El portal web Religión Digital publicó el pasado viernes 03 de mayo una entrevista realizada al obispo de Puerto Maldonado, Monseñor David Martínez de Aguirre. En ella, el prelado habla de varios puntos importantes con respecto al trabajo que se viene llevando a cabo en la Amazonía, con miras al próximo Sínodo Panamazónico que se realizará en octubre de este año, en Roma.

Para David Martínez, obispo dominico que lleva 17 años en el Vicariato, la Amazonía tiene una problemática principal: es una región que “se sigue considerando tierra de nadie, tierra a conquistar y colonizar, donde uno puede llegar, coger y nadie tiene por qué prohibírmelo”, afirma.

Por ello, Martínez, quien además integra el Consejo Presinodal del Sínodo para la Amazonía, ve este momento como una oportunidad histórica que puede sentar precedentes, un espacio que “nos va a dejar una puerta abierta para la audacia, para decir vamos a soñar; ver qué Iglesia queremos; tomar conciencia de que tenemos que despertar de este letargo y soñar sin miedo”.

A continuación, reproducimos parte de la entrevista a Monseñor David Martínez:

¿Qué significó para el Vicariato de Puerto Maldonado la visita del Papa Francisco?

Para mí, era una alegría tremenda el poder mostrarle al Papa la ilusión que uno tiene, los pueblos indígenas y la realidad con la que vivimos. Cuando uno tiene algo con lo que disfruta mucho y lo puede enseñar, es una ilusión grande. Eso hacerlo con el Papa, era tremendo.

Para el Vicariato ha sido un incentivo, porque el Vicariato en estos momentos está pasando por situaciones difíciles. Están los inicios del Vicariato, que fueron muy duros, muy complicados, con una situación similar a la de ahora, era la época del caucho, donde había un montón de gente que venía aquí a explotar, se aprovechaban de los pueblos indígenas para esa explotación, no eran tenidos en cuenta. Al final, era un esquema similar al de ahora, con algunos cambios, pero un esquema muy similar. Estamos con muchas menos fuerzas, con una realidad muy fuerte, y eso genera cierto desánimo en los misioneros.

La visita del Papa ha sido un ánimo, porque ha habido también situaciones fuertes, como la carretera interoceánica en Madre de Dios o la industrialización de la zona del Urubamba por el petróleo y el gas. Eso ha supuesto unos cambios sociales muy fuertes que han afectado de lleno a las comunidades y a la vida pastoral del Vicariato, se nos ha desarticulado. Ésta debilidad de misioneros y misioneras, ésta desarticulación del trabajo que nos había hecho entrar, aunque la gente seguía muy activa, muy ilusionada, pero colectivamente había una cierta tristeza de ver cómo se van apagando las cosas.

De repente, la visita del Papa Francisco ha sido un incentivo, una ilusión, sobre todo ver cómo han respondido los pueblos indígenas a todo esto, cómo ha respondido la población, porque han captado perfectamente la oportunidad de ser visibilizados en sus problemas, en sus luchas, de poder llegar a través del Papa al mundo entero.

El Papa Francisco, en su discurso a los pueblos indígenas en Puerto Maldonado, dijo que nunca los pueblos originarios estuvieron en una situación tan difícil como ahora. ¿Cuáles son las problemáticas que sufren los pueblos indígenas en la región del Vicariato de Puerto Maldonado?

Una es el paradigma que el Papa Francisco ha dicho con mucha fuerza, hay que romper el paradigma que concibe la Amazonía como una despensa de la que uno saca, de la que los Estados sacan para los momentos de crisis, sin importarse con los que viven ahí y lo que ocurre con el medio ambiente. Es una despensa de la que uno saca madera, caucho, oro, gas, petróleo, agua, saca lo que sea y saca lucro de ciertos discursos que se manejan. La Amazonía como un lugar donde uno puede lucrarse, y ese paradigma el Papa dice que hay que romperlo.

Quizás es lo más fuerte a lo que hay que vencer, se sigue considerando que es tierra de nadie, tierra a conquistar y colonizar, donde uno puede llegar, coger y nadie tiene por qué prohibírmelo. Por otro lado, nuestro mundo occidental es incapaz de comprender que hay otras formas de vida, diferentes a las de la ciudad, a las de su mundo. No se logra entender que estas sociedades indígenas son sociedades del bosque, sociedades que viven en el bosque y necesitan el bosque para vivir y que cuando nos cargamos el bosque, nos cargamos a las personas que ahí viven. Pensamos que estos pueblos indígenas van a poder vivir en la cultura del cemento, y no es así.

La Iglesia universal y especialmente la Iglesia de la Amazonía, está viviendo el proceso del Sínodo, que en verdad fue iniciado en Puerto Maldonado, donde el Papa dijo que ese día comenzaba el Sínodo para la Amazonía y donde hubo las primeras reuniones. Usted también forma parte del consejo presinodal, ¿cuál es la reacción, la expectativa que le despierta el Sínodo para la Amazonía?

En esto de los documentos no tengo mucha esperanza, ayudan mucho, anda que no nos ha ayudado la Laudato Sí y la Evangelii Gaudium, pero sí me gusta mucho cuando el Papa habla de procesos. Esto que está despertando, esto son procesos que son como prender una chispa que sabes que va a provocar un incendio, no sabes muy bien para donde va a ir, pero sabes que se va a prender. Yo creo que se ha prendido, el Sínodo con Laudato Sí, la Evangelii Gaudium, que el Papa lo dice, este es un texto programático en la Iglesia, me gustaría que fuese. Yo no desconecto la Laudato Sí de la Evangelii Gaudium, y el Sínodo me parece un todo.

Esto ha despertado un proceso en el interior de las iglesias, un proceso lento, porque puede haber un grupo que estamos más implicados, que estamos bien ilusionados. Hace poco estuve en un colegio y les decía, ¿han escuchado hablar del Sínodo de la Amazonía?, y me decían que no. Ahí nuestro reto va a ser el intentar hacer llegar a tanta gente lo que este proceso está despertando. Que sí está en algunos sitios en las bases, dependiendo de lugares y de parroquias, más o menos activas, sí está a nivel de presbíteros, de religiosas, religiosos, de agentes de pastoral más cualificados, sí está.

Va a despertar el proceso de decir tenemos que abrir nuevos caminos, lo que nos va a hacer es dejar una puerta abierta para la audacia, para decir vamos a soñar, vamos a ver qué Iglesia queremos, tomar conciencia de que tenemos que despertar de este pequeño letargo que tenemos y soñar, soñar sin miedo, ser audaces, y tenemos una oportunidad en que la Iglesia universal nos está diciendo queremos dejarnos tocar. Sueñen ustedes y vamos a ver si nos dejan contagiarnos a nosotros de su sueño. Para mí es el proceso que se va a abrir, dicen que de Roma viene lo que a Roma va. Creo que lo que seamos capaces de pensar y de mandar a Roma, volverá, y luego lo que nosotros nos dejemos tocar el corazón, volverá otra vez a Roma. Desde las bases es desde donde vamos a hacer los procesos, no creo tanto en los procesos de arriba, aunque es importante que haya un apoyo y un incentivo, pero creo que se hace más desde abajo, desde las bases se construye más hacia arriba.

Puede leer la entrevista completa de Monseñor David Martínez en el siguiente enlace: Entrevista a Monseñor Martínez de Religión Digital



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