En octubre del año 2017 el Papa Francisco anunciaba la realización de un Sínodo de la Panamazonía -una asamblea especial de los obispos de esta región- para octubre del año 2019 en Roma. En respuesta a la petición de algunos obispos latinoamericanos, Francisco trazaba el objetivo principal de este Sínodo: “identificar nuevos caminos para la evangelización de esa porción del Pueblo de Dios, especialmente de los indígenas, frecuentemente olvidados y sin la perspectiva de un futuro sereno, como resultado de la crisis de los bosques amazónicos, pulmón de capital importancia para nuestro planeta” (15/10/2017, Roma). De esta manera, se vislumbraba ya el tema central de la asamblea: precisar la misión evangelizadora que la Iglesia lleva a cabo en esta región; así como profundizar en la propuesta de trabajar por una ecología integral que tenga como punto de partida la vida de los pueblos de la Amazonía para afrontar la actual crisis socio-ecológica.

Por un lado, si bien es cierto, el Sínodo se concretará en Roma con esta asamblea de obispos, en la que participarán también especialistas y observadores, así como miembros de redes eclesiales y de la ONU, es imprescindible tener en cuenta que existe una etapa de preparación que involucra de manera especial a los pueblos indígenas, a habitantes de comunidades y zonas rurales, de ciudades y grandes metrópolis, a poblaciones que habitan en las riberas de los ríos, migrantes y desplazados (cfr. Documento preparatorio, preámbulo), porque ¿cómo sería posible hablar de la Amazonía -del camino de evangelización que debe seguir la Iglesia en esta región y de una ecología integral- sin preguntar y escuchar los anhelos y preocupaciones de quienes viven en estos territorios?

En consecuencia, para hacer posible y concretar esta escucha, se ha elaborado un documento con pautas metodológicas y preguntas que ayuden a trabajar la realidad y problemáticas de esta región y, además, que permita recoger las diversas voces que hay en ella (puede verlo en: https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2018/06/08/panam.html).

Cabe decir, además, que con esta convocatoria, una vez más, Francisco va concretando el compromiso de ser una Iglesia sinodal, es decir, una Iglesia que tiene como dinamismo la comunión y escucha recíproca entre todas las instancias que la conforman: el pueblo fiel, el colegio episcopal y el Obispo de Roma, donde la palabra de cada miembro cuenta para la toma de decisiones eclesiales (cf. Discurso de conmemoración del 50 aniversario de la institución del Sínodo de Obispos, 2015). En este caso, son los indígenas de la Amazonía quienes, trabajando con las misioneras/os, religiosas/os y los obispos de esta región, impulsan una Iglesia con rostro amazónico.

Por otro lado, es necesario señalar que, aunque los primeros destinatarios son quienes habitan estos territorios, este acontecimiento involucra a todos los que son parte de la Iglesia y también al conjunto de las sociedades; pues el tema a discutir involucra problemáticas que, desde lo social, nos competen a todos: un modelo de desarrollo que necesita repensarse y la deuda forjada con los pueblos originarios por ser los más perjudicados en medio de esta crisis socio-ecológica, y porque es una cuestión urgente y de justicia reconocer el aporte de sus culturas y cosmovisiones para generar un modelo de sociedad más justo. En ese sentido, a modo de desafío, cabe preguntarnos: ¿qué nos corresponde hacer frente a este acontecimiento?, ¿cómo podemos acompañar el proceso del Sínodo desde nuestras localidades y áreas de compromiso?

Por Silvia Cáceres

Miembro del equipo de teología

del Instituto Bartolomé de las Casas

Publicado en La República



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