Mientras en Italia se ha decretado el cierre de muchos de los comercios, en el Vaticano, la Limosnería Apostólica se convierte en una herramienta de primera necesidad para ayudar a los más pobres a superar la emergencia social generada por la crisis del coronavirus. Por ello, el cardenal Konrad Krajewski, responsable de la gestión caritativa, ha confirmado que el Vaticano no cerrará los servicios de duchas para indigentes junto a la plaza y seguirá repartiendo comida entre los más necesitados que duermen en la calle.

Ahora bien, las instituciones pontificias han tomado una serie de medidas para evitar el contagio entre los voluntarios y los usuarios de estos servicios. En una entrevista a un medio italiano recogida por Europa Press, el cardenal Krajewski ha explicado que “respetando las reglas impuestas por la emergencia con inteligencia evangélica, continuamos yendo por las calles para dar de comer a las personas sin hogar”.

Para el purpurado, “en estos días corremos el riesgo de pensar solo en nosotros mismos. Pero, ¿y los pobres? Para ellos es todo más difícil. No debemos y no podemos olvidarnos de tener la mano al que sufre y está solo”. Para ello se han ampliado los horarios del reparto de comida para evitar al máximo las colas. En las duchas se ha impuesto una media de distancia de seguridad y se reparten mascarillas. “Se trata de respetar todas las normas pero de que ninguno se quede sin ayuda”, señala.

Fuente: Vida Nueva



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