El centro de salud de Santa Clotilde, principal establecimiento de la Microred del Napo, solo contaba, el pasado domingo 7 de junio, con tres pacientes hospitalizados por COVID-19. Un dato que, para la gerente de esta institución, Gabriela Filonowicz es, prácticamente, un milagro. Todo comenzó el 26 de abril, cuando se detectó el primer positivo. Pero en aquellos días apenas contaban con 25 pruebas rápidas y conocer el estado real de la situación era, simplemente, imposible. Un primer tamizaje a personal municipal hizo saltar las alarmas y se decretó cuarentena general por una semana. Todo cerrado. De ahí una más (con autorización para delivery de víveres), pero a la tercera ya la normalidad fue volviendo. “Decían que ya no tenían víveres, que no veían el virus, que nadie se estaba muriendo, y muchos comenzaron a salir a comprar, a hacer deporte e incluso a visitarse entre familiares”, explica la responsable de la Microred.

En los últimos días de mayo se anunció la llegada de un comando conjunto especial que traería pruebas rápidas en cantidad para poder muestrear masivamente. El personal llegó el domingo 31 y, ese mismo día, se inició el trabajo. Hasta entonces había 55 positivos, entre ellos seis gestantes (Santa Clotilde tiene 13) a las que se les hizo la prueba rápida un día antes. “Al llegar el comando comenzamos con el personal del Ejército y, de 19 pruebas, siete dieron positivo, así que no parecía que la cosa estaba tan mal”, relata Filonowicz. Sin embargo, el muestreo en la Policía hizo aterrizar en la realidad. Los nueve efectivos estaban infectados. Santa Clotilde se quedaba, de un momento a otros, sin Policía. De ahí se pasó al personal de salud: 10 positivos. Después a la Municipalidad: de 48 muestras, 19 positivas. Lunes, martes, miércoles, jueves, viernes… hasta llegar a los 922 casos positivos de forma oficial. Y se esperan más.

Si bien la cifra asusta, el verdadero drama está en el recurso humano. La única doctora que había acaba de renunciar, por lo que solo hay una médico sin apenas experiencia (aún le falta su serum) y una pediatra voluntaria que llegó a través de una ong española. “Milagrosamente la gente está pasando su enfermedad con fiebre, pero los síntomas no se agravan mucho. Solo tenemos tres hospitalizados, uno de ellos entró con neumonía y es más difícil. Gracias a Dios no tenemos casos muy complicados”, reconoce la gerente de la Microred. La política de esta institución de salud ha sido exhortar a la ‘no automedicación’. El centro de salud solo reparte paracetamol y, en sus hogares, la gente se trata con remedios caseros. El resto de medicinas solo se aplican en casos que se complican y bajo prescripción médica.

“Por falta de médicos no podemos revisar el estado de toda la población, así que no puedo decir cómo está sufriendo la gente en sus casas. Sé que están luchando con sus propios remedios, eso sí, y el paracetamol. Esta fue la metodología de la doctora que estaba con nosotros, no automedicarlos, y nos está funcionando bien hasta el momento”,  explica. Santa Clotilde cuenta con siete balones de oxígeno y seis concentradores de oxígeno y, hasta el momento, ha recibido 6.425 pruebas rápidas que se han repartido también entre los 13 establecimientos de la microred de la que dependen tanto el distrito del Napo como el de Torres Causana, con un total de unas 25.000 personas. Entre ellos hay comunidades Kichwas, Arabelas, Muruy, Maijunas y Secoyas.

Toda esta situación hizo que el último 2 de junio el nuevo ministro de Cultura, Alejandro Neyra Sánchez, y otros representantes del Estado visitaran la zona para la entrega de más pruebas rápidas, insumos médicos, equipos de protección y víveres.

Fuente: CAAAP

Foto: Ginebra Peña Gimeno



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