Por Víctor Hugo Miranda, SJ

Una película presenta un escenario ficticio que bien podría haber sido realidad: El papa en ejercicio tiene una larga conversación con un cardenal, que podría ser su sucesor, después de lo cual decide renunciar.

La realidad nos plantea estos días, por otro lado, una situación que parece digna de una película: Un cardenal quiere presionar al papa para que no tome una decisión que aparentemente escandalizaría a los más tradicionalistas y para ello consigue el apoyo del papa emérito, quien aparece como co-autor de su libro, desatando una crisis en la más alta jerarquía católica. He aquí un ejemplo claro de cómo la realidad supera muchas veces a la ficción.

El tema de fondo es uno de los pedidos que surgieron del sínodo amazónico frente a la necesidad de responder pastoralmente a la misión en la Amazonía, a donde no llegan o no hay suficientes sacerdotes: la posibilidad de ordenar al sacerdocio a hombres casados, respetables y con liderazgo en la comunidad eclesial, lo que además no estaría en contradicción con la tradición católica.

Durante los primeros siglos del cristianismo hombres casados eran ordenados sacerdotes, lo que continúa vigente en algunas iglesias orientales. El celibato asociado al sacerdocio no es un dogma, es decir es un asunto sobre el que se puede reflexionar teológicamente y podría estar sujeto a cambios en el futuro.

No sabemos cuál será la decisión de Francisco y si su posición ira en la misma línea esbozada por Benedicto en el libro en cuestión. Lo que es real y va más allá de la ficción es que quedan muchos asuntos sobre los que la iglesia debería aún seguir reflexionando.

– Publicado el 04 de febrero de 2020 en la columna de opinión “Religión y vida” de la edición impresa del diario “La República”.



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