Por P. Pedro Hughes

El papa Francisco convocó el Sínodo de la Iglesia sobre la Amazonía porque la vida, don de Dios, se encuentra bajo presión y cada vez más amenazada en este territorio. La manera de operar de la industria extractivista, explotando los recursos naturales, resulta dañina, con niveles destructivos intolerables, que afectan la salud del territorio y sus habitantes. Las aguas están contaminadas, el bosque tropical es víctima de incendios, los pueblos originarios se ven incapacitados de defender sus tierras, frente a un proyecto que no produce desarrollo, sino destrucción y muerte.

En su visita en julio del 2013, el Papa expuso a los obispos de Brasil su preocupación por la protección de la Amazonía. Declaró que la Iglesia está llamada a renovar su misión y su presencia en el territorio con una renovada evangelización en favor de la vida. El Papa percibe que, para la Iglesia, su actuación en la Amazonía va a ser su prueba mayor en América Latina en el contexto actual. Es consciente de la urgencia de este proyecto, que implica una nueva mirada sobre la gravedad de la situación y una nueva voluntad de tomar decisiones audaces. En Aparecida, los obispos habían señalado la necesidad de tomar conciencia sobre la importancia de la Amazonía para toda la humanidad y propusieron una pastoral de conjunto en las iglesias locales de la cuenca amazónica, con diferentes prioridades, para crear otro modelo de desarrollo que privilegie a los pobres (cf. DA 475).

El Papa invita a la Iglesia a crear nuevos caminos en la Amazonía para promover la ecología integral. El proceso sinodal debe estar marcado por la participación activa del pueblo de Dios, creando juntos el camino sinodal de la Iglesia abierto por el concilio Vaticano II.

Desde su inauguración por el papa Francisco, en Puerto Maldonado, en enero del 2019, el camino sinodal será trazado por el enorme impacto de la escucha de la voz de la Amazonía. El número de encuentros realizados por las iglesias locales, con la participación activa de los pastores, los misioneros, los laicos y los representantes de los pueblos indígenas fue impresionante. No hay que olvidar la extensión y la intensidad de esta movilización dedicada a discernir la presencia de Dios a la luz del Espíritu en los grandes problemas que afectan la vida del territorio y sus habitantes. Lo recordamos como “la escucha”, pues llegó a ser el elemento central, decisivo en el Sínodo (cf. Conmunio episcopalis, 6). El dialogo serio y abierto, buscando juntos el camino de la verdad a la luz del Evangelio, fue y sigue siendo el hito mayor de esta extraordinaria experiencia de espiritualidad eclesial.

La celebración del Sínodo en Roma, en octubre del 2019, fue expresión impresionante de la Iglesia en la periferia, el pueblo de Dios en la Amazonía, llegando a ser el nuevo centro. La Iglesia de la Amazonía lleva a Roma el drama de la periferia. Interpela a la Iglesia universal y a la cultura dominante del poder económico para abrir nuevos caminos de evangelización. Surge la voz del Espíritu desde la periferia para convertirse en el nuevo centro eclesial (cf Evangelium gaudium). La Iglesia universal abraza la periferia y la Iglesia en la periferia se enriquece y se robustece en una nueva expresión de comunión eclesial.

La palabra compartida en el Sínodo es memoria viva que se expresa en el Documento final y en la exhortación del papa Francisco, Querida Amazonía. El impacto de la Laudato si´ se constituye en telón de fondo, sumado al discurso inaugural de Francisco en Puerto Maldonado. El tema central, sin duda, es la invitación a la Iglesia a asumir una profunda conversión personal y comunitaria. En la Biblia, la conversión significa metanoia, conversión integral de espíritu, algo que abarca la mente y el corazón. Se trata de interrumpir el camino acostumbrado y cambiar la dirección en favor de nuevos horizontes de cambios y encuentros con el otro, con el pobre, que hacen nacer brotes de vida nueva. La conversión se nutre no sólo de la palabra explícita, sino también de la intuición, de los productos de la imaginación expresados en los sueños que dibujan un mundo más humano, justo y solidario. Sueños que son capaces de expresar con más claridad el anticipo del Reino, los contornos de la utopía histórica que anhelamos y nos conducen a caminar hacia los nuevos cielos y la nueva tierra. No debemos olvidar el impacto de los sueños en la fe de los pueblos de América Latina, sueños que inspiran y orientan las tradiciones de devoción comunal y los caminos de santidad entre los pobres.

La exhortación Querida Amazonía, del papa Francisco, repite la estructura del Documento final del Sínodo: los capítulos dedicados a los cuatro caminos de conversión: conversión pastoral, conversión cultural, conversión ecológica y conversión sinodal. Francisco, fiel a los contenidos de los cuatro temas, los presenta gráficamente en Querida Amazonía con una pedagogía impresionante, reflejada en cuatro sueños personales. De esta manera, asume y hace suyas, con comentarios propios, las cuatro conversiones del Documento final. Es importante notar que los cuatro sueños están interrelacionados e integrados. Los grandes temas son trasversales, repetidos, enriquecidos desde los enfoques de pastoral, cultura, ecología y sinodalidad.

El sueño de nuevos caminos de conversión pastoral 

En la escucha se presenta la Amazonía en formas de contraste. Por un lado, es tierra de vida en abundancia, un territorio donde sobran los frutos de una naturaleza exuberante como expresión de la Providencia. Es donde surge la cultura del “Buen vivir” como promesa de vida para sus habitantes. Por otro lado, como dijo Francisco, es una tierra invadida, víctima del saqueo de sus recursos naturales por el extractivismo, el proyecto neocolonial, que no permite un auténtico desarrollo. La Amazonía es una hermosura herida convertida en lugar de dolor y violencia (DF 10). La conversión pastoral exige tomar conciencia de esta realidad de despojo y depredación, con la secuela de destrucción del territorio, debido a los megaproyectos de la minería, la explotación del petróleo, la deforestación y el acaparamiento de las tierras de los indígenas.

La escucha del clamor del territorio y el grito de los pobres hacen que el papa Francisco sueñe con la recuperación y construcción de una nueva Amazonía. “Sueño con una Amazonía que luche por los derechos de los más pobres, de los pueblos originarios, de los últimos, donde su voz sea escuchada y su dignidad promovida” (QA 7). No hay posibilidades de vida sin reconocer los derechos ciudadanos, los derechos humanos, derechos indígenas de consulta para ingresar en su territorio, con legislación especial (47), derechos que en la práctica son ignorados por el Estado.

Francisco insiste en ponerle nombres a las cosas. Llama “injusticia y crimen” a proyectos mineros, petroleros que contaminan el ambiente; sus relaciones económicas “se convierten en un instrumento que mata“ (QA 14). Declara que es necesario indignarse… como Dios se indigna ante la injusticia. “No es sano que nos habituemos al mal, no nos hace bien que nos anestesien la conciencia social… lo que pone en peligro la vida de millones de personas” (QA 15). La defensa de la vida y los derechos humanos es un principio evangélico.

El sueño de nuevos caminos de conversión cultural

Nuestra conversión también debe ser cultural: “Hacernos del otro, aprender del otro” (DF 41), para ser fieles y dar testimonio del Reino proclamado por Jesús. Benedicto XVI afirmó en Aparecida que “el Verbo no solo se hizo carne, también se hizo historia y cultura” (DA 1). Francisco dice que “una fe que no se haga cultura es una fe que no se ha hecho fe totalmente acogida, pensada, vivida” (QA 66). La enorme riqueza cultural de los pueblos originarios se expresa en la diversidad de identidades propias, con sus lenguas, tradiciones e historias de los indígenas, afrodescendientes, quilombolas, ribereñas y la diversidad de las culturas en las ciudades de la Amazonía. El Verbo de Dios se encarna en la historia de estos pueblos, pueblos que contienen semillas y gérmenes del mismo Verbo.

Francisco nos advierte sobre la importancia de la sabiduría ancestral (QA 33). Es tesoro y memoria de experiencias culturales propias de cada grupo étnico. Nos invita a promover el cuidado de las raíces de estas culturas, a no dejarlas morir, pues su desaparición es trágica y se pierden memorias de tradiciones culturales invalorables.

Debemos a los pueblos originarios el cuidado de la casa común, el respeto y protección de la biodiversidad del territorio, la sabiduría que, en gran parte, hemos perdido. La conversión invita a la interculturación, a la encarnación del Evangelio en las culturas autóctonas (DF 51). La pandemia actual exige a los Estados la promoción de servicios de salud intercultural, que se reconozca el valor de la medicina tradicional, de la educación intercultural y de los idiomas nativos.

Para Francisco, promover la Amazonía significa ayudar a que ella saque lo mejor de sí misma. El imperativo es no caer en prácticas de neocolonialismo. Las culturas tienen un valor, son mensajes que, lamentablemente, no son escuchados (QA 28). El Papa invoca especialmente a los jóvenes a no perder sus propias raíces culturales y a atender las raíces dañadas. Exhorta al desarrollo de encuentros interculturales, a celebrar la esperanza y prevenir contra las sombras de actitudes ahistóricas y cerradas (QA 36).

El sueño de nuevos caminos de conversión ecológica

Impactan, en el proceso de escucha, afirmaciones como las del pueblo guaviare citadas por Francisco: “Somos agua, aire y vida del medio ambiente creado por Dios. Por lo tanto, pedimos que cesen los maltratos y el exterminio de la Madre tierra. La tierra tiene sangre y se está desangrando, las multinacionales la han cortado las venas a nuestra Madre tierra” (QA 42). “Somos parte de la naturaleza, no podemos vivir separados de ella. El río no nos separa, nos une” (QA 45).

Todo está conectado es el gran mantra de la Laudato si´, la base espiritual de la protección del cosmos. ¡Hoy “la Amazonía se encuentra en una carrera desenfrenada hacia la muerte! Está científicamente comprobado que la desaparición de la Amazonía tendrá un impacto catastrófico para el conjunto del planeta” (DF 3). Necesitamos con urgencia la conversión ecológica. El Sínodo propone el nuevo camino de la ecología integral, la protección del planeta y sus habitantes, sobre todo los más vulnerables (QA 58). Es la respuesta a la gran crisis actual, al clamor de la tierra y al grito de los pobres. La ecología integral es el nuevo paradigma para la humanidad y la Iglesia.

El sueño de nuevos caminos de sinodalidad

Los nuevos caminos de conversión integral se expresan en la práctica personal y comunitaria, en el compromiso de asumir responsabilidad frente las amenazas de la vida, que es un don de Dios. La Iglesia aprende, desaprende y reaprende en el caminar juntos, respetando las diferencias, en el camino sinodal, en la promoción de la cultura del encuentro con el otro. “La opción preferencial por los pobres es el gran anuncio salvífico, el grito misionero, no solo mensaje social” (QA 63). Necesitamos conversión sinodal.

La sinodalidad reconoce la necesidad de la inculturación para los nuevos ministerios, afirmando el rol de los laicos y la importancia protagónica de la mujer en las consultas y tomas de decisión en la Iglesia. Urge una formación inculturada para los sacerdotes presentes en el territorio.

La creación de la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA) responde al pedido de “promover la sinodalidad entre las iglesias de la región, que ayude a delinear el rostro amazónico de esta Iglesia y que continúe la tarea de encontrar nuevos caminos para la misión evangelizadora, en especial incorporando la propuesta de la ecología integral, afianzando así la fisonomía de la Iglesia amazónica” (DF 115).



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