Una de las críticas más fuertes que algunos sectores de la Iglesia católica le hacen al papa Francisco es que, por estar abocado a la pastoral y a la construcción de puentes con los aspectos sociales del mundo, se olvida de las cuestiones doctrinales. Algunos cardenales y obispos, entre ellos el cardenal Gerhard Müller, ex prefecto de Doctrina de la Fe, con gran osadía, se atrevieron a decir que esto se debe a una débil formación doctrinal y teológica del papa Francisco, que es consecuencia de su origen latinoamericano, región donde -según ellos piensan prejuiciosamente- el pensamiento teológico no se ha desarrollado significativamente. Recientemente, el historiador Massimo Borghesi ha cuestionado ampliamente esta afirmación al publicar una biografía intelectual de Jorge Mario Bergoglio y dar cuenta de los pensadores de los que ha bebido. Para nada el papa es un ingenuo intelectual y, menos aún, un novato en teología.

En esta perspectiva, el arzobispo Luis Ladaria, jesuita y actual Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha querido contribuir a fundamentar doctrinalmente el proyecto pastoral del papa Francisco. Recientemente, ha publicado, con la aprobación del Papa, la carta Placuit Deo (Dispuso Dios, en castellano), en la cual reflexiona sobre algunas cuestiones en torno a la salvación cristiana que, según dice el documento, “hoy pueden ser difíciles de comprender debido a las recientes transformaciones culturales”.

Dos viejas herejías: pelagianismo y gnosticismo

El documento recoge una preocupación honda del papa Francisco, expresada ya en la exhortación “La alegría del evangelio” Evangelii Gaudium: el impacto de una cultura híper individualista y hedonista en las formas de vivir la experiencia cristiana, se traduce en dos tendencias que constituyen desviaciones y que se asemejan a dos herejías de los primeros siglos de la Iglesia: el pelagianismo y el gnosticismo.

En primer lugar la creencia en que la salvación de la persona depende únicamente de sus fuerzas ha dado forma a un neo-pelagianismo. Desde esta mirada, la salvación depende solo de uno mismo y de los méritos que se van acumulando a través de absolutizar “estructuras puramente humanas”, como el bienestar material, la ciencia o la técnica, el poder, la buena reputación, etc. Tal forma de llevar la fe olvida que la vida del creyente está conectada a la de Dios y a la de los demás.

En segundo lugar, aparece un neo-gnosticismo que presenta “una salvación meramente interior, encerrada en el subjetivismo”. Desde esta entrada, se aspira a que la experiencia religiosa “libere” la interioridad de la persona de las limitaciones del cuerpo y del mundo material, por considerarlas fuente de corrupción de la dimensión espiritual. Una comprensión neo-gnóstica de la fe genera un sentimiento intenso de estar unidos a Dios, pero que no llega a responsabilizarse de las relaciones con los demás y con el mundo creado.

Jesús, un modelo de prefecta humanidad

 Para alertarnos de la tentación de simplificar la experiencia de fe, como lo hacen el neo-pelagianismo y el neo-gnosticismo, el documento recuerda cuál es la manera en la que Jesús es Salvador. Monseñor Ladaria, afirma que Cristo “no se ha limitado a mostrarnos el camino para encontrar a Dios”. Su opción ha ido mucho más allá por su entrega total a la humanidad: “se ha convertido Él mismo en el camino”. Por tanto, para los cristianos, “la salvación consiste en nuestra unión con Cristo”. En su vida, muerte y resurrección encontramos un modelo de perfecta humanidad y la convicción de que la existencia tiene sentido si acogemos su mensaje y lo asumimos radicalmente como nuestro estilo de vivir.

Relaciones de interdependencia con Dios, con los demás y el mundo

¿Cómo Placuit Deo fortalece el proyecto pastoral del papa Francisco de edificar un Iglesia en salida hacia las periferias existenciales? Por un lado, porque evidencia que las convicciones de Francisco tienen arraigo en el Magisterio de la Iglesia y cuentan con una sólida base teológica. El documento afirma que estamos constituidos por relaciones que surgen del encuentro con el Hijo de Dios y que nos comprometen. La promesa de la salvación en Cristo implica reconocer que no existimos como individuos aislados, sino que somos parte de un todo y que tejemos relaciones de interdependencia con Dios, los demás y el mundo.

Dios puede conducir a la salvación en Cristo a todos los hombres de buena voluntad

La salvación realizada por Jesús la recibimos en la Iglesia que, más que una institución, es una “comunidad de aquellos que, habiendo sido incorporados al nuevo orden de relaciones inaugurado por Cristo”. Es decir, los creyentes reconocen la centralidad de las relaciones con Dios, los demás y el mundo en el misterio de la salvación, y que están llamados a hacerse responsables de ellas. En cada vínculo que construye, el cristiano toca la carne de Jesús, en especial en los hermanos más pobres y vulnerables. Esta manera de entender la fe “nos empuja a la misión para anunciar a todos los hombres el gozo y la luz del Evangelio”.  Pero el documento insiste no en encerrarnos dentro de las estructuras de la Iglesia, sino abrirnos a un “diálogo sincero y constructivo” con una apertura que abarca a los creyentes en otras religiones y a los no creyentes, “en la confianza de que Dios puede conducir a la salvación en Cristo a todos los hombres de buena voluntad”. Todos estos puntos constituyen parte del pensamiento del papa Francisco y del rostro de Iglesia que quiere mostrar.

Juan Miguel Espinoza

Teólogo PUCP

 

Para descargar el documento, hacer click en el siguiente enlace:

Nuevo documento de la Comisión de la Doctrina de la Fe

 



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