“No demos vuelta la cara ante los débiles, sino actuemos para aliviarles el sufrimiento, comprometiéndonos social y políticamente”. En la misa de la V Jornada Mundial de los Pobres, celebrada en la Basílica de San Pedro el pasado 14 de noviembre, el Papa pidió a los cristianos que sean convertidores del bien.

En su homilía, Francisco pidió a todos los cristianos que no se aparten de los más débiles y habló de los dos aspectos de la historia: el dolor de hoy y la esperanza de mañana, las dolorosas contradicciones de la realidad humana, por un lado, y el futuro de la salvación en el encuentro con el Señor, por otro.

“La Jornada Mundial de los Pobres, que estamos celebrando, nos pide que no miremos hacia otro lado, que no tengamos miedo de mirar de cerca el sufrimiento de los más débiles”. Y que es el Evangelio el que nos ayuda a comprender la existencia de estas personas, cuyas vidas están oscurecidas por la soledad, cuyas expectativas se han apagado y cuyos sueños han caído en la resignación:

“Todo ello debido a la pobreza a la que a menudo se ven abocados, víctimas de la injusticia y la desigualdad de una sociedad del descarte, que corre velozmente sin verlos y los abandona sin escrúpulos a su suerte”, dijo.

Es necesario organizar la esperanza

No hay que limitarse a la esperanza, sino que hay que organizar la esperanza: así lo indicó el “Obispo cercano a los pobres” Don Tonino Bello, a quien Francisco cita como ejemplo para instar a “opciones y gestos concretos de atención, justicia, solidaridad, cuidado de la casa común”, sin los cuales “no se pueden aliviar los sufrimientos de los pobres, no se puede convertir la economía del descarte que los obliga a vivir en la marginalidad, no pueden florecer sus expectativas”.

“A nosotros, especialmente a los cristianos, nos corresponde organizar la esperanza: esa hermosa expresión de Tonino Bello, organizar la esperanza, traducirla en la vida concreta de cada día, en las relaciones humanas, en el compromiso social y político. Me hace pensar en la labor que hacen muchos cristianos con las llamadas obras de caridad, la labor de la Limosnería Apostólica: pero ¿qué se hace ahí? La esperanza está organizada. No das una moneda, no: organizas la esperanza. Esta es una dinámica que la Iglesia nos pide hoy”.

Que los cristianos sean convertidores del bien

Es gracias a la ternura, a la compasión que lleva a la ternura, que puede brotar la esperanza y aliviarse el dolor de los pobres, superando las cerrazones, las rigideces interiores que, hoy, son la tentación, indica el Papa, “de los restauracionistas que quieren una Iglesia toda ordenada, toda rígida: esto no es del Espíritu Santo”.

Y debemos superar esto, y hacer que la esperanza brote en esta rigidez. Y también depende de nosotros superar la tentación de preocuparnos sólo de nuestros problemas, de conmovernos con las tragedias del mundo, de compadecernos del dolor”. Por ello, los cristianos están llamados a ser como las hojas, “a absorber la contaminación que nos rodea y transformarla en bien”.

Fuente: Vatican News



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