Por Felipe Herrera Espaliat, pbro.

Será un ejercicio de comunión eclesial después de dos años de intenso trabajo y preparación. La Asamblea del Sínodo para la Amazonía que se vivirá entre el 6 y el 27 de octubre en la Santa Sede es solo una parte -ciertamente importante- de un proceso mucho más largo. De hecho, ha involucrado a más de 87 mil personas consultadas en los nueve países que conforman la región latinoamericana conocida como Panamazonia: Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Guyana Francesa, Perú, Surinam y Venezuela.

Cuando el Papa Francisco visitó Perú en enero de 2018, afirmó que “probablemente los pueblos originarios amazónicos nunca hayan estado tan amenazados en sus territorios como lo están ahora. La Amazonia es tierra disputada desde varios frentes”. De hecho, son en total 390 las diferentes etnias que conviven en el territorio de la Amazonia, donde habitan más de 34 millones de personas, y que son testigos de los conflictos que a diario laceran tanto la vida de las comunidades locales como su hábitat natural. Con cientos de ellas ha compartido Mauricio López, secretario ejecutivo de la Red Eclesial Panamazónica (Repam), ente colegial que articula y coordina a diversas organizaciones de Iglesia que sirven en dicho territorio.

Asentado en Ecuador, pero habituado a recorrer los diversos rincones de la cuenca amazónica, López asegura que allí “la presencia de la Iglesia Católica es de carácter profético, es quizás la institución que tiene mayor presencia, mayor legitimidad, mayor referencia histórica y mayor perspectiva de largo plazo”. Sin embargo, reconoce que la enorme extensión y la inaccesibilidad a diversas áreas ha generado una gran fragmentación de la presencia eclesial. Se trata de una brecha que la Repam ha ayudado a cerrar, mientras actúa como uno de los principales órganos coordinadores de este sínodo especial.

¿Por qué un Sínodo dedicado particularmente a la Amazonía?

Como lo ha dicho el Papa Francisco, este sínodo es hijo de la Laudato si’, y el corazón de la Laudato si’ es la categoría de ecología integral. Este concepto articula distintas dimensiones del proceso de la vida humana y las pone en diálogo para responder a una realidad compleja, diversa y esencial para el futuro del mundo: ecologías política, económica, social, ambiental, cultural y espiritual; además de justicia entre las generaciones y el principio del bien común. Por otro lado, es un sínodo que apela a las tres conversiones prioritarias en el itinerario del pontificado de Francisco: pastoral, sinodal y socioambiental. La conversión pastoral está claramente presentada en la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, promoviendo una Iglesia en salida, misionera, para una pastoral desde la alegría del Evangelio y para una evangelización de lo social. La conversión desde la sinodalidad la encontramos en la constitución apostólica Episcopalis Communio, que expresa un modo mucho más amplio y abierto de gobierno, más descentralizado, y donde el Papa plantea escuchar mucho más atento al pueblo de Dios para poder ejercer su rol como pastor de la Iglesia. Finalmente, la conversión socioambiental aparece en la encíclica Laudato si’.

Así, este es un sínodo sobre nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral, pero no como dos elementos separados, sino como uno solo: los nuevos caminos para la Iglesia tienen que tener implicaciones para la ecología integral, a la vez que las opciones esenciales por la ecología integral deben expresar y encaminar a nuevos caminos para la Iglesia.

¿Cómo se han involucrado los pueblos originarios directamente en el Sínodo?

La Repam ha acompañado todo el proceso de preparación sinodal, con una escucha que llegó directamente a 22 mil personas, y de manera preparatoria al menos a otras 65 mil. Los pueblos originarios participaron de manera activa y amplia, fuertemente asociados a espacios concretos de escucha territorial, tanto en sus propios territorios como por medio de las organizaciones regionales y nacionales. Hubo una representación de al menos 171 comunidades o nacionalidades indígenas distintas, es decir, más del 40% de todos los pueblos originarios. En esta perspectiva, se ha hecho una opción prioritaria de trabajar con ellos en clave de diálogo con la presencia de obispos, misioneros, religiosos, pero no con una tónica de evangelización tradicional ni de elaboración de proyectos, sino que escuchándolos, creando agendas en común a partir de sus gritos, esperanzas y horizontes y de sus pedidos concretos para la propia Iglesia.

¿Cuáles son los rasgos más propios de dichas comunidades?

Lo más característico de estas entidades indígenas es su visión de “buen vivir”, es decir, una visión que integra las relaciones entre ellos como sujetos, el mantener su identidad cultural, sus prácticas, sus tradiciones, su lengua, sus modos de vida y, por otro lado, todo lo que tiene que ver con sus espiritualidades, con las cuales también queremos entrar en diálogo en este proceso sinodal. En los casos de comunidades católicas, para reforzar su pertenencia a nuestra Iglesia, hemos realizado un proceso mucho más cuidado de inculturación, pero también reconociendo y respetando los aportes que ellos hacen. Con quienes no son católicos, entramos en una dinámica de interculturalidad, es decir, de diálogos transparentes, fraternos y horizontales, para poder trabajar juntos en la defensa de la vida.

¿Son ellos realmente protagonistas o solo participan de un sínodo pensado desde el Vaticano?

Para la Repam ellos son definitivamente los protagonistas. De hecho, sus voces están fuertemente expresadas en el Instrumentum laboris (instrumento de trabajo preparado para el Sínodo). La Repam hizo una síntesis muy intensa y pormenorizada de todas las expresiones aportadas por los pueblos originarios, y que plasma toda la diversidad de comunidades amazónicas, incluyendo las periferias urbanas o los habitantes de las ciudades. Eso sí, los pueblos indígenas sí son los principales protagonistas, pues hay una opción preferencial por la defensa de sus territorios y de sus derechos.

¿En qué ámbitos están siendo vulnerados los habitantes de la Panamazonia y quiénes los vulneran?

Los que más están vulnerando sus territorios son las industrias extractivas, petroleras y mineras. Por ejemplo, la minería legal de alto impacto a cielo abierto, tiene tremendos resultados negativos en el territorio; mientras que la minería ilegal o “garimbo” también está terminando con amplísimas extensiones, sobre todo de reservas naturales o de territorios indígenas, con gravísimas consecuencias en el medioambiente por el uso de metales pesados que dañan la salud y ponen en riesgo la vida. Las personas también son vulneradas por algunos gobiernos que, de alguna manera, dan marcha atrás y hacen procesos de regresión en materia de derechos sociales, territoriales y ambientales. Luego, está la responsabilidad de las sociedades de los propios países amazónicos, que viven con una cierta distancia respecto de estos pueblos, de sus identidades, sin preocuparse por el futuro del planeta y el cuidado de estos espacios ecosistémicos. En muchos casos estas poblaciones expresan racismo y rechazo a esta diversidad cultural de los pueblos.

La Iglesia quiere acompañarlos y defender sus derechos, pero no como una entidad ajena, sino que caminando con ellos y, sobre todo, tratando que sean ellos mismos los protagonistas y sujetos de su propia historia. Esto implica proveerles las herramientas necesarias para defender sus propios derechos por medio del acompañamiento de organizaciones, eclesiales o no, que les permita estar cada vez más empoderados.

¿Cuáles son los ejes temáticos que abordará el Sínodo?

Se trabajará fundamentalmente en tres partes. Primero, la voz de la Amazonia, es decir, el ver y escuchar la realidad, la composición de esta realidad, la diversidad de sus pueblos, las amenazas, la visión de las comunidades originarias o indígenas, su propuesta de buen vivir, su espiritualidad. Esta primera parte está organizada desde cuatro palabras: vida, territorio, tiempo-kairós y diálogo.

La segunda parte, que dice relación con el discernir y actuar juntos, es sobre ecología integral. Esto implica abordar la situación particular de riesgo y amenaza por la crisis climática mundial, su impacto cotidiano en los territorios amazónicos, su importancia para el futuro del planeta, y el llamado a la Iglesia para responder toda ella frente a estos rasgos de pecado estructural.

Finalmente, la tercera parte es sobre los caminos para una Iglesia más profética y samaritana, que tiene que ver con reflexiones sobre el modo en que la Iglesia está organizada, sobre cómo debe responder antes las situaciones particulares que se viven ahí, la necesidad de cambios concretos, nuevas modalidades también de presencia, nuevos ministerios y un largo etcétera.

¿Cómo se elaboró el Instrumento de Trabajo?

El Instrumentum laboris se preparó sobre la base de dos vías de insumos prioritarios. La primera y tradicional fue la vía de las conferencias episcopales, que respondieron a un cuestionario o documento preparatorio. La otra vía fue la de la Repam, que se hizo presente en los nueve países de la Panamazonia a través de aproximadamente 260 puntos de escucha sinodal, 180 ruedas de conversación, entre 60 y 80 asambleas territoriales y cerca de 30 foros temáticos panamazónicos. Luego, se hizo una síntesis de todos estos resultados, con una amplísima participación de la diversidad de pueblos, comunidades y organizaciones, y junto con las diversas instancias eclesiales. Además, se contó con los aportes del 90% de los obispos panamazónicos.

Con todos estos insumos se integró un grupo de expertos, cinco del territorio amazónico propuestos por la Repam y otros cinco del Vaticano. Este equipo redactó un primer borrador del Instrumentum laboris, que fue finalmente aprobado por el consejo presinodal, instituido por el Papa Francisco y compuesto por obispos de la Amazonia, instancias especializadas del Vaticano y miembros de la Repam.

¿Cuál es y qué caracteriza a la teología que sustenta la reflexión de este sínodo?

Aquí hay una teología dogmática fuertemente trabajada, junto con una teología sistemática muy arraigada en la tradición eclesial. Además, se hace presente la teología latinoamericana, incluyendo la teología india, que es parte del corpus teológico de la región, avalado incluso por el Celam. Además, se aprecian los aspectos teológicos que sugiere la encíclica Laudato si’, y que tienen que ver con una teología de la Creación y teología de la Encarnación.

¿Por qué el Instrumentum laboris ha generado tantas resistencias en algunos ámbitos eclesiales?

Yo no creo que haya demasiadas resistencias en los distintos sectores de la Iglesia. Creo que las pocas resistencias expresadas al Instrumentum laboris están presentadas por voces estridentes que descalifican de una manera muy sorprendente todo un camino, donde el propio Papa Francisco ha expresado un modelo de colegialidad y amplísima participación de gente absolutamente competente, con un amor profundo por la Iglesia y un conocimiento profundo de la realidad. Creo que esas reacciones responden a dos ámbitos. Primero, al absoluto desconocimiento de la realidad particular de la Panamazonia y una desconexión total de ella. Segundo, la necesidad de resistir a cualquier tipo de cambio sobre el modo de proceder y de ser de la Iglesia. En la sinodalidad que plantea el Papa Francisco esto genera nuevos caminos de diálogo, de escucha y, evidentemente, se tienen que dar cambios en un proceso de discernimiento. Es necesario decir a todas estas personas que el discernimiento está en marcha, que no ha concluido, que hay un documento que ayudará el proceso de discernimiento y que al final del día, es decisión última del Papa Francisco en su calidad de presidente del Sínodo, impulsar elementos de Magisterio según lo que haya sido discutido en este espacio. Así que la invitación es a discernir, a escuchar atenta y absolutamente orientados en un sentido de unidad, fraternidad y paz.

¿Cómo se está trabajando para que el Sínodo no se transforme en un acto de acción política y mantenga su cualidad evangelizadora?

No tiene cabida ninguna que el Sínodo se convierta en un acto de acción política. Son las reacciones de algunos gobiernos las que están queriendo darle ese matiz, pero en materia de discernimiento eclesial hay un cuidado absoluto de escucha al territorio, de respeto al proceso pastoral y de construcción conjunta con la secretaría del sínodo, con el fin de animar un proceso colegial y cuidar el discernimiento. Es inevitable, por la importancia de la Amazonía para el planeta, por la situación particular de los pueblos originarios y de la violencia y amenazas que ahí se viven, que haya reacciones externas o de algunos pocos representantes.

Yo aseguro que en los procesos de la Repam se han vivido caminos de absoluta comunión, de profunda oración, de un sentir con la Iglesia de gran calidad, y que todo está encaminado a un discernimiento eclesial que también tendrá implicaciones sobre la realidad más amplia de este territorio. Eso implica, por supuesto, abordar también materias sociales y de derechos humanos. Pero el sínodo como tal está cuidado y encaminado como un proceso absolutamente eclesial y, en ese sentido, es necesario ayudar a cuidar esto. Habrá reacciones, resistencias, incluso rechazo a ciertas cosas, porque lo que está en juego es muy importante.

La Iglesia debe y quiere permanecer con los más vulnerables y vulnerados, con los más excluidos, para que su vida pueda ser una vida más plena, y para que pueda haber un futuro para toda la humanidad en esta absoluta crisis climática. Esa opción, por supuesto, incomodará a muchos grupos de poder, y ya lo está haciendo, pero no es en confrontación con ellos, sino por una opción particular por la vida de los más pequeños y por la vida futura del planeta.

¿Por qué se ha vuelto tan relevante la propuesta del instrumento de trabajo de evaluar la posibilidad de proveer ministros casados para la celebración de la Eucaristía?

En el instrumento de trabajo hay alrededor de 120 propuestas concretas para el proceso eclesial en el Sínodo. El tema de la evaluación de ministros casados es solo una de esas propuestas. En cuanto objeto de discernimiento, tiene igual importancia que todas las otras. Son los medios de comunicación, que en muchas ocasiones tienen una agenda preestablecida o buscan vender una nota o pierden el sentido de lo pastoral, quienes le han dado un peso completamente desproporcionado a esta situación. Incluso, la reflexión sobre este tema parte de la realidad concreta de la comunidad, de sus necesidades, de la ausencia de eucaristía por períodos prolongados, a veces por más de un año en algunas comunidades y por lo cual no pueden vivir plenamente la comunión con su Iglesia. Y la reflexión sobre qué respuestas dar sobre eso, eso viene después. La preocupación fuerte es sobre estas comunidades, a veces abandonadas, que no tienen posibilidad de ejercer su derecho como católicos de vivir en plenitud los sacramentos. La reflexión sobre cómo responder a eso se dará en un ambiente de discernimiento sereno desde quienes conocen la realidad, desde quienes la viven cotidianamente.

La posibilidad de discutir este otro tema es totalmente secundaria. El Papa también lo ha dicho, es un punto dentro de más de cien otros puntos, y es un elemento que es apenas secundario. Lo prioritario es la comunidad, su situación particular y la posibilidad de vivir el centro, porque la Eucaristía edifica a la comunidad, y sin eucaristía estas comunidades se sienten abandonadas, son comunidades de la Palabra y no de la comunión, y entonces tenemos que preguntarnos cómo acompañarlas de manera adecuada, pero quitándonos de encima la presión de los medios de comunicación o de algunos grupos extremistas, de un lado y de otro, tanto de los que resisten cambios como de aquellos que quieren impulsarlos de cualquier modo. Es todo un proceso de discernimiento cuidado, y los miembros de la Repam que estamos en el consejo presinodal y los que estarán en la asamblea del Sínodo, tendrán una actitud contemplativa, orante, elementos esenciales para poder entender la realidad de la comunidad y luego buscar los caminos más adecuados.

¿Qué resultados y fecundidad se espera del Sínodo?

En lo personal, mi esperanza para después del Sínodo es poder volver al territorio a mirar a la cara a tantísimas personas que aman a la Iglesia, que viven y caminan con ella, que sufren situaciones realmente indecibles en tantos niveles, y que podamos mirarlos a los ojos y decirles que su voz desde el amor por la Iglesia, y sus necesidades desde la situación tan urgente, han sido abrazadas y acogidas, y en el discernimiento hemos logrado plantear caminos que permitan responder a esto. Que podamos honrar estas vidas, estas voces de miembros de la Iglesia, que la aman, pero que también están en una situación de profundo dolor y sufrimiento, de amenazas. Que podamos realmente encontrar caminos para que ellos tengan vida y vida en abundancia. Si esto tiene implicaciones para la Iglesia Universal, eso no es el interés prioritario para este sínodo, no podemos perder el foco. El Papa Francisco nos lo dijo muy claramente en una audiencia con el cardenal Hummes, el cardenal Barreto y mi persona, “no perdamos el foco, no diluyamos el Sínodo”. Por eso, ahí está nuestra convicción y vendrán los nuevos caminos que sean pertinentes, se sembrará también para que otros nuevos caminos se puedan ir configurando paulatinamente. Y respecto de aquellos caminos para los que no estamos listos o no es tiempo aún -porque esto es un kairós, un tiempo de Dios-, pues que se registren en el corazón de la Iglesia y que un día, eventualmente, podamos generar algún cambio y alguna novedad en esa dirección.

Si esto es un kairós de Dios, y no tengo duda de que es así, tenemos que confiar en el Espíritu, hacer lo que nos toca y lo que nos corresponde, sin pretensiones particulares, sin obsesiones, sin forzar y sin romper, y sembrando semillas que posiblemente producirán árboles bajo cuya sombra nunca nos sentaremos, es para otras generaciones, y ese es un elemento de profunda esperanza y libertad.

Artículo publicado en la edición Nº 1.203 (JULIO- SEPTIEMBRE 2019) de la Revista Católica

Fuente: La Revista Católica



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