El Papa Francisco visitó Temuco, saludó al pueblo mapuche así como también a los demás pueblos originarios que viven en las tierras australes de Chile y celebró la eucaristía en el aeródromo de Maquehue, en el cual tuvieron lugar graves violaciones de derechos humanos, ofreciendo la celebración “por todos los que sufrieron y murieron, y por los que cada día llevan sobre sus espaldas el peso de tantas injusticias”

Ante la situación de conflicto que se vive entre los pueblos originarios y el Estado chileno, la referencia de Francisco a “Esta tierra, si la miramos con ojos de turistas, nos dejará extasiados, pero luego seguiremos nuestro rumbo sin más; pero si nos acercamos a su suelo, lo escucharemos cantar: Arauco tiene una pena que no la puedo callar, son injusticias de siglo que todos ven aplicar”, nos señaló la deuda histórica que existe con los poblaciones originarias injustamente vistas y tratadas, además del trabajo que hay hacia adelante para hacernos todos “gente de la tierra” (significado de la palabra ‘mapuche’) llamados y llamadas al “buen vivir”, como lo recuerda la sabiduría ancestral del pueblo mapuche y el resto de pueblos originarios.

Francisco se refirió a dos formas de violencia igualmente destructivas: por un lado, la violencia física y por otro lado, la violencia de “bellos acuerdos que nunca se llegan a concretar” postergando no solo la agenda de sectores de la sociedad, sino postergando la vida de las personas. Tomando como única arma la unidad, Francisco hizo un llamado al diálogo de todos los actores que participan del conflicto señalando que no se puede insistir en el camino de ninguna de las dos formas de violencia porque ésta deslegitima aun la causa más justa: “no se puede pedir reconocimiento aniquilando al otro, porque esto lo único que despierta es mayor violencia y división”. No se trata de un reconocimiento unilateral, el reconocimiento debe ser mutuo. Hay que decir NO a cualquier tipo de violencia.  

Abogó por una situación de reconocimiento para la reconciliación y una sincera convivencia si es que se quiere unidad: “la unidad es una diversidad reconciliada porque no tolera que en su nombre se legitimen las injusticias personales o comunitarias”. Una importante invitación a tener cuidado con la práctica de la unidad porque ella no es sinónimo de uniformizar. En ese sentido, el llamado es a ejercer un camino de “no violencia activa” como una forma de hacer política para construir la paz.

En su referencia al “bello chamal” explicó que éste “reclama auténticos artesanos que sepan armonizar las diferencias en los talleres de los poblados, de los caminos, de las plazas y paisajes”. Sin ninguna duda, una referencia importante a los y las líderes indígenas y a los y las gobernantes del país para evitar las tentaciones que frustran las esperanzas y perpetúan las injusticias en las espaldas de la gente.

Papa Francisco pidió “ser artesanos de la unidad” en Temuco.doc



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