La visita del Papa Francisco al Perú viene precedida por el deseo de unidad y esperanza para el país. Es claro que el sumo pontífice está muy bien informado de la actual situación peruana.

La unidad es una tarea pendiente en un país como el nuestro, tan lleno de diversidad cultural e inequidad, lo cual implica armonizar las diferencias que enriquecen y la justicia que dignifica. En el contexto de la visita papal es oportuno recordar cómo entiende Francisco la unidad: “(Esta) no nace ni nacerá de neutralizar o silenciar las diferencias. La unidad no es un simulacro ni de integración forzada, ni de marginación armonizadora… No es ni será una uniformidad asfixiante que nace normalmente del predominio y la fuerza del más fuerte, ni tampoco una separación que no reconozca la bondad de los demás”.

En realidad, dirá: “La unidad es una diversidad reconciliada porque no tolera que en su nombre se legitimen las injusticias personales o comunitarias”. No se trata entonces de imponerse por la fuerza, ni de excluir al que piensa distinto, menos aún de apelar a la reconciliación en nombre de la unidad, porque, si no se respeta a la persona, si no se restaura el daño ocasionado, se comete nueva injusticia. Se trata de trabajar primero por la justicia y dignidad de la persona, solo entonces se puede hablar de reconciliación, porque esta no se impone por decreto, necesita de un proceso de reconocimiento de las partes involucradas para que sea realmente válida.

Por otra parte, en el actual escenario de corrupción campeando por doquier, donde la palabra no vale, la verdad se banaliza, los intereses crematísticos están por encima de la dignidad de la persona, viene la tentación de la desesperanza, el desánimo y la indiferencia. La esperanza se espera en acción, en el servicio al prójimo y al más necesitado; no con “bellos acuerdos que nunca llegan a concretarse”, porque esto frustra la esperanza, quita la ilusión, recorta los procesos de un proyecto de país más justo y solidario. No debemos olvidar que “los hombres que han cultivado la esperanza son también aquellos que han vencido la esclavitud, y traído mejores condiciones de vida sobre esta tierra”

Fuente: La República

P. Edmundo Alarcón

 



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