El portal Religión y Vida publicó, el pasado 17 de julio, una entrevista hecha a monseñor Silvio José Báez, obispo auxiliar de Managua que se encuentra exiliado desde abril como medida de protección, tras recibir amenazas de muerte por denunciar las injusticias y represiones en Nicaragua por parte del gobierno del presidente Daniel Ortega. 

Durante la conversación, monseñor Báez indicó que se encuentra bien y “lleno de esperanza”. Sin embargo, menciona que la situación de Nicaragua es compleja porque “es un país secuestrado por una familia y sus allegados, quienes movidos por la ambición de poder y el deseo de enriquecerse, han ido destruyendo la institucionalidad democrática, el sistema judicial y la economía del país que se encuentra a punto de colapsar”, señaló.

Y es que, según menciona el obispo, en Nicaragua se ha construido un sistema dictatorial con “tintes dinásticos, caracterizado por la mentira y el cinismo, la corrupción, la injusticia, la represión criminal y el irrespeto a los derechos humanos”. Pero monseñor Báez mantiene la esperanza de que, en un futuro cercano, el gobierno actual tendrá que rendir cuentas ante la justicia.

De otro lado, también habló sobre el papel que viene desarrollando la Iglesia en este conflicto que ya lleva más de un año. Para él, la Iglesia en Nicaragua se caracteriza por estar al lado de la población. “Como Iglesia hemos alzado la voz para denunciar los atropellos a los derechos humanos; hemos consolado a la gente y hemos llorado sobre todo con los jóvenes y con las madres de las personas asesinadas; no hemos dudado incluso en abrir los templos para curar heridos y salvar vidas; hemos señalado al gobierno sus desmanes y crímenes y no hemos dejado de llamar constantemente a la justicia y a la paz”, afirmó.

Es debido a esto que, según indica Báez, el gobierno comenzó a atacar frontalmente a la Iglesia, ya sea persiguiéndolos, acosándolos y denigrando a los obispos y sacerdotes, quienes fueron tildados de “golpistas” y “terroristas”, llegando incluso a amenazarlos de muerte, como es el caso del obispo exiliado.

Por ello, una vez que caiga el gobierno, toda Nicaragua tendrá “que ayudar a construir una sociedad nueva, en la que se respete la dignidad y los derechos de toda persona, en donde la pluralidad ideológica no sea necesariamente causa de conflicto, en la que sepamos renunciar a intereses particulares para compartir nuestros bienes e intereses en paz y justicia y así lograr el desarrollo social y económico del país”, expresó.

Fuente: Religión Digital



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