Miguel Cruzado, jesuita, piurano, nos recibió para conversar sobre el Papa y su próxima visita. El Padre Cruzado, tiene, a pesar de su juventud, una destacada trayectoria en la Iglesia peruana y universal. Fue superior provincial de la Compañía de Jesús en el Perú en el 2010 y a los pocos años fue nombrado por el P. General como su Consejero General y Asistente de América Latina Meridional, y tuvo que trasladarse a la Comunidad Jesuita de la Curia General de Roma. De nuevo regresó al Perú y acaba de ser nombrado Director de Fe y Alegría hace unos días.

Por María Rosa Lorbés. Para OSEVOZ

¿Qué le parece lo más importante de la visita del Papa, qué sentimientos tiene ante este gran hecho eclesial?

Me genera mucho entusiasmo porque creo que es muy importante que algunos de los temas centrales de Francisco sean desarrollados, escuchados y debatidos en el Perú, tanto en la Iglesia como en la sociedad.  Hay sociedades, hemisferios, realidades en las que el magisterio de Francisco aunque importante podría no parecer urgente. En el Perú nos va al corazón de lo que hoy vivimos: la importancia del discernimiento cristiano en una iglesia con pastores que acompañan poco a sus fieles, la situación de lo más pobres ante   la naturalización de las desigualdades sociales, las responsabilidades públicas en medio de la tremenda crisis ética que hoy vivimos. Es como si el magisterio de Francisco estuviera hecho para lo que el Perú necesita ahora.

En este momento, ante la proximidad de la venida del Papa, la gente mira más hacia la Iglesia, está en la vitrina. ¿Qué cree usted que ve el peruano promedio cuando mira a esa Iglesia?

Yo, lamentablemente, creo que en estos últimos años la Iglesia, me incluyo, nos hemos ido alejando de la vida real, de los temas importantes de la vida de la gente. En especial de los más pobres y los más jóvenes. De hecho, como sabemos por diversos estudios, quienes van dejando la Iglesia católica son los pobres y los jóvenes adultos. Perdemos gente porque no tenemos un mensaje cercano a sus vidas.

Me preocupa no sólo porque ellos son la mayor parte de la población en nuestro país, sino además porque son aquellos a quienes especialmente queremos acompañar como Iglesia. Dios sin duda está en los mundos populares y juveniles del Perú, su alejamiento de la Iglesia Católica expresa nuestra incapacidad para oírle y reconocerle en medio de ellos. Alejarnos de la vida de la gente es alejarnos de Dios mismo.

Hemos llegado a un punto en el que ni siquiera somos polémicos, suscitamos más indiferencia que debate. No solo estamos disminuyendo, somos, además, cada vez menos relevantes para la vida de las personas. Por ejemplo, para los jóvenes con referentes de futuro, para las familias con apertura a los desafíos de las distancias y rupturas entre sus miembros, situaciones especiales a veces dolorosas, para los profesionales con criterios para discernir la vida ética, las opciones políticas y económicas en sociedad. La Iglesia es una voz endeble entre muchas otras, que pierde legitimidad, la mayoría de veces ni siquiera es una voz que suena.

Necesitamos al Papa Francisco…

En este sentido, creo que la visita del Papa puede ayudar a enfocarnos como Iglesia en los temas relevantes que vivimos como sociedad. El Papa tiene algo de esa gracia espiritual de pastor que siente y reconoce lo que la gente vive, y reacciona a ello. Creo que Francisco sí va a saber captar lo que vivimos en el Perú y va a saber responder a lo que hoy desde el Evangelio requerimos atender. Aunque viene con textos ya preparados, hay que estar también atentos a sus frases espontáneas, las reacciones no previstas. Ahí es donde debemos revitalizarnos como Iglesia Católica, pues no son reacciones al aire para una foto, un video, son reacciones de aquél que siente lo que vive la gente, vinculándola con lo más auténtico de la tradición cristiana, el evangelio.

Entonces, como creyentes y como ciudadanos, qué debemos esperar de esta visita:  ¿Quedarnos contentos, inquietos o llamados a cambiar?

Espero y estoy convencido, por el carisma de Francisco y porque conoce el Perú, que esta visita nos puede devolver un poco de esperanza, tanto a la Iglesia como a la sociedad. Estamos un poco caídos como Iglesia y sociedad. Tenemos golpe tras golpe. La corrupción está mostrando lo peor de nosotros mismos. No reconocemos voces claras que nos ayuden a orientarnos como nación. En la Iglesia no tenemos una palabra clara, en la que nos reconozcamos como comunidad, desde hace tiempo. Creo que el entusiasmo y alegría con la que vive Francisco nos puede ayudar a levantar la mirada para renovarnos y buscar horizontes comunes.  

Pero Francisco viene por unos días, lo que él puede despertar va a depender de cómo la gente, todos nosotros, acojamos el mensaje. Va a depender mucho de cómo los medios de comunicación, pastores, líderes de opinión tomen las claves del mensaje de Francisco y las promuevan para tomar decisiones. El efecto Francisco depende de los peruanos al día siguiente de que Francisco se vaya. Va ser muy importante captar lo que el espíritu va diciéndonos durante la visita para que después se vuelva en mensajes a desarrollar. Por eso es muy importante la “recepción” de Francisco. La recepción es un concepto teológico que implica no sólo escuchar, sino también leer para la propia vida y poner en práctica.

Por lo que veníamos diciendo ¿Qué cree usted que debería hacer la Iglesia peruana para responder a la invitación del Papa de ser un Iglesia pobre y para los pobres?

Es cierto que la voz pública eclesial está perdiendo importancia, pero a nivel de la vida cotidiana de personas, la Iglesia del Perú, gracias a Dios, tiene miles de centenares de laicos, hombres y mujeres, religiosos  y  religiosas  que  son  esta  “Iglesia  hospital  de  campaña”  que  quiere Francisco. Una Iglesia que acoge a las personas, escucha, que sana, que no discrimina y ayuda a que seamos un poco más humanos y por eso más santos. Lamentablemente estas cosas no son públicas y aparecen como movimientos, iniciativas parciales o particulares, no son vistas como el rostro más visible de la Iglesia.

Frente a lo que usted dice hay efectivamente una opinión pública que desconoce lo que la Iglesia, en los rincones a veces más remotos, está haciendo al servicio de la sociedad, una Iglesia que sirve a los más pobres.

Yo creo que la Iglesia del Perú tiene una tradición que se ha invisibilizado. Una tradición de cercanía, solidaridad, compromiso con los más pobres y con los mundos populares del Perú, con lo más auténtico que somos como nación. Se ha invisibilidad por personas que no lo han entendido, por visiones políticas estrechas, por oposiciones teológicas temerosas. Sin embargo, se debe visibilizar porque es real, existe. Es la Iglesia sin comunicados ni declaraciones, la de todos los días.

Solo en Fe y Alegría hablamos de 43 congregaciones religiosas y miles de laicos, hombres y mujeres, comprometidos con la educación de los más pobres del Perú. La mitad son religiosos, pero la otra mitad con laicos y laicas, profesores y profesoras que dirigen las mejores escuelas públicas del Perú y que a veces tienen mejores evaluaciones que otros de colegios privados del país. Cuántas misiones de salud a personas en regiones indígenas llevados por religiosos, laicos, laicas en el Perú hay, son decenas y miles. El trabajo por los derechos por las personas también. Por ejemplo, en el tema de la igualdad entre hombres y mujeres y los estereotipos y la igualdad de género, no se ha hecho visible el inmenso trabajo que se hace y se ha hecho desde siempre por los derechos y defensa de las mujeres y niñas. Ello lo organizan una gran cantidad de organizaciones cristianas en el Perú, sobre todo en las zonas más heridas, donde hay mayor peligro. Este trabajo no ha empezado ahora, sino lleva décadas.

Hoy cada vez más hombres y mujeres han ido tomando conciencia sobre el rol de las mujeres, y muchísimos cristianos han colaborado, contribuido y trabajan cada día en eso, pero no es visible. Se hacen más visibles y están en los diarios voces cristianas, a veces de pastores nuestros, que más bien miran con desconfianza todos estos esfuerzos por la equidad y los derecho de la mujer por la que luchan tantos desde hace décadas, mucho antes de que empiecen estos debates.   

Entonces sí hay una Iglesia cercana a la gente, a los pobres, a lo más propio del país y que, además, sabe discernir. Ser cristiano no es aplicar unas cuantas normas para cumplirlas, es creer y escuchar a Dios. Estas personas cercanas a la gente pobres están discerniendo, tratando de escuchar lo que Dios está diciendo y pidiendo desde la vida de la gente. Eso es creer en Dios, no solamente aplicar normas, sino pensar siempre qué es lo que Dios me pide a mí en esta situación.  Francisco nos pide que seamos una Iglesia en las fronteras y que discierne. Por eso, yo sí creo que Francisco nos va a ayudar a conocer más a esa Iglesia enraizada, masiva, cercana a los pobres, a lo propio y que viene discerniendo y está vinculada a tantas personas.

Visibilizar a esa Iglesia es importante, además y sobre todo, porque a través ello se situará en el centro de la agenda pública, los problemas sociales, los debates que el país no se plantea.

Sí, sobre todo porque te permite acercarte a los problemas fundamentales de la realidad del país. Hemos ido haciendo dialogar el evangelio con la cultura, buscando modos de creer y reconocer semillas del evangelio propias para el Perú. Esa Iglesia no solo trabaja mucho sino que tiene palabra, reflexión teológica y espiritual. Una Iglesia que discute temas fundamentales en la vida de las personas. Lamentablemente estos temas no son siempre recogidos por nuestros pastores, por nosotros los sacerdotes. Nos hemos vuelto demasiado formales y temerosos. Tenemos miedo, por ejemplo, de hablar de las desigualdades que hay en la sociedad. Parece normal que algunos peruanos estén condenados a una educación de bajísima calidad. Eso no es normal, no está bien y se ha asumido como normal. Tenemos miedo de cuestionar estereotipos de género que hacen tanto daño. Y contribuimos a normalizar las inequidades entre hombres y mujeres. Ojalá el papa nos ayude a perder un poco ese miedo.

Padre, usted es uno de los pocos peruanos que conoce al Papa, quisiera preguntarle ¿cómo es?, ¿qué diría usted de él?, ¿cómo es Francisco de cerca?

Lo primero que me llamó la atención es que está atento a las personas de su alrededor. Capta detalles de las personas. De pronto de acerca un grupo que no sabe qué decir y es como si el Papa adivinara. Reacciona con naturalidad, no está callado, no sospecha. Intuye a las personas, tiene esa gracia de pastor cercana a la gente.

Otro rasgo es que, así como es cercano es también muy exigente. Anima a continuar lo bueno que podemos estar haciendo, pero también plantea desafíos altos. Así es con cada persona, con cada congregación. Plantea desafíos muy grandes. Su cercanía no es una cercanía barata, es una gracia cara, exigente. Lo sorprendente es que nadie se siente ofendido, sino más bien reconocido, sentimos su confianza, sabe que podemos ir más allá.

El Papa ha tenido varios viajes ya a América Latina. ¿Le llamó la atención algo de sus comentarios al regreso?

Él siempre regresa contento de sus viajes de América Latina. Y antes de los viajes sí, uno intuye que espiritualmente el Papa se prepara para algo decisivo. Lo que se ve en los mensajes que hacía cuando llegaba a su lugar de destino. En América Latina Francisco ha dicho cosas que siempre se van a recordar. Ha abierto puertas inmensas para el magisterio eclesial universal. Como lo dicho en Ecuador a los indígenas, en Bolivia a los movimientos populares, en Paraguay a las mujeres, en Colombia a una sociedad dividida.

Gracias, Padre Cruzado ¿quisiera añadir algo más?

Añadiré algo como educador. Francisco cada año tenía un mensaje para los educadores; él insistía mucho en una educación integral y para todos, que ayude a crecer a personas y comunidades. La escuela, decía, es como una pequeña Iglesia, en la que se crece, se discierne, se acoge. Espero que nos desafíe al respecto en el Perú y superemos una visión instrumental de lo educativo, sólo como técnicas a ofrecer y como lugar de formación de personas, que nos ayude a revalorar el rol central del maestro en la sociedad en general.



5 respuestas a “El magisterio de Francisco parece hecho para lo que el Perú necesita hoy”

  1. Rosaura dice:

    Gracias P. MIguel por darnos a conocer un poco más del Papa Francisco!!!

  2. Luis Javier García Urdiales dice:

    Tengo 35 años colaborando con la compañía y haciendo mia su propuesta, sinembargo he visto como otros colaboradores ya no creen más en la iglesia en general. Creo que la opción del laico decae porque ve que no cubre expectativas básicas. Decía el P. Felipe que falta vocación. ???

    • Luis Javier García Urdiales dice:

      Como ponder y moderar lo expresado? Haber de pronto es que el trabajo en el que se puede comprometer un laico se ve limitado por razones geográficas , obligaciones con la familia y la realidad.
      Un educador difícilmente puede ofrecer a los suyos educación de calidad , recreación da su tiempo a la obra y no comparte lo suficiente con la familia.

    • Luis Javier García Urdiales dice:

      Como ponderar y moderar lo expresado? Haber de pronto es que el trabajo en el que se puede comprometer un laico se ve limitado por razones geográficas , obligaciones con la familia y la realidad.
      Un educador difícilmente puede ofrecer a los suyos educación de calidad , recreación, da su tiempo a la obra y no comparte lo suficiente con la familia.

  3. Violeta Bastidas dice:

    Que bien Padre q está usted a cargo de los colegios de Fe y Alegria. Hará un gran trabajo. Gracias a Dios.

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