Monseñor Carlos Castillo, arzobispo de Lima, presidió la Celebración Eucarística de ayer, domingo 30 de agosto, Día de Santa Rosa de Lima.

El prelado presentó las intenciones de las cuatro mil cartas que se enviaron en la última semana y, al término de la misa, arrojó las cartas al Pozo de los deseos: Les pido a todos los peruanos con el ejemplo y la fuerza de Rosa, con su espíritu, todos seamos partícipes del valor que llevamos adentro, ese tesoro escondido que hay en cada uno de nosotros, lo compartamos y empecemos a romper todas las cosas que nos impiden”, reflexionó.

Monseñor Castillo inició su homilía expresando que, en Rosa de Lima, el Señor sembró en nuestra historia nacional un árbol frondoso que fue creciendo como el grano de mostaza, para luego acogernos a todos en sus ramas y sentir su presencia en medio de nuestra vida, de nuestra sociedad y del mundo.

Y es que en una sociedad donde la riqueza fascinó y desarrolló un mundo global enormemente depredador, que olvidó la salud de las personas, hoy también Rosa de Lima vibra y brilla de esperanza para una humanidad que necesita ser solidaria como ella lo fue.

El arzobispo recalcó que Rosa se identificó con la cruz del Señor, a tal punto que los sacrificios que hacía venían de “un enamoramiento profundo de lo que significa el amor de Jesús, que siendo Hijo de Dios, comprendió sensiblemente el dolor humano y entregó su vida por nosotros”.

“A los 12 años, después de ser confirmada, Rosa decide: o Dios o el dinero, y elige a Dios por encima de la riqueza, por eso se dedicó a cultivar las virtudes que permiten hacer crecer al ser humano”, acotó Carlos Castillo.

En ese sentido, son muchos los gestos que enaltecen a Rosa, ya sea porque le pidió a su papá hacer de la sala de su casa un pequeño centro hospitalario para atender a los enfermos de la ciudad, atender a indios y negros, atender a mujeres de origen africano que no tenían dónde dar a luz, y muchos otros casos más.

Monseñor Castillo hizo un llamado a dejarnos inspirar por la vida de Rosa de Lima, para que renazca nuestro país, para que el Perú sea una partecita del cielo, de tal manera que ya el Reino de Dios lo vivamos acá: “eso es posible si nos dejamos llevar por el Espíritu del Señor, por Jesús que vibra, mora, alienta y arde en nosotros de amor”.

Fuente: Arzobispado de Lima



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