Por María Rosa Lorbés 

La decisión profética del Papa Francisco de situar a la Amazonia y los amazónicos en el centro de la  Iglesia Católica y de la opinión pública mundial fue un evento que marcará época. El Sínodo celebrado el año pasado en Roma concluyó el 26 de octubre con un documento que recogió en 120 párrafos los temas planteados por la asamblea. Los dos tercios de los padres consulares aprobaron todos los textos. Solo cuatro párrafos, los referentes a la ordenación sacerdotal de líderes amazónicos casados, la demanda de crear nuevos ministerios para las mujeres, y algunos puntos que plantean inculturar la liturgia de manera que permita un mayor acercamiento a su realidad fueron rechazados por un sector de los participantes. Pero ese rechazo en ningún caso superó las 41 negativas frente a las 128 aprobaciones.

Para la opinión pública peruana lo ocurrido en octubre en Roma pasó casi desapercibido y la Amazonia sigue siendo este territorio lejano y poco poblado que seguimos sintiendo ajeno.

Ahora acabamos de conocer que el Papa va a emitir una Exhortación Postsinodal, como lo había ofrecido, sentando su posición sobre la Amazonia y sus caminos para, de un lado, resistir las agresiones del cambio climático y de la búsqueda desesperada de dinero de las grandes empresas y, de otro lado contribuir a construir una Iglesia verdaderamente amazónica.

Resulta atrevido y casi irresponsable adelantar opiniones sobre el sentido y el contenido de ese documento del magisterio papal.  Las hipótesis son, a grosso modo, opuestas:  hay quienes piensan que el Papa censurará los planteamientos más radicales sobre algunos temas y que intentará pasarlos por agua caliente.  Otros creemos más bien que Francisco recogerá el sentir eclesial de los puntos planteados en el documento, sustentándolo en serios fundamentos, bíblicos, teológicos y pastorales, y que, incluso intentará  ir más allá. El Papa nos tiene acostumbrados a llevarnos siempre la delantera.

– Publicado el 14 de febrero de 2020 en la columna de opinión “Religión y vida” de la edición impresa del diario “La República”.



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