Por P. José María Rojo

Ya hace unos cuantos años leí de un famoso columnista que Carlín o Heduardo decían más en un chiste gráfico que todos los columnistas, como él, que se pasaban horas pensando para escribir su columna. Y muchas veces le he dado razón al comprobarlo.

Volví a hacerlo hoy, 27 de Julio, al ver el “heduardicidio” en La República. Está el general José de San Martín, en una imagen muy conocida, y como animando/retando al presidente le dice: “Vamos, Vizcarra, tienes un año para arreglar lo que desarreglaron durante 200 años”.

Efectivamente, si alguna vez se ha demostrado que un presidente o gobierno hereda una pesada carga, ha sido ahora con Martín Vizcarra. Varias personalidades en nuestro Perú lo están reconociendo públicamente en estos días. Y es que el coronavirus se ha encargado de ir día tras día quitando al país una prenda hasta dejarlo completamente calato. El tema de la salud es uno de los mejores espejos donde el país puede mirarse e identificarse.

No exagera Heduardo al decir que tiene Vizcarra un año para arreglar lo desarreglado en dos siglos. Allá por los años 30 (hace casi un siglo) el gran poeta César Vallejo, en uno de sus Poemas Humanos afirmó genialmente: “Jamás, señor ministro de salud, fue la salud más mortal”. Si estuviera vivo Vallejo, lo diría hoy y nadie nos atreveríamos a desmentirlo. Porque el coronavirus ha dejado a las claras que estamos tan mal o peor que en 1930.

Simplifiquemos las cosas: lo que es esencial para vivir dignamente, los servicios básicos, no pueden ser convertidos en negocio por nadie ni para nadie. ¡Tienen que garantizarse simple y llanamente! Lo aceptó el presidente de Francia, señor Macrón –claramente neoliberal él- al comienzo de la crisis y nos lo dijo más claramente a todos el arzobispo de Lima monseñor Carlos Castillo en la misa del Corpus Christi, respecto a la Salud en Perú.

El coronavirus nos ha hecho ver claro que la inmensa mayoría de los peruanos, ante una crisis sanitaria como la actual, no tenemos garantizado el derecho a la salud: ni hospitales, ni personal, ni recursos materiales, ni medicinas a bajo costo suficientes hay. Podríamos coger la educación, la vivienda, el transporte, la recreación, las carreteras…¡ninguno de los servicios básicos y elementales que conlleva una vida digna están garantizados!

La pregunta es obvia: ¿qué podemos celebrar? ¿unas bonitas palabras cantadas en un himno? ¿unos hitos en las fronteras? ¿unos hermosos paños blanco y rojo en un asta? Lo que deberíamos celebrar –y no podemos, después de 200 años- sería una vida digna garantizada a 32 millones de peruanos, que es el Perú.

Efectivamente, señor Vizcarra, tiene usted un año, solo un año, para, al menos, tratar de enderezar lo torcido en los 200 anteriores. Y eso pasa por una firme decisión política de colocar la periferia al centro. Es decir, poner todos los recursos del país –humanos y materiales- al servicio y en favor de las grandes mayorías empobrecidas. Aguante la mirada de San Martín y échese al frente. La Historia se lo reconocerá.



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