“Todos cuidemos y protejamos nuestra tierra para vivir en armonía”, clama el dirigente indígena Harakbut Héctor Sueyo a toda la humanidad. El Papa ha querido empezar su paso por el Perú encontrándose con los pueblos originarios de la Amazonía. Porque, como dijo el obispo de Puerto Maldonado, monseñor David Martínez, la mayor riqueza de la Amazonía son sus pueblos, sus gentes. Francisco ha estado rodeado de los apus o sabios de estos pueblos, entre ellos Santiago Manuin, dirigente awajun en el Alto Marañón y Premio Nacional de Derechos Humanos 2014 que pese a que buscó el diálogo recibió una bala en la curva del diablo durante el conflicto de Bagua (2009).

El encuentro en Puerto Maldonado ha empezado escuchando la propia voz de los pueblos indígenas sobre cuáles son sus realidades y los inmensos desafíos que enfrentan en la defensa de sus territorios y de sus culturas; en una palabra, por su supervivencia. “Nos sentimos orgullosos de pertenecer a un pueblo originario y hablar nuestra lengua”, dijeron Héctor Sueyo y Yésica Patiachi, dirigentes del pueblo Harakbut. Y han pedido respeto a su territorio frente a quienes “entran sin consultarnos” a explotar recursos naturales. “Si logran quitarnos nuestras tierras, podemos desaparecer”, han exclamado.

En otra intervención María Luzmila Bermeo del pueblo Awajún ha sido más directa al decir que sufren numerosos maltratos por un modelo de desarrollo que los excluye. “Recuerdo que nuestro territorio era una belleza, lleno de plantas, aves, peces, árboles y en abundancia, todo eso era nuestra casa, nuestro sustento y ahora no tenemos nada”, porque se da un “abuso de la naturaleza” por causa de la deforestación, la minería ilegal y la extracción de petróleo. Sueyo, dirigente Harakbut le dijo “a toda la humanidad, que nosotros también estamos preocupados porque la tierra se está malogrando” y las consecuencias del cambio climático están afectando sus vidas a través de enfermedades. Por eso han clamado a todos los pueblos del mundo a unirse: “cuidemos y protejamos nuestra tierra para vivir en armonía”.

“Como amazónicos nosotros queremos conservar nuestra cultura, nuestras costumbres”, dijo María Luzmila. Eso implica que sus hijos tengan la oportunidad de aprender y valorar su forma de vida y su idioma. Más allá, Héctor y Yésica han demandado al Estado una auténtica educación bilingüe intercultural, donde “la escuela no borre nuestras tradiciones, nuestras lenguas, no queremos olvidarnos de nuestra sabiduría ancestral” y que contribuya a que sean tratados como ciudadanos y no sean discriminados.

Yésica hizo memoria del sacerdote dominico José Álvarez Fernández, conocido como el Padre Apaktone, que permaneció por 53 años en Puerto Maldonado. Él “vino por nosotros cuando nos estaban desapareciendo; por eso hoy estamos vivos y seguimos resistiendo”. Así quiso reconocer la labor de los misioneros católicos que han caminado con sus pueblos y han ido aprendiendo a reconocerlos como personas, a valorar sus conocimientos comunitarios. Lo que les ha permitido hacerse parte de sus pueblos y compañeros de sus luchas por derechos al territorio y a la cultura.  

Así el papa Francisco y el mundo entero han escuchado el “grito de gente silenciada” y sufre las consecuencias de un desarrollo que no respeta ni a las personas ni al medio ambiente. De esta manera, empieza el camino al sínodo panamazónico de 2019 dando el protagonismo a las comunidades indígenas, quienes tienen aún mucho que enseñarle a la Iglesia y a todos los que formamos la humanidad.

Dirigentes indígenas comparten sus luchas y sus problemas a Francisco.doc



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