El Vaticano advirtió ayer, 16 de junio, que el “cáncer de la corrupción” puede acabar colapsando los intentos de recuperación en el mundo postpandemia. La delegación de la Santa Sede ante a OSCE, encabezada por Janusz Urbanczvk, ha dado la voz de alarma frente a al riesgo de que la corrupción “se extienda” aprovechando la incertidumbre y el aumento de la pobreza e inseguridad en el mundo.

Frente a ello, la receta es clara: “transparencia, honestidad, una relación de confianza entre las instituciones y los ciudadanos”. Durante una videoconferencia preparatoria del 28º Foro Económico y Medioambiental de la OSCE sobre “Promoción de la seguridad, la estabilidad y el crecimiento económico, anticipando y luchando contra la corrupción mediante la innovación, el aumento de la transparencia y la digitalización”, la delegación de la santa Sede insistió en que la pandemia ha traído consigo “cambios sociales, económicos y ambientales tangibles”.

Unos cambios que, para el Vaticano, requieren “a nivel personal, nacional e internacional, una mayor atención a la lucha contra la corrupción”, que “representa una gran amenaza” porque “genera inestabilidad y se extiende a muchos aspectos de la dimensión económica y humana”.

“Es innegable que la corrupción, al ser una de las heridas más desgarradoras del tejido social, crea graves daños, tanto desde el punto de vista ético como económico”, continúa la declaración vaticana, que advierte de “la ilusión de ganancias rápidas y fáciles” que “socavan la confianza mutua, ofuscando la transparencia y generando dudas sobre la fiabilidad misma de todo el sistema jurídico y social”.

“La corrupción degrada la dignidad del individuo y destroza todos los ideales buenos y hermosos. La sociedad en su conjunto está llamada a comprometerse de forma concreta en la lucha contra el cáncer de la corrupción en sus diversas formas”, señala Urbanczvk, haciendo referencia al discurso del Papa al Tribunal de Cuentas.

Por ello, quienes tienen responsabilidades públicas “tienen el deber crítico de operar con transparencia y honestidad, fomentando así una relación de confianza entre los ciudadanos y las instituciones”. De lo contrario, se dará “el colapso de esa confianza”, que supone “una de las manifestaciones más graves de la crisis de la democracia”.

Fuente: Religión Digital



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