Sobre el viaje del Papa a Ecuador, Bolivia y Paraguay, les ofrecemos una reseña de cada país con extractos de algunas de sus intervenciones. Y todos los textos de sus discursos y homilías íntegros en adjunto.

Desde su llegada a Quito Francisco invitó a los ecuatorianos a valorar las diferencias, fomentando el diálogo y la participación sin exclusiones, para que los logros en progreso y desarrollo que se están consiguiendo garanticen un futuro mejor para todos, poniendo una especial atención en nuestros hermanos más frágiles y en las minorías más vulnerables, que son la deuda que todavía América Latina tiene.

En su discurso en la Universidad Católica de Quito alertó a alumnos y docentes a “no ignorar lo que está sucediendo a nuestro alrededor…no es humano entrar en el juego de la cultura del descarte”. E insistió en que “Como Universidad, como centros educativos, como docentes y estudiantes, la vida nos desafía a responder a estas dos preguntas: ¿Para qué nos necesita esta tierra? ¿Dónde está tu hermano?”.

Evangelizar es acercarse humildemente a aquellos que se sienten lejos de Dios y de la Iglesia

Reflexionando sobre la misión evangelizadora afirmó que la evangelización puede ser vehículo de unidad, pero aclaró que la unión que pide Jesús no es uniformidad sino la «multiforme armonía que atrae» y , citando “La Alegría del Evangelio”, recordó: «Mientras en el mundo, especialmente en algunos países, reaparecen diversas formas de guerras y enfrentamientos, los cristianos queremos insistir en nuestra propuesta de reconocer al otro, de sanar las heridas, de construir puentes, de estrechar lazos y de ayudarnos “mutuamente a llevar las cargas”». También aclaró que la evangelización no consiste en hacer proselitismo, sino atraer con nuestro testimonio a los alejados y acercarse humildemente a aquellos que se sienten lejos de Dios y de la Iglesia, que se sienten juzgados y condenados a priori por los que se sienten perfectos y puros, acercarnos a los que son temerosos o a los indiferentes para decirles: «El Señor también te llama a ser parte de su pueblo y lo hace con gran respeto y amor» (Evangelii gaudium 113). Porque nuestro Dios nos respeta hasta en nuestras bajezas y en nuestro pecado.

Familia: el mejor de los vinos está por venir

En el Parque de Samamés, en Guayaquil se enfocó en el tema de la familia a partir del milagro de las bodas de Caná. A propósito de las muchas dificultades e importantes desafíos que la familia hoy debe afrontar invitó a los presentes a intensificar su oración por esta intención, para que aun aquello que nos parezca impuro, el agua de las tinajas, nos escandalice o espante, Dios –haciéndolo pasar por su «hora»– lo pueda transformar en milagro. Y añadió: “La familia hoy necesita de este milagro. Y toda esta historia comenzó porque «no tenían vino», y todo se pudo hacer porque una mujer –la Virgen– estuvo atenta, supo poner en manos de Dios sus preocupaciones, y actuó con sensatez y coraje. Pero hay un detalle, no es menor el dato final: gustaron el mejor de los vinos. Y esa es la buena noticia: el mejor de los vinos está por ser tomado, lo más lindo, lo más profundo y lo más bello para la familia está por venir. Dios siempre se acerca a las periferias de los que se han quedado sin vino, los que sólo tienen para beber desalientos; Jesús siente debilidad por derrochar el mejor de los vinos con aquellos a los que por una u otra razón, ya sienten que se les han roto todas las tinajas. Como María nos invita, hagamos «lo que el Señor nos diga», lo que Él nos diga y agradezcamos que en este nuestro tiempo y nuestra hora, el vino nuevo, el mejor, nos haga recuperar el gozo de ser familia, el gozo de vivir en familia. Que así sea.

¿Amamos nuestra sociedad o sigue siendo algo lejano, algo anónimo, que no nos involucra, no nos mete, no nos compromete?

En si discurso ante la sociedad civil comentó que el alcalde le había entregado las llaves de la ciudad y que por eso se sentía en casa. “Ese símbolo, que es muestra de confianza y cariño, al abrirme las puertas, me permite presentarles algunas claves de la convivencia ciudadana a partir de este ser de casa” precisó.

Y añadió “Nuestra sociedad gana cuando cada persona, cada grupo social, se siente verdaderamente de casa. Y, sin embargo, nuestras relaciones sociales o el juego político en el sentido más amplio de la palabra –no olvidemos que la política, decía el beato Pablo VI, es una de las formas más altas de la caridad–, muchas veces este actuar nuestro se basa en la confrontación, que produce descarte. Mi posición, mi idea, mi proyecto se consolidan si soy capaz de vencer al otro, de imponerme, de descartarlo. Así vamos construyendo una cultura del descarte que hoy día ha tomado dimensiones mundiales, de amplitud”.

“La explotación de los recursos naturales, tan abundantes en elEcuador, no debe buscar beneficio inmediato. Ser administradores de esta riqueza, que hemos recibido, nos compromete con la sociedad en su conjunto y con las futuras generaciones, a las que no podremos legar este patrimonio sin un adecuado cuidado del medio ambiente”, subrayó.

En una democracia participativa, cada una de las fuerzas sociales, los grupos indígenas, los afro ecuatorianos, las mujeres, las agrupaciones ciudadanas y cuantos trabajan por la comunidad en los servicios públicos son protagonistas, son protagonistas imprescindibles en ese diálogo, no son espectadores.

Muchos me preguntarán: “Padre, ¿por qué habla tanto de los necesitados, de las personas necesitadas, de las personas excluidas, de las personas al margen del camino?”. Simplemente porque esta realidad y la respuesta a esta realidad está en el corazón del Evangelio. Y precisamente porque la actitud que tomemos frente a esta realidad está inscrita en el protocolo sobre el cual seremos juzgados, en Mateo 25.



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