El domingo 26 de julio falleció Lyndon Pishagua Chinchuya, dirigente y coordinador de la Asociación Regional de los Pueblos Indígenas de la Selva Central (ARPI S.C.), organización regional de la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (Aidesep).

Lyndon, apu emblématico y originario del pueblo Yanesha, acompañó incansablemente la lucha de los pueblos indígenas de la Selva Central y era uno de sus cuadros políticos más centrados, visionarios y esclarecidos.

Sea desde las bases o en diversos espacios intermedios, regionales o nacionales, Lyndon tenía la capacidad de promover reflexiones profundas y directas sobre los problemas claves de la agenda indígena. Hablaba sobre la realidad «monda y lironda» y en sus intervenciones ponía en debate aspectos controvertidos pero cruciales que a veces algunos temían tocar.

Lyndon era franco y directo cuando hablaba de manera crítica y autocrítica sobre la defensa del territorio, la resistencia indígena, la pérdida de los saberes ancestrales y el debilitamiento de la identidad indigena.

Pishagua, formado en las canteras de la ARPI S.C., siempre destacó por su inteligencia, su claridad de ideas, su honestidad. Era un convencido de la necesidad de fortalecer las capacidades políticas de los dirigenes, en especial de las nuevas generaciones, para enfrentar los nuevos desafíos del movimiento indígena.

Pese a que su estado de salud se resquebrajó en los últimos meses a causa de la diabetes, estuvo activo y presente, enviando desde su internamiento hospitalario mensajes de fortaleza y lucha a los demás dirigentes de la gran familia de Aidesep.

“Necesito el apoyo moral y la fortaleza porque nuestras luchas no terminan hoy. De repente la vida me separa, pero van a quedar ellos [los dirigentes], por lo tanto tenemos que seguir fortaleciendo la institucionalidad, fortaleciendo siempre los territorios de los pueblos, porque esa es la razón de nuestra existencia como pueblos”, expresó Pishagua en febrero de 2020, tal vez intuyendo que su tiempo se acortaba.

La noticia de su fallecimiento ha consternado a las organizaciones, amigos y aliados que conocieron de su calidad humana y dirigencial y constatan que estamos ante una pérdida irreparable y que el vacío que deja Lyndon será imposible de llenar.

Fuente: Servindi



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