Desde Iquique, invita a vivir la fe y la vida en clima de fiesta, hospitalidad y solidaridad

“Estemos atentos a todas las situaciones de injusticia y a las nuevas formas de explotación que exponen a tantos hermanos a perder la alegría de la fiesta”, ha dicho el papa Francisco, en el Campus Lobito de la ciudad de Iquique, en la misa de la que se ha despedido de Chile. Reclamando “techo, tierra y trabajo” para todas las familias, se ha referido a la “precarización del trabajo que destruye vidas y hogares”. Y en especial, “a los que se aprovechan de la irregularidad de muchos inmigrantes porque no conocen el idioma o no tienen los papeles en regla”. Nunca mejor dicho en una región de 200 mil habitantes, donde casi el 20% son inmigrantes.

Francisco ha recordado que Iquique, en aymara, significa “tierra de sueños” y les ha agradecido por “albergar a gente de distintos pueblos y culturas que han tenido que dejar a los suyos, marcharse” con la esperanza de un futuro mejor. Pidió contagiar esa hospitalidad y que “aportemos lo que tengamos, por poco que parezca”. Refiriéndose al texto bíblico de las bodas de Caná, dijo que Jesús no hace el milagro solo, sino convoca a otros para hacerlo. De esa manera, “cada uno de nosotros está invitado a ser parte del milagro para otros”, en especial para los migrantes y los pobres.

La solidaridad y el compromiso con la justicia son parte de “vivir la fe y la vida en clima de fiesta”, dijo el Papa. Así quiso destacar el lugar de la piedad popular. Fiestas patronales, bailes religiosos, música, vestidos son parte de una fiesta que no queda encerrada dentro del templo, sino que se contagia a toda la comunidad y que abre a la fraternidad y al cuidado del otro.

Los derechos de migrantes y refugiados son una preocupación que el papa Francisco lleva muy dentro de su corazón y que aparece en sus discursos, gestos y acciones. Y que muchos en la Iglesia mundial y especialmente en Chile y el Perú comparten. Por ejemplo, en Santiago, hay una masiva inmigración de haitianos. Desde 2013, más de 41 mil haitianos han ingresado al país. La parroquia de San Saturnino en el barrio de Yungay, en Santiago, se ha convertido en un sitio de acogida para ellos, donde aprenden castellano y se les asesora para poder regularizar sus papeles.

El Papa Francisco pide “dar una mano” a los migrantes.doc



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