Por María Rosa Lorbés

Dentro de unos meses, en octubre de este año, se realizará en Roma el Sínodo Panamazónico convocado por Francisco, un Papa con olor a selva. Cuando el Papa nos visitó sorprendió a todos escogiendo empezar su visita por Puerto Maldonado, antes de ir a dos grandes ciudades como Trujillo y Lima. Con su gesto, el obispo de Roma quiso jugar su autoridad moral en el mundo para poner en el foco de la atención internacional las riquezas, las potencialidades y los problemas de la Amazonía y de sus pobladores; quiso, en definitiva hacer de la periferia el centro e invitar a todos a conocer a los amazónicos y a aprender de ellos. Dicho de otra manera, Francisco quiso recordarnos que la Amazonía no es ancha y ajena.

Como para cada uno de los últimos Sínodos, existe siempre un proceso preparatorio para favorecer la participación y la opinión de todos los que lo deseen y, de manera especial, los principales protagonistas, que en este caso son nuestros hermanos amazónicos. Ha pasado más de un año desde la convocatoria al Sínodo Panamazónico y podría decirse sobre el tema aquello de no se oye, Padre. Quizá hubiéramos debido aprovechar este proceso para –como le gusta decir al cardenal Barreto– amazonizar el debate en la Iglesia y en la sociedad. Pero la Amazonía sigue siendo, en la imaginación de la mayoría de los peruanos, un lugar exótico, una reserva de flores y plantas, de minerales y de petróleo, un jardín hermoso y vacío.

La realidad es otra; derrames, deforestación acelerada por empresas madereras, empresas extractivas que contaminan tierras y ríos; enfermedades en aumento en jóvenes y niños por la desnutrición y la poca salubridad. Atropello de los derechos de los pobladores y desprecio de las empresas hacia la cosmovisión de los amazónicos. Lo peor de todo es que la mayoría de los peruanos, empezando por los medios de comunicación, no quieren saber, ni oír nada de esto. Terminemos con ese silencio que asusta porque mata, como dijo Francisco. Rompamos nuestra ajenidad con la Amazonía y acerquémonos a ella.

– Publicado el 29 de abril de 2019 en la columna “Religión y vida” de la versión impresa del diario “La República”.

 



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