Por Francisco Javier Jarama Pinedo, integrante del Observatorio Socio Eclesial y del Equipo de Docentes del Perú en Iquitos

Durante estos días de cuarentena, por motivo del COVID-19 en nuestro país, nos encontramos en momentos difíciles, caracterizados tal vez por el pánico y la desesperación de no saber lo que puedo ocurrir en los próximos días y las medidas que se van a tomar.

Pero lo cierto es que muchos padres y madres responsables también están desempeñando el papel de docentes en los hogares, luego de que se suspendieran las clases presenciales para escolares y universitarios.

Ellos vienen enseñándoles distintos temas de importancia a sus hijos, que van desde lo académico hasta prácticas esenciales para evitar el contagio del coronavirus como el correcto lavado de manos y el aseo personal, instrucciones que, en estos tiempos, los maestros estarían realizando a diario en todas las escuelas del Perú si es que no se hubiesen paralizado las clases.

Me imagino también que los padres a los que me refiero no desean que sus hijos se atrasen en lo académico, cultural y social en estos momentos de permanencia en casa. Por eso es imprescindible que planifiquen un horario alternativo que dediquen exclusivamente a este tipo de enseñanza, y que además realicen pláticas de análisis frente a la coyuntura en la estamos atravesando. Tal vez una, dos o quizás tres horas al día sea suficiente, donde las salas, los comedores o inclusive sus propios cuartos se conviertan en aulas pedagógicas.

Estoy seguro de que, en este nuevo trabajo de ser docentes en el hogar, los padres están poniendo mucho amor, sabiduría y especialmente paciencia, más aún cuando uno de nuestros pequeñines de repente no presta la atención que uno desea, o no quiere cumplir con lo planificado.

Dándole la vuelta al asunto, demás está decir que, en estos días de aislamiento social, no solo son nuestros hijos los que van a aprender, sino que los mismos padres y madres experimentarán un nuevo aprendizaje, porque van a conocer más a sus hijos. Asimismo, vivirán tiempos de ardua reflexión, porque la labor del docente, quien atiende las necesidades y las problemáticas de sus educandos durante los 10 meses del servicio educativo es para sacarse el sombrero.

Por eso, quiero manifestar mis sinceras felicitaciones a todos los padres y madres peruanos que se unen a esta hermosa labor. Y no olvidemos ese viejo, pero conocido dicho: la educación viene de casa.

– Publicado el 08 de abril de 2020 en la columna de opinión “La periferia es el centro” del diario “La República”.



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