En la homilía del 21 de febrero, I Domingo de Cuaresma, los dos nuevos obispos auxiliares de Lima, monseñor Cornejo y monseñor Salaverry, hicieron un llamado a vivir un tiempo de conversión y perdón para rehacer la vida de nuestro país y de nuestra Iglesia.

Monseñor Juan José Salaverry inició la homilía recordando que la Cuaresma es un tiempo fuerte de preparación para nuestra vida: “esta Cuaresma es muy especial porque, en lugar de tener solamente el sentido penitencial y cultural, también es un tiempo rico para fortalecernos en la fe, para beber de la fuente de la esperanza y que nosotros sepamos prodigar en la caridad, tres virtudes que el Papa Francisco ha señalado en su Carta sobre la Cuaresma“, precisó.

Comentando el Evangelio de Marcos (1, 12-15), Salaverry explicó que, en estos tiempos de sufrimiento y abandono, necesitamos dejarnos llevar por el mismo Espíritu que impulsó a Jesús a retirarse cuarenta días en el desierto: “ese Espíritu mueve nuestra fe y nos conduce, incluso a la dificultad, al diluvio y al desierto, para poder fortalecer nuestra vida y nuestra experiencia de Dios”, resaltó.

Por su parte, Monseñor Guillermo Cornejo indicó que, a través del Evangelio de hoy, Jesús nos invita a vivir un proceso de conversión y a saber vivir con la tentación: “qué cercano nos viene el tema de la tentación en estos momentos, porque Jesucristo siendo Dios, recibió la tentación – prosiguió el obispo – renunciar a la tentación se nos hace muy difícil, pero también debemos tener la fortaleza para saber levantarnos de la tentación y pedir perdón”.

Cornejo explicó que una forma de superar la tentación es aprendiendo a compartir, a ‘orar en el desierto’ como lo hizo Jesús: “es tiempo de conversión, es tiempo de cambiar, es tiempo de mejorar nuestra Iglesia, es tiempo de mejorar nuestra sociedad, es tiempo de mejorar nuestra patria, nuestro Perú”, señaló.

En otro momento, el obispo auxiliar dijo que la Pandemia nos ha interpelado profundamente, experimentando como Iglesia y como país una conversión total y permanente, una conversión personal, social y pastoral: “este es el momento de pedir perdón por nuestros errores y comenzar una nueva vida en el nombre del Señor”, agregó.

Fuente: Arzobispado de Lima 



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