BROTA UNO DE LOS SUEÑOS DEL PAPA FRANCISCO

En la exhortación Querida Amazonía, el papa Francisco nos describe los cuatro sueños que  tiene, a partir de todo el proceso antes, durante y después del Sínodo Panamazónico. Es posible que para muchos esos sueños estuvieran lejos de la realidad. Ahora, inesperadamente, uno de los sueños, el cuarto –el sueño eclesial- acaba de producir un brote totalmente nuevo: la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEA).

Se crea una conferencia que no es exclusiva de un solo país, sino de toda una región: la Amazonía, conformada por nueve países. Y no se llama Episcopal, sino Eclesial. Es decir, no es de obispos, es de toda la Iglesia, de todos los bautizados, a los que Aparecida llamó “discípulos misioneros”. Aunque a la cabeza se haya colocado al cardenal brasileiro, Claudio Humes, y a su lado a los obispos David Martínez de Aguirre (Perú) y Eugenio Coter (Bolivia), como vicepresidentes, todos somos muy conscientes de la novedad: no es una “conferencia episcopal más”. Y por eso, se incluyen en la Directiva tres indígenas: dos mujeres y un laico asháninca. ¡Inédito!

Por el nombre, vemos rápidamente todos los matices de esa nueva Conferencia: una iglesia multiforme y multicolor. Y es imposible no volver a nuestras retinas las imágenes del Sínodo -en Puerto Maldonado y en Roma-, el papa feliz entre indígenas y sus líderes, laicas y laicos, misioneros y misioneras, obispos y cardenales. ¡Qué distinto a esa otra imagen, ofrecida en varias ocasiones, de todos los cardenales de rojo, en un primer círculo y todos varones, clérigos, célibes y ancianos!

Con el simple adjetivo “Eclesial”, oímos las voces de toda la Amazonía:  de la naturaleza, de los pueblos y sus gentes, de las culturas, como el papa Francisco quiso que escucháramos todos, especialmente los obispos, antes y durante el Sínodo. Y olemos-¡cómo no!- que se nos habla de otro modelo de iglesia, de otro estilo de ser “discípulos misioneros”, de algo ya experimentado en gérmenes, de una “iglesia sinodal”, un proceso que invita a dar pasos hacia un futuro que se aleja de las mitras, los ropajes y los títulos.

Palpamos, en el simple nombre, que estamos ante una realidad nueva, aunque no sea inédita, ante retos futuros. Hemos dado el primer gran paso, pero no se nos da hecho, tenemos que ir construyendo con creatividad y con audacia. Pero ya lo gustamos desde el comienzo; lo saboreamos y nos agrada. Sabe a evangelio: “volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio” (EG 11). Porque creemos que es el Espíritu de Jesús el que nos guía y conduce, no meras intuiciones humanas.  

Durante el largo proceso recorrido hasta llegar a la CEA, el simbolismo del río ha sido muy rico. Es el gran río Amazonas que da vida e identidad a toda la región; pero que está formado por muchos otros ríos afluentes. Y por todos ellos navegan canoas dirigidas por las personas que conforman esos pueblos y esas comunidades. También ahora podemos considerar a la CEA como el gran río en el que han confluido muchos procesos y muchos aportes. Y también esos afluentes están surcados por muchas “canoas eclesiales” que tienen que recibir vida de los ríos y del gran río ¡Y tienen que comunicarla para que se multiplique! Es la esperanza de toda la Iglesia.

Se dice –y estamos seguros de ello- que nada ha sido casual, que no ha sido una lotería, que el Espíritu –que vuela y se posa donde y como quiere- ha hecho su trabajo. Que la paciencia y la constancia de las que ha hecho gala el papa Francisco también han dado su fruto. Que el nuevo modelo de iglesia alumbrado en el Vaticano II y en Medellín ha enraizado en el continente y ha producido este hermoso brote de la CEA, alimentado por muchos ríos y canoas. Todos valoramos el aporte del papa Francisco insistiendo en el tiempo más que en el espacio, en los procesos, que nos permiten visualizar el mediano y largo plazo.

Nace la CEA en un contexto duro y difícil por el coronavirus, sobre todo para los pueblos amazónicos. Para nadie es un secreto que siempre son los pobres, los marginados, los excluidos quienes pagan la factura más alta y, esta vez, no es excepción. Pero, en ese contexto –se nos dice oficialmente- “la Conferencia Eclesial de la Amazonía quiere ser una buena noticia y una respuesta oportuna a los gritos de los pobres y de la hermana madre Tierra”. Así como también “un cauce eficaz para asumir, desde el territorio, muchas de las propuestas surgidas” en la Asamblea Sinodal.

Lo que el Papa nos dijo en Querida Amazonía, de que había que releer las conclusiones del Sínodo, no ha caído en saco roto y ya tenemos un buen fruto en la CEA. Importante no solo para la Amazonía sino para toda la Iglesia. Así nos dice el cardenal Tagle, presidente de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos: “las situaciones de la Amazonía están presentes en las otras partes del mundo. Los sufrimientos del pueblo de la Amazonía son los mismos sufrimientos de todos los pobres del mundo, de la familia humana, de la creación, y de la casa común”. Y continúa: “los ojos de las Iglesias de otras partes del mundo, están abiertos, aguardando esta asamblea de la Conferencia de la Amazonía”. Muy certero.

Debemos resaltar también las palabras del presidente de la CEA, el cardenal Claudio Humes: “Queremos ser una Iglesia más cercana, una Iglesia más participativa, una Iglesia que envuelva más ministerios, una Iglesia eclesial, pero también una Iglesia colegiada”. “Nace, en mi opinión, de la manera correcta, una Iglesia bautismal, sinodal, una Iglesia que contempla todos los ministerios posibles. Dentro de ella, sacerdotes, obispos, cardenales, pero también la participación de los laicos, con la posibilidad de crear nuevos ministerios, atendiendo a lo que siempre se decía durante el Sínodo.

La Iglesia no puede ser una Iglesia de visita, debe ser una Iglesia permanente, una Iglesia cercana y arraigada allí. Por lo tanto, para arraigarse, tiene que estar más inculturada. Y una Iglesia importada no es así, puede servir, hacer mucho, pero antes o después, los misioneros de fuera son transferidos a otros lugares. Ahora, los misioneros locales, nacidos allí, podrán hacer mucho más en términos de cuidado de la naturaleza, del medio ambiente y cuál es el derecho de los pueblos originales que han vivido allí desde siempre. Por eso insisto, es necesario tener estrategias pastorales identificadas con el rostro propio de la Amazonía”.

¿Demasiadas esperanzas? ¡No! Los sueños son para vivirlos y potenciarlos. Y apuntan a la utopía… ¡como el Reino!

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