Tras las reuniones virtuales que sostuvo la presidencia del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) -el pasado 21 y 22 de septiembre– con los presidentes y secretarios generales de las conferencias episcopales de América Latina y el Caribe, se ha dado un paso decisivo en el proceso de renovación y reestructuración del organismo.

“El CELAM en su servicio a las conferencias episcopales y, a través de ellas, al pueblo de Dios que camina en nuestras tierras, busca responder a los apremiantes signos de los tiempos y contribuir a que la Iglesia establezca nuevos caminos en las realidades de América Latina y el Caribe”, dijo monseñor Cabrejos Vidarte al hacer un balance del camino recorrido desde la 37ª Asamblea General del CELAM en Tegucigalpa, en mayo de 2019, hasta la fecha.

La nueva estructura se estima que sea más ligera, flexible y eficiente, con cuatro centros pastorales al servicio de la Iglesia en el continente.

A continuación, reproducimos una entrevista hecha a monseñor Miguel Cabrejos, presidente del CELAM y que fue difundida en el portal Vida Nueva, el pasado 27 de septiembre.


¿A qué perspectivas responde la propuesta de renovación y reestructuración del CELAM?

El CELAM quiere ser una presencia renovada de una Iglesia que escucha los clamores de los pueblos y de la Tierra que, como dice el papa Francisco, son un mismo clamor.

Deseamos que las conferencias episcopales lo sientan como suyo y a su servicio, como una ayuda en su discernimiento y un respaldo, especialmente en este tiempo en el que vivimos. Por esta razón, el CELAM promueve y anima la comunión, la colegialidad y la sinodalidad misionera hacia el encuentro personal y comunitario con Jesucristo, reafirmando la opción preferencial por los pobres y vulnerables, que es intrínseca a nuestra fe cristológica como lo dijo Benedicto XVI en su discurso inaugural en Aparecida.

La opción por los pobres hace parte del ADN del Magisterio latinoamericano…

Con el papa Francisco queremos vivir una conversión misionera permanente, llevando la alegría del Evangelio en esta pandemia y en la post-pandemia, asumiendo con entusiasmo nuestra misión común de ser una Iglesia en salida, “pobre para los pobres”, misionera y pascual.

¿Cuáles son los principios que guiaron este proceso de renovación y reestructuración?

La prioridad es la evangelización, llevando la Palabra de Dios, que es transversal a toda la labor misionera de la Iglesia. Por eso la conversión integral es uno de los principios fundamentales, recogiendo lo ya planteado en Aparecida, en Evangelii gaudium, Laudato Si, en el Documento Final del Sínodo Panamazónico y en Querida Amazonía.

Por otra parte, la necesaria voz profética es también un principio clave, no solo para la denuncia de las situaciones clamorosas de pecado y de pecado estructural que ofenden a Dios en estos tiempos, sino en el anuncio que las cosas se pueden hacer de otra manera, desplegando la fraternidad, la solidaridad y el amor al prójimo. Nuestro pueblo latinoamericano y caribeño nos ha mostrado conmovedores ejemplos de acción solidaria frente a la pandemia, como lo han testimoniado las conferencias episcopales, ante las todavía débiles respuestas oficiales a este gran flagelo.

Los principios de colegialidad y sinodalidad son también fundamentales, pero debemos plasmarlos en la cotidianidad, caminando juntos, co-responsablemente, reafirmando la acción de toda la Iglesia, Pueblo de Dios, como ya lo planteaba la constitución Lumen Gentium, tan vigente en los tiempos actuales.

¿Una Iglesia renovada para responder a estos nuevos tiempos?

El principio de incidencia para la transformación de la realidad lo tenemos muy presente, pues es necesario un renovado diálogo entre la Iglesia y la sociedad, más aún en estos tiempos, y el CELAM en fidelidad al Evangelio y a la Doctrina Social de la Iglesia, debe estar a la altura de esta exigencia.

La conferencia de Aparecida nos convocó a identificar los nuevos areópagos donde debemos hacer escuchar la voz de la Iglesia y buscar la eficacia de la profecía para responder a las urgencias y a la promoción de la vida digna, promoviendo políticas públicas que se enfoquen en la dignidad humana y el cuidado de la ‘casa común’, en comunión con la Iglesia universal.

¿Cómo desmarcarse de la enfermedad de la autorreferencialidad que preocupa al papa Francisco y acentuar, en cambio, una Iglesia sinodal y en salida?

El papa Francisco nos convoca a ser una Iglesia en salida porque cuando la Iglesia no está en salida se enferma, padece las muchas enfermedades que ya tenemos, como dijo en el Ángelus del 20 de septiembre. Por eso nos invita a asumir el riesgo de ser una Iglesia accidentada, justamente por salir a anunciar el Evangelio.

En Laudato si’ el Papa es muy enfático en convocarnos a romper con la autorreferencialidad,  a no caer en el peligro de referirnos siempre a nosotros mismos, sino que veamos más allá, que ampliemos la mirada a las realidades que hoy conmocionan la vida humana y a nuestra ‘casa común’ y darnos cuenta que debemos ‘cambiar de rumbo’ y promover que la humanidad también cambie de rumbo. La pandemia nos ha hecho ver en toda su crudeza esta urgencia.

Por ello, en el proceso de renovación y reestructuración del CELAM hemos considerado de suma importancia la lectura de los signos de los tiempos, que no es solo una lectura de la realidad ‘a secas’, sino una lectura con los ojos del creyente, preguntando como el profeta: ¿“Señor qué quieres tú de mí”?

La lectura de los signos de los tiempos también debemos hacerla en actitud orante, en la humildad de reconocer que necesitamos de Dios, que necesitamos la iluminación del Espíritu Santo para salir eficazmente al encuentro de quien sufre y necesita ser reconocido y rehabilitado, como lo dice el papa Francisco en Gaudete et Exultate.

Hoy el Papa Francisco nos plantea una especial atención a la vida religiosa y a los laicos en su compromiso fervoroso por la promoción humana y el cuidado de la ‘casa común’. Pero no solo hay que escucharlos, sino caminar sinodalmente con ellos. Esto es: obispos, sacerdotes, religiosos, laicos.

Fuente: Vida Nueva



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