Ante centenares de miles de fieles reunidos en Las Palmas, Francisco anuncia el significado de la Navidad, que acabamos de celebrar: Dios con nosotros Emmanuel, que se encarna: “Es allí, en medio de los caminos polvorientos de la historia, donde el Señor viene a tu encuentro”. Mensaje central de una fe que no es evasiva ni espiritualista, sino enraizada en la realidad, porque Dios se hace humano.

Y ese Dios viene a la ciudad: “Aquí viene el Señor…a Ninive, a Galilea, a Lima, a Puerto Maldonado, a Trujillo. Se pone en movimiento para entrar en nuestra historia personal concreta”. Viene a “nuestras ciudades, con las situaciones de dolor e injusticia que a diario se repiten”.

Francisco denuncia que hay diferencias en la ciudad, que todos no son ciudadanos en el mismo nivel: “existen ciudadanos que consiguen los medios adecuados para el desarrollo de la vida personal y familiar –y eso nos alegra-, el problema está en que son muchísimos los ‘no ciudadanos’, los ‘ciudadanos a medias’ o los ‘sobrantes urbanos’ (Evangelii Gaudium 74)… que van a vivir a las márgenes de nuestras ciudades sin condiciones necesarias para llevar una vida digna y duele constatar que entre esos ‘sobrantes humanos’ de encuentran rostros de tantos niños y adolescentes. Se encuentra el rostro del futuro”.

No podemos huir de esta realidad, ni ser indiferentes ante ella, ni tener un “corazón cauterizado”, endurecido.  Sino, como Jesús, entrar en la ciudad a decir que “el Reino de Dios está cerca, Dios está entre nosotros”… Ese Evangelio, esa buena noticia, es un antídoto contra la globalización de la indiferencia.

Jesús nos invita a vivir eso. “Jesús camina la ciudad con sus discípulos y comienza a ver, a escuchar, a prestar atención a aquellos que habían sucumbido bajo el manto de la indiferencia, lapidados por el grave pecado dela corrupción. Comienza a develar muchas situaciones que asfixiaban la esperanza de su pueblo, suscitando una nueva esperanza. Llama a sus discípulos y los invita a ir con El, a caminar la ciudad, pero les cambia el ritmo, les enseña a mirar lo que hasta ahora pasaban por alto, les señala nuevas urgencias”. A eso nos llama también a nosotros, a mirar nuestra realidad y ver a los que sufren, a ser fermento allí donde estemos.

“El Reino de los Cielos es encontrar en Jesús a Dios que se mezcla vitalmente con su pueblo, se implica e implica a otros a no tener miedo de hacer de esta historia, una historia de salvación”. No se trata de salir de la historia, de huir de la ciudad, sino de que “la degradación sea superada por la fraternidad y la injusticia vencida por la solidaridad y la violencia callada por las armas de la paz”. Es así como el Reino está entre nosotros.

Caminemos, pues, con Jesús la ciudad, nuestra ciudad.

Caminar la ciudad con Jesús.doc



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