada importa el futuro del planeta, de las generaciones venideras y de la humanidad. Interesan, por desgracia, los intereses -a corto plazo- del capital extractivista. Y éste, cuando agota un recurso o no es rentable, emigra y queda el desierto.

A nivel de Iglesia, las voces alarmistas han venido de altos jerarcas de la iglesia –cardenales Brandmüller y Burke p.e.- y otros de menor escala como el obispo brasileiro Mons. Antônio Carlos Rossi Keller. Alguno ha llegado a acusar el Documento de Trabajo del Sínodo como de herético. Prima acá un afán desordenado porque la iglesia no escuche para nada la voz de la Amazonía, siga siendo totalmente jerárquica y clerical e inmovilista, No exageramos si decimos que es problema de fe: no se considera que el Espíritu Santo es el que guía a la Iglesia y que, por supuesto, no se posa sólo en los birretes cardenalicios, ni en las mitras de los obispos sino que –desde el bautismo- todos somos “consagrados como profetas, sacerdotes y reyes”.

Para descargar el documento, hacer click en el siguiente enlace: ¿Por qué tanto salto si el suelo está parejo?



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