La eclesiología nacida del Concilio Vaticano II (1962-1965) buscó constituir a la Iglesia como un pueblo de Dios profético y abierto al “otro”. Una Iglesia en movimiento de salida hacia el “otro” donde se forja la identidad eclesial. De esta manera, en ser constitutivamente una Iglesia hacia afuera, ella encuentra su auténtica identidad. En esta línea se comprende el llamado del papa Francisco de ser una Iglesia en salida; es decir, una comunidad de discípulos misioneros que toman la iniciativa, como su Señor, para involucrarse y acompañar a la humanidad (EG 24).

La Iglesia responde a la exigencia evangelizadora en la medida en que se involucra con la otredad: inserta en el mundo, la cultura y la periferia. Así como Cristo se “despojó” de su divinidad para asumir la humanidad nuestra (cfr. Fil 2, 6-7), también debe descentrarse para volverse una Iglesia “mundial”, teñida por su encuentro con y en el mundo, mas no “mundana”; es decir, clerical, con luchas internas y actitudes carreristas, con estructuras sacralizadas e incuestionables y de espaldas a la realidad del país.

La visita a Puerto Maldonado constituye en sí misma un gesto eclesiológico que muestra la opción de una Iglesia por salir a reconocer el “rostro plural” de la Amazonía y sus pueblos. Como afirmaba el papa al dirigirse a los pueblos indígenas: “he querido venir a visitarlos y escucharlos, para estar juntos en el corazón de la Iglesia, unirnos a sus desafíos y con ustedes reafirmar una opción sincera por la defensa de la vida, defensa de la tierra y defensa de las culturas locales”. De esta manera, el “papa en salida” ha dado el ejemplo del camino que debe seguir la Iglesia peruana: volverse una Iglesia en movimiento hacia fuera, capaces de estar en el mundo, a partir de donde construye su propia identidad.

La Iglesia en salida se realiza en ser “mundial”, en reconocer que su identidad se forja en el encuentro con la realidad. Por ello, el papa Francisco ha recordado el camino de descubrir y valorar la sabiduría de estos pueblos que “son un grito a la conciencia de un estilo de vida”. El movimiento de salida y su retorno constituye una nueva identidad para ella, como lo expresó el papa al decir que “cada cultura y cada cosmovisión que recibe el Evangelio la enriquece a la Iglesia con la visión de una nueva faceta del rostro de Cristo”. De esta manera, la entrada de la Iglesia en la historia del pueblo amazónico, la convierte en una nueva comunidad enriquecida por su estar en la cultura y el mundo de estos pueblos, por reconocer la validez de sus sabidurías.

Esta nueva identidad debe seguir profundizándose para que la Iglesia trasparente la misma vida de Cristo, encarnado en medio de la cultura y el mundo hebreo. La exhortación de Francisco a “plasmar una Iglesia con rostro amazónico y una Iglesia con rostro indígena”, significa que la realización de su misión solo es posible en ser “mundial”, en estar en los diversos mundos amazónicos de nuestro país. Incluso esta opción cristológica muestra toda su radicalidad, pues se trata del mundo periférico. La Iglesia en salida de Francisco se realiza en el estar en medio de las periferias –invisibles, dolorosas, olvidadas– de nuestro mundo.

En esta línea, el trabajo de la Iglesia en la Amazonía es un ejemplo de una identidad eclesial constituida en salida hacia el mundo. El trabajo pastoral en la Amazonía recoge la invitación del Vaticano II y está llamada a ser profundizada, como lo pidió el papa Francisco en su visita a Puerto Maldonado.

La presencia de la Iglesia en hogares para mujeres víctimas de trata, niños abandonados o víctimas de violencia, el impulso de centros de educación intercultural y bilingüe, así como de centros de investigación como el Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica (CAAAP), el Centro de Estudios Teológicos de la Amazonía (CETA), el Centro Cultural José Pío Aza, forman parte del esfuerzo eclesial de ser auténticamente una Iglesia amazónica. En este camino, el conjunto de la Iglesia peruana debe insertarse en los diversos mundos y periferias de nuestro país. Mirar el mundo, la cultura y la periferia de cada Iglesia local, es el primer camino para saber hacia dónde se dirige el movimiento eclesial que constituye su propia identidad y la hace “mundial” y “en salida”, fiel a su Señor, quien se puso “en salida” haciéndose “humano” por amor a nosotros.

Rolando Iberico Ruiz 

Publicado en La República



Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.