Ayer, 4 de junio, se celebró el Día Internacional de los Niños Víctimas Inocentes de Agresión, una fecha conmemorada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, que nos recuerda una penosa realidad agudizada ahora que la pandemia por el Covid-19 mantiene a muchos menores conviviendo con sus agresores.

Según cifras oficiales del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, sólo en el Perú se han registrado más de 12 mil casos de agresión a menores en los primeros cuatro meses de este año, mientras que la línea 100, habilitada para situaciones de violencia intrafamiliar en todo el país, ha registrado más de 2500 llamadas de denuncias de niños, niñas y adolescentes desde el inicio de la cuarentena.

La Iglesia de Lima está presente en medio de esta compleja situación con una serie de iniciativas y campañas solidarias que buscan atender las necesidades más apremiantes de muchos menores en situación de calle y pobreza. Aquí algunos testimonios:

1. Parroquia San Lázaro (Rímac)

El Rímac, uno de los distritos más afectados por la expansión del Covid-19 en el Perú, concentra diversos problemas y necesidades que requieren atención inmediata, así lo manifestó Carlos Eli Valderrama Arones, párroco de San Lázaro: “hemos observado que hay unos 50 niños hacinados en un viejo hotel que salen a las calles a pedir limosna y a limpiar parabrisas, algunos de ellos salen a comprar desesperadamente botellas de plástico para intoxicarse con terokal por las noches. Sus familias lo saben y no hacen nada, ésa es una situación de violencia y pobreza extrema”.

“Sabe Dios si tomarán desayuno o almorzarán algo decente, narra el Padre Valderrama, por eso, con la ayuda de la Vicaría de la Pastoral Social y de la Dignidad Humana – Cáritas Lima, nos hemos centralizado en brindarlse, por lo menos, durante esta pandemia, alimentos nutritivos para el desayuno”.

2. Hogar Gladys (El Agustino)

En el distrito de El Agustino se encuentra el Hogar Gladys, institución que por más de 16 años ha brindado asistencia humanitaria a niñas víctimas de violencia física y sexual: “nos ocupamos de acoger niñas y jóvenes madres maltratadas, muchas de ellas con sus bebés. Gracias al Señor, aquí se les provee de todo, no les falta nada”, expresa Lourdes Febres, directora del hogar.

“La violencia familiar existe, y la pandemia ha provocado que los casos aumenten. Nos preocupamos por que las jóvenes también reciban una formación complementaria que pueda servir en el desarrollo de sus vidas, pero principalmente, para romper el ciclo de violencia en el que muchas viven”, agrega Lourdes.

La distribución de víveres de Cáritas Lima ha permitido que el Hogar Gladys pueda continuar atendiendo más casos de menores que sufren de violencia, respetando los protocolos de higiene y distanciamiento para evitar los focos de contagio.

3. Hogar Reina de la Paz (Salamanca)

Bajo el lema ‘Una persona vale más que un mundo’, las hermanas de la congregación Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor conviven con unas 20 madres adolescentes víctimas de violencia: “algunas llegan con sus bebés, otras se encuentran en periodo de gestación”, señala Soledad Ríos, directora del lugar.

“Aquí tratamos de sembrar paz en medio del pasado doloroso de muchas adolescentes, acompañando psicológica y espiritualmente a nuestras jóvenes para afrontar el desafío de ser madres a temprana edad. Trabajamos en el campo de la violencia familiar con el apoyo de especialistas en psicología y asistencia social. Lamentablemente, en los últimos años la violencia física y sexual contra las adolescentes ha incrementado, y pese a ello, la pandemia también ha despertado nuestro espíritu solidario para compartir lo poco o mucho que tengamos”, afirma la hermana Soledad.

Los gestos solidarios que hemos presentado son una oportunidad para dejarnos interpelar por las necesidades más hondas de nuestro pueblo, haciendo visible todas aquellas realidades que requieren de nuestra organización y acción solidaria. En este tiempo de pandemia, todos podemos unirnos al ‘Plan para resucitar’ convocado por el Papa Francisco, para aportar desde nuestras comunidades y barrios, lo mejor de nuestra humanidad, dispuestos a servir generosamente con gratuidad, acompañando y escuchando a quienes alguna vez fueron silenciados.

Fuente: Vatican News



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