El Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica (CAAAP) acaba de publicar, este miércoles 8 de enero, una entrevista a Patricia Gualinga, líder indígena de Ecuador. Gualinga participó en el reciente Sínodo para la Amazonía, realizado en octubre del 2019 en Roma. A continuación reproducimos la entrevista completa:


Por Beatriz García Blasco

La fuerza y convicción de sus palabras son señales de la experiencia reivindicativa que atesora como activista en favor de los derechos humanos y, particularmente, de los pueblos indígenas. Ella es Patricia Gualinga, lideresa del pueblo indígena Kichwa de Sarayaku (Ecuador). Ha representado a su pueblo en importantes procesos judiciales a nivel internacional, como el que en 2012 declaró culpable al gobierno ecuatoriano por violación de derechos diversos en relación a la concesión de lotes petroleros y la militarización de las tierras del Sarayaku sin autorización de la comunidad. Además, Gualinga ha participado recientemente en el último Sínodo de la Amazonía como auditora. Ahí denunció en el propio Vaticano las inversiones de la Iglesia Católica y solicitó personalmente al Papa Francisco y a las máximas autoridades eclesiales la reversión de las mismas. En esta entrevista la lideresa indígena ecuatoriana nos cuenta cómo asume la responsabilidad de estar dentro del equipo post-sinodal, muestra su esperanza ante los movimientos juveniles por el cuidado de la tierra y envía un claro mensaje de unión: “No es tiempo de ver los límites raciales, culturales o sociales. Ricos y pobres, todos compartimos un mismo planeta y es hora de luchar juntos”.

Semanas después de culminar el Sínodo de la Amazonía se anunció la conformación equipo post-sinodal que dará seguimiento al proceso más allá de las reuniones de tres semanas en Roma. En ese equipo usted figura como uno de los tres representantes indígenas escogidos. ¿Cómo afronta el papel de continuar apoyando en los caminos y lineamientos que marca el Papa Francisco?

Es un honor grande que el Papa Francisco haya tomado la decisión de incluirnos dentro del equipo postsinodal, algo que acojo con gran responsabilidad a la par que sorpresa porque, personalmente, no esperaba que pusieran ahí mi nombre. Ha sido una sorpresa inmensa. Cuando escuché que había sido nominada no sabía exactamente lo que se esperaba del equipo postinodal y, especialmente, del grupo de los pueblos indígenas. Pero ahora me han venido diciendo que lo que se espera es que sigamos aportando para que el equipo postinodal se centre en el territorio y se vaya orientando hacia ese propósito. Por eso lo afronto tratando de ver cómo es la realidad de la Amazonía, de los pueblos originarios y todo desde nuestra experiencia como pueblos que luchamos en el cuidado de la naturaleza y protección de los ecosistemas amazónicos.

Analizando su participación en el Sínodo con cierta perspectiva, dos meses después, ¿qué es lo que se llevó de Roma?

Sé que fue un evento de mucha trascendencia pero, como soy activista más que religiosa, lo vi como un paso más de los muchos que hay que dar. No lo vi como la culminación de algo, sino como un trabajo que se ha empezado y que hay que seguir asumiéndolo para dar los próximos pasos siguientes como mucha fuerza. Eso sí, de la participación en Roma me llevé la experiencia de cómo se trabaja a nivel de la Iglesia Católica y la forma en que se reflexiona. Aprendí mucho, además de los aportes que pude dar. Pero siento que fue un paso más, no la culminación. Ahora nos espera un trabajo mucho más arduo, la implementación en territorio de lo que se habló en Roma y lo que se dice en los documentos.

En realidad su opinión es coincidente a la de muchos obispos e incluso del propio Papa Francisco, pues hablan de procesos.

Sí, siempre ha sido así. En mis experiencias, en los procesos que he tenido con juicios, demandas, sentencias, siempre han sido pasos hacia la protección de la Amazonía. Por eso lo tomo así y, obviamente, fue grato terminar bien, pero todavía no podemos festejar.

Gualinga, en su saludo al Papa Francisco ante la mirada del Cardenal Pedro Barreto. Foto: fuente del CAAAP

Al volver a casa, ¿qué le preguntaba la gente?

La gente de la Amazonía, como todos nosotros, está contenta de que la Iglesia sea una aliada más para la defensa del territorio y del ecosistema, que ya no se sienta como una lucha aislada. Pero la gente pregunta más sobre cómo es Roma, cómo es el Papa Francisco, cómo es la estructura, cómo se siente ahí… son interrogantes no tanto de la reunión sinodal, sino de cómo funciona la estructura de la Iglesia. Por ejemplo, preguntan bastante sobre cómo se tomaron las decisiones. Eso les estamos explicando y compartiendo, además del objetivo y las decisiones y sugerencias que se dieron en el Sínodo. Pero preguntan detalles particulares. Eso sí, la gente está consciente de que la Iglesia es una aliada para la defensa de la Amazonía.

¿En qué luchas está actualmente el pueblo Kichwa del Sarayaku? ¿Se entrelazan con las acciones post-sinodales también?

Bueno, nosotros como Sarayacu seguimos con temas de demandas desde hace mucho tiempo. Por ejemplo, ahora están con la demanda ante la Corte Constitucional del Ecuador sobre el incumplimiento de la sentencia del Caso Sarayaku y la propuesta de la selva viviente que se está difundiendo. Son los temas que ahora el Sínodo viene a reforzar, como una estrategia de apoyo a la lucha de los pueblos indígenas. Se continúa con una agenda que ya existía pero ahora con el apoyo de la institucionalidad de la Iglesia.

¿En qué situación están las esas reivindicaciones?

En el Caso de Sarayaku creo que se logró respeto y una inspiración hacia otros pueblos indígenas que han empezado a luchar y han tenido éxitos. Se han ganado otras sentencias a nivel más local, pero Sarayaku está exigiendo que se cumpla la totalidad de la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos porque hay puntos muy importantes, trascendentales, que no se han cumplido. Uno de ellos es la consulta previa e informada de los pueblos cuando se trata de megaproyectos extractivos que afectan a los territorios indígenas. Este es un punto que la Corte estableció muy claramente dentro del fallo de Costa Rica y en el Caso Sarayaku. El otro tema importante es la extracción de tonelada y media de explosivos que están aún enterrados en territorio de Sarayaku. El Estado ecuatoriano todavía no ha cumplido estos dos puntos que, para nosotros,s son vitales, aparte del de no concesionar bloques petroleros en territorios indígenas. Ya han pasado siete años desde la sentencia del 2012, por eso Sarayaku ahora ha interpuesto una demanda en la Corte Constitucional que tiene 45 días para pronunciarse, a la par que el Estado tiene ese tiempo para responder a esta demanda.

¿Las sentencias favorables han traído cambios?

Definitivamente el Caso Sarayaku logró que los pueblos indígenas se pongan en pie y sepan que pueden exigir derechos, cuestionar cuando hay concesiones sin consultas también. Para mí eso es muy importante porque es un precedente jurídico que apoya a otros pueblos indígenas del continente. Además, es un símbolo de resistencia. A nivel local se ha avanzado muchísimo y, a pesar de que los Gobiernos no quieren cumplir, se ve que los pueblos indígenas no se van a quedar quietos, que van a seguir exigiendo hasta lo último. No ha cambiado el tema de generar nuevas concesiones, ni los procedimientos… pero sí ha cambiado que los pueblos indígenas ya no quieren dejar que se violenten sus derechos y continúan con acciones, haciendo incidencia dentro del territorio y ganando juicios.

En el Sínodo, en su primera intervención donde les daban cuatro minutos para hablar, usted escogió un tema muy polémico: las inversiones de la propia Iglesia Católica. ¿Por qué lo hizo? ¿Qué reacciones espera ahora a ese pedido público que realizó en el Vaticano?

Escogí el tema de la desinversión de las instituciones de la Iglesia Católica, incluyendo al Banco Vaticano, porque creo que es una cosa vital. Si estamos hablando de la conservación del Amazonas y del cuidado de la Casa Común debemos ser coherentes con lo que hacemos y decimos. Hasta entonces ese punto no lo habían tocado los hermanos indígenas y yo lo hice porque creo que es vital ya que la Iglesia sí tiene inversiones, y debe dar el ejemplo. Esas inversiones, y tal vez ellos lo sepan, pueden estar afectando los territorios indígenas afectando derechos. A mí me parece que, si lo vemos desde el dogma y la fe de la Iglesia, sería un pecado sumamente grave. La Iglesia debe tener coherencia y esas reflexiones me permitieron hablar sobre el tema. Si el extractivismo está destruyendo la Creación y violentando los derechos de los pueblos, y la Iglesia tiene inversiones en ello, habrá que actuar de forma radical. En ese momento se quedaron callados pero luego vi con mucho gusto que esto se incluía dentro del documento del Sínodo. Además, antes de volverme entregué al Papa Francisco una carta firmada por mi persona y por Gregorio Díaz Mirabal, coordinador de la COICA, pidiendo formalmente la desinversión del Banco del Vaticano en combustibles fósiles. Creo que es algo trascendental, todos estamos preocupados.

Durante el Sínodo, indígenas, expertos y religiosos tuvieron conversaciones informales con el Papa Francisco para compartir preocupaciones y esperanzas. Foto: Vatican News

¿Será el mundo occidental capaz de frenar toda la vorágine consumista que tanto se cuestiona?

Tiene que ser capaz. No estamos en un punto de discutir si seremos capaces o no, estamos en el punto de decir tenemos que hacerlo ya, independientemente de toda la situación que estamos viviendo porque no tenemos otra alternativa. O ponemos orden en las cosas que están ocurriendo o no tenemos la posibilidad de seguir habitando en este planeta, de seguir subsistiendo. Sería una bomba de tiempo en nuestro hogar. La sociedad occidental debe tomar decisiones radicales, que puede ser que duelan y les cueste un poco su comodidad, pero no se puede esperar. Estamos en un punto crítico y ya no se puede pensar en “habrá que hacer”, sino en “lo hacemos”. La sociedad debe empezar a asumir las cosas ya.

Los jóvenes están tomando la palabra, liderando iniciativas en defensa de la tierra. No sólo hablamos de Greta, sino que aquí en Latinoamérica también hay otros líderes, incluida una de sus sobrinas. ¿Cómo lo valora?

Lo veo con muchísima esperanza. A diferencia de mí, que era muy tímida a su edad, ellos se han lanzado con fuerza para defender y para pronunciarse. Yo con 17 años era muy tímida y tardó tiempo en salir la Patricia que hoy soy. Sin embargo mi sobrina ahora se enfrenta a los medios, reflexiona, pregunta, se deja asesorar y apoyar en lo que tiene dudas… les veo con mucha fuerza, al igual que a otros jóvenes. Eso me da esperanzas de que tal vez nosotros dejemos un poco el camino, pero estos jóvenes tendrán que actuar con mucha más severidad y nosotros, los adultos, tenemos que estar apoyándoles. No debemos disminuir su proceso de defender los ecosistemas. Debemos estar orgullosos de que ellos estén dispuestos a luchar mucho más fuerte que todos nosotros.

Y, curiosamente, la mayoría de esos jóvenes líderes son mujeres…

Es que las mujeres tenemos mayor sensibilidad, estamos atentas a todo. De alguna manera, si nos han dado espacios estamos dispuestas a asumirlos con fuerza. Muy a pesar de que nos digan el sexo débil, tenemos mucha capacidad de afrontar las cosas a pesar de haber pasado por mucho dolor. He conocido mujeres que han sufrido muchísimo, pero que vuelven a resurgir con una fuerza impresionante. Esas son las mujeres que están tratando de generar los cambios, y curiosamente estas jovencitas también son mayoritariamente mujeres aunque también hay algunos jóvenes valientes. Creo que ahora muchas más mujeres van a empezar a cuestionar, a dar la vuelta a las cosas. Lo que siempre digo: descubramos la fuerza femenina, pues muchas veces la tenemos perdida o confundida en un mundo donde el patriarcado nos disminuyó.

¿Qué significa para usted la idea de ‘Amazonizar el mundo’?

Para mí es transmitir el amor que se tiene hacia la naturaleza y el cuidado de los ecosistemas. Es transmitir que la gente que antes consideraban un mito, que no existía, ahora está dando lecciones de cómo cuidar y conservar la Amazonía. Y ese desconocimiento que tenía la sociedad occidental está siendo compartido desde el mundo amazónico sobre la relación y el cuidado de la naturaleza. Es algo así como que los olvidados empiecen a enseñar a los que creían que lo sabían todo. Tendrán que volver a reaprender mientras la Amazonía les enseña.

En esa idea entra el diálogo, el aprendizaje mutuo y, dentro de él, establecer lazos. Y ahí se plantea también cómo relacionar las cosmovisiones amazónicas y la religiosidad católica. ¿Cómo realiza esa relación desde su propia cosmovisión?

Creo que nadie somos dueños de Dios. Dios ha tenido sus distintas formas de expresión dentro del planeta y, lo que hemos hecho, es tratar de adueñarnos para un solo grupo. Y eso no está bien. Por eso todos tenemos que abrir la mente para no ser dueños de la absoluta verdad y, la que más debe abrirla, es la estructura de la Iglesia Católica. Creo que el Papa Francisco sí tiene la mente demasiado abierta, pero hay quienes no. En ese contexto pienso que, viendo que hay distintas cosmovisiones, siempre habrá en cada una de ellas la huella de Dios, la huella de la Creación, la huella de lo infinito. Muy a pesar de las diferencias, cuando he empezado a ver en otros países y continentes, encontramos similitudes muy fuertes. Sí, con distintos nombres, distintas expresiones… pero, para mí, todo está relacionado y conectado. Todo tiene un solo Dios. Sé que muchos me podrán cuestionar, pero creo que en eso debemos tener la mente muy abierta, así como en las expresiones diversas. Creo que la Biblia es un libro que lo tiene bastante claro, sólo que no se le interpreta de esta manera. Es hora de abrir la mente y tratar de entender los porqués de las cosas. Llegará el momento en que vamos a reconocer en los otros el poder de Dios y la fuerza de la Creación. Para mí, todo el que hace el bien, que lucha por los derechos humanos, que respeta la Creación… así sea en una cosmovisión distinta, ellos son los que están identificados con Dios.

¿Un mensaje final para las sociedades occidentales o de nuestras propias ciudades latinoamericanas?

Que muchas veces pensamos que estamos lejos y en realidades completamente diferentes y, en parte, parece cierto. Sin embargo estamos completamente conectados. Ya se está publicando que el humo de Australia está llegando a Chile y Argentina. Por eso cualquier cosa que se destruye va a afectar directamente a todos. Es tiempo de luchar desde nuestros distintos lados. No es tiempo de ver los límites raciales, culturales o sociales. Ricos y pobres, todos compartimos un mismo planeta y es hora de luchar juntos por esta casa que es la Creación. Quitemos nuestras vendas y nuestros prejuicios para luchar desde diferentes lados. Si la Unión Europea está comprando cosas que violentan el territorio brasileño denuncien y cambien. Hay muchísimas formas de luchar y el mundo necesita la unidad frente la injusticia. No es tiempo de impasividad, sino de actuación urgente.



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