Durante una entrevista, uno de los representantes de Brasil en el Consejo Presinodal del Sínodo para la Amazonía, Monseñor Neri Tondello, recordó que en una reunión del Consejo la mujer fue reconocida por el aporte que brinda a la Iglesia; sin embargo, señaló que “aún se tiene que pedir perdón a las mujeres”.

El Obispo de Juina también afirmó que ve la presencia de la Eucaristía en las comunidades como “una deuda que la Iglesia tiene para con el pueblo”, siendo necesario tener creatividad, como pueden ser, según Don Neri, los viri probati. Es por ello que actualmente se está llamando a todas las diócesis para tener un “proyecto firme y en conjunto”, ayudando a crear un “espíritu de resistencia a partir de los pequeños”.

Por otro lado, también habló sobre el Sínodo Panamazónico que se realizará en octubre de este año. Sobre este tema, Neri Tondello reconoció que el Sínodo está provocando un cambio radical en su vida “porque cuanto más nos involucramos cuando más entramos en la realidad amazónica, más nos transformamos”.

El Sínodo “nos hace percibir las carencias, los límites y las maravillas que tenemos”, y al mismo tiempo ayuda a “que se intensifiquen caminos que vengan a responder a los gritos y clamores de la Amazonia en este momento, que son muchos”.

En ese sentido, instó a escuchar especialmente a los pueblos indígenas, pues “cada vez que me encuentro con ellos, es una lección de vida”, afirmó Monseñor Tondello.

Entrevista a Monseñor Neri Tondello

Usted forma parte del Consejo Presinodal del Sínodo para la Amazonia, ¿cómo está repercutiendo en su vida esa misión, formar parte de ese equipo?

En primer lugar, dentro de la caminata en la Amazonia, como diócesis de Juina, en Mato Grosso, la diócesis más amazónica de Mato Grosso, la REPAM (Red Eclesial Pan Amazónica) ha revolucionado el Regional Oeste 2, y me ha revolucionado también a mí, porque la REPAM quiso hacer el mapeo de la diócesis de Juina como proyecto piloto. Me ha encantado, porque me ayudó a identificar lo que es la diócesis, quien vive en esta diócesis, lo que estamos haciendo y lo que se tiene que hacer.

A partir de eso avanzamos y logramos, creo, muchas cosas buenas, decisiones importantes fueron tomadas, en relación a la propia realidad diocesana, y principalmente en lo que se refiere a los pueblos indígenas. Como miembro del Consejo Presinodal, se intensifica aún más ese camino sinodal que estamos haciendo. El cambio es radical en mi vida, porque cuanto más nos involucramos, cuanto más entramos en la realidad amazónica, más nos transformamos.

Este camino hacia la Amazonía es un camino importantísimo, por tantas situaciones, realidades, culturas, diferencias, y permite que el Sínodo nos haga, o nos ayude a hacer, una autocrítica como Pan Amazonía, como pastoral, como evangelización. Nos hace percibir las carencias, los límites y las maravillas que tenemos. El Sínodo para mí, él me traerá una síntesis, como nuevos caminos para la Pan Amazonía. Esto es lo que se espera, que se intensifiquen caminos que vengan a responder a los gritos y clamores de la Amazonía en este momento, que son muchos.

Monseñor Tondello

Usted habla de los pueblos indígenas de su diócesis, ¿por qué es importante escuchar a los pueblos indígenas, qué pueden enseñar a la sociedad y a la Iglesia?

El Papa Francisco ya pedía, en Puerto Maldonado, en el mes de enero de 2018, en Perú, que los escucháramos porque ellos tienen una herencia ancestral muy grande para enseñar. Yo veo que cada vez que me encuentro con ellos, es una lección de vida. Primero, por el respeto que tienen para con la naturaleza, la relación de amistad con la naturaleza. Yo percibo que para ellos todo es espiritualizado, para ellos todo es divinizado. En una casa, por ejemplo, si no existe el momento de la oración, del compartir, para ellos no tiene sentido. Una danza, sea para la lluvia, sea para acción de gracias, todo para ellos es divinizado.

Los rituales entonces, ni se habla, lo que ellos expresan de comunión con la divinidad, con la espiritualidad. Es una lección de compartir, de moral, de sabiduría, de silencio, ellos saben escuchar, meditar nuestra acción, saben quiénes somos, saben lo que queremos, ellos son muy, muy sabios en su historia. Desde la experiencia que tengo allí con ellos, la experiencia democrática entre ellos es increíble, una decisión no puede jamás ser tomada por una persona, tiene que ser tomada por todos los caciques después de escuchar a todas las comunidades. Es otra lección de democracia que tienen.

El respeto entre ellos también, la cuestión de la propia moral familiar es muy bonita. Son muchas las enseñanzas que nos dan y producen, por ejemplo, siempre dentro de la naturaleza, no se involucran con venenos, con agro tóxicos. Es posible tener una vida sobria, pero una vida alegre, una vida extremadamente sana, es lo que importa, a partir del contacto y de la vivencia con la naturaleza.

¿Alguna vez le han dicho lo que esperan de la Iglesia?

Lo que me chocó el año pasado, con la presencia del cardenal Claudio Hummes en una aldea, en el Barranco Rojo, de la etnia rikbaktsa, es que ellos dijeron, parece que hasta la Iglesia nos abandonó. Eso fue un choque enorme. A partir de allí, estuvimos también más atentos para ver lo que ellos piden, cómo podemos acercarnos, cómo podemos estar juntos, cómo podemos involucrarnos con ellos, a partir de ellos. La metodología de Jesús es ésta, ir al encuentro con el método de inducción, no de deducción, escuchar lo que ellos apelan, lo que ellos necesitan, y estar presentes, mucho más con gratuidad que con esquemas listos.

Una de las actitudes fundamentales en que insiste el Papa Francisco en el Sínodo para la Amazonia es la escucha del pueblo. ¿Usted piensa que los obispos, los sacerdotes de la Amazonía, están dispuestos a hacer ese trabajo de escucha del pueblo, de ver lo que realmente ellos piden para el Sínodo?

En general, me doy cuenta de que sí, con certeza. Una situación u otra, particularmente, con menos energía, con menos aliento, con una edad más avanzada, uno percibe que tal vez no se tiene ese aliento necesario, pero de manera general, la Iglesia brasileña de la Amazonía está muy abierta a los llamamientos que los indios tienen desde sus necesidades, desde su realidad. Por ejemplo, el impacto del corte ilegal de madera, de las hidroeléctricas, de las minas ilegales, de la falta de agentes religiosos, ordenados o no, una presencia que hace mucha falta.

Yo percibo que en todo eso, la Iglesia está abierta y quiere fortalecer su presencia de evangelización. Por cierto, la REPAM tiene un proyecto que me parece muy claro, y ella viene firme e impulsando nuestra creatividad, nuestro trabajo de conjunto, mirando a la Pan Amazonia dentro del espíritu de la sinodalidad. Cuando hablo de esto, me refiero a estrategias de acción pastoral y de evangelización de manera más conjunta. Percibo que hay una buena voluntad enorme, pero todavía percibo que parece que cada uno se centra en su diócesis, en su prelatura. Este proyecto de la REPAM, está llamando a todas las diócesis, no sólo brasileñas, sino de todos los países que contemplan la Amazonía, a tener un proyecto firme, de conjunto, para resistir al gran monstruo, neoliberal, que quiere invadir y que quiere disfrutar, siempre desde la base de la ganancia.

Lo que podemos hacer es unirnos y tener un espíritu de resistencia a partir de los pequeños, a partir de lo que ellos tienen en sus iniciativas y creatividades como formas de vida, de supervivencia, ir a buscar, porque tenemos una presión enorme del agro negocio que se está imponiendo, y los indios se sienten acorralados, y un poco más amenazados en su extinción.

¿Usted participó en la reunión del Consejo Presinodal el Vaticano, cuál es la percepción sobre la acogida que el Sínodo de la Amazonía está teniendo en el ambiente Vaticano?

Me doy cuenta de que lo bueno de esta historia es que empezó aquí, el grito comenzó aquí, en Puerto Maldonado fue el puntapié inicial, llegó a Roma y su primer borrador fue con el lenguaje latinoamericano. Eso fue la mejor cosa, diría. Claro que en Roma, uno siente que el lenguaje es romano, la manera de ver las cosas es romana. Es como alguien que está en Roma y no vive aquí, se percibe esta disonancia, podríamos decir. Pero el ambiente de diálogo fue fantástico, mucha apertura, mucha libertad para la expresión.

Fueron dos días con la presencia del Papa Francisco, de mucha fraternidad, de mucha corresponsabilidad, de mucha sensibilidad en relación a la realidad amazónica. Aunque, como ya dije, quien vive en Roma tiene el lenguaje de Roma, y quien vive aquí tiene otra visión, tiene otra postura, otra forma de expresión. Pero lo importante es que el diálogo suceda, y está sucediendo.

En el Documento Preparatorio aparecen algunas cuestiones que pueden marcar el camino del Sínodo, como es la presencia de las mujeres en la Iglesia, la celebración de la Eucaristía en las comunidades, el tema de los ministerios. Hablando sobre las mujeres, ¿cómo piensa usted que el Sínodo de la Amazonía puede repercutir en referencia al papel de la mujer en la Iglesia?

En Roma, en aquellos días, la mujer fue muy reconocida, gracias a Dios. Yo sugerí ya en otros momentos, de reuniones del Sínodo, que tengamos la humildad de pedir perdón también a las mujeres. El Papa Francisco pide perdón para tantas otras cosas, situaciones delicadas, y todo, pero yo tengo esta convicción que la Iglesia tiene que pedir perdón a las mujeres.

Sólo para dar un ejemplo, si yo hablo de mi diócesis, de setecientos catequistas, seiscientas setenta, seiscientas ochenta, son mujeres. Entonces, creo que va a ser reconocido, un camino de diálogo va a suceder, pero la mujer necesita ser reconocida con más fuerza, y hablar abiertamente, que ella puede ser diaconisa a partir del diálogo, de la dicusión.

La presencia de la Eucaristía en las comunidades, yo digo que es una deuda que la Iglesia tiene para con el pueblo. Entonces hay que repensar el proyecto de evangelización, multiplicando evangelizadores autóctonos, de preferencia, con rostro propio, encarnados en la realidad, inculturados, misioneros o no. Misionero no es sólo el que viene de fuera, son los de dentro. Pero para dar respuesta a esa evidencia, y a esa necesidad, que es la Eucaristía, es hora de dar un paso grande en la multiplicación de los evangelizadores. Es decir, la Iglesia tiene que ser creativa en esta hora, es hora de dar ese salto.

Hablando sobre los ministerios y juntándolos con esa Iglesia con rostro amazónico, ¿cuáles serían esos posibles ministerios, cuál sería el rostro amazónico de la Iglesia?

Tenemos muchos animadores y animadoras de comunidades que son laicos. En Brasil, inclusive, tenemos el documento de la CNBB (Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil), sobre el laico y la laica como sujetos eclesiales, ese es un punto de partida. Pero después, cuántos animadores y animadoras de comunidades que tenemos, cuántos catequistas, ya he tocado el asunto, pero hay que avanzar, y que la Iglesia se dé cuenta de que existen muchos medios de evangelizar, que no es sólo el medio célibe, por ejemplo. Hay muchos hombres que tienen vocación para el celibato, pero otros muchos no, pero que pueden hacer muchas cosas.

Es necesario revisar, como otras Iglesias de Oriente, nuestra Iglesia necesita dar un salto en ese sentido, ¿por qué no pensar en los viri probati?, que ya es un asunto bastante abierto, en debate. Es necesario tener el coraje, las propuestas valientes del Papa Francisco van en esa dirección, pero esta vez siento que nuestra realidad de Amazonía, necesita mostrar la carencia, pero también propuestas.

Fuente: Religión Digital



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