Entrevista a la Doctora en Teología, pertenece a la Congregación de las Hermanas Médicas. Trabaja hace casi 20 años en el Perú. Fue invitada por el papa Francisco a participar en el Sínodo Panamazónico. Responde a su regreso de Roma.


Por María Rosa Lorbés

Birgit Weiler trabaja hace casi 20 años en el Perú y fue invitada por el papa a participar en el Sínodo Panamazónico, que se celebró en Roma del 4 al 27 de octubre 2019. Colaboradora de la Pastoral del Cuidado de los Bienes de la Creación de la Comisión Episcopal de Acción Social, CEAS, y de la diócesis de Jaén, es doctora en teología y cuidado del ambiente y recibió hace poco el premio Erwin Kräutler que otorga la Universidad de Salzburgo, Austria. Nació en Alemania y pertenece a la Congregación de las Hermanas Médicas. En su historia personal hay una característica notoria: el trabajo por la protección del medio ambiente y por la paz.

Era la primera vez que participabas en un Sínodo. ¿Cuál ha sido tu experiencia como creyente, como mujer y como religiosa?

Para mí ha sido una experiencia muy enriquecedora porque había un fuerte sentimiento de estar realmente como “Iglesia en camino”. La actitud de muchos obispos y cardenales y la manera del papa de mezclarse naturalmente con todos crearon un ambiente de sentirnos todos iguales, como hermanos y hermanas. El proceso estuvo realmente centrado en la situación actual de la Amazonía: ¿Cuál es el llamado de Dios? ¿Cómo responder con valentía y coherencia a este momento donde no solo hay que ver y reconocer lo que afecta a la Amazonía sino al mundo global? Esta consciencia estuvo muy presente en el Sínodo de manera que se fortaleció la identidad de una Iglesia en la Amazonía, pero abierta a la Iglesia universal y viendo qué podemos aportar. Un rasgo muy novedoso de este Sínodo fue que, siendo un Sínodo Territorial referido a la Amazonía, tenía al mismo tiempo un significado muy importante para la Iglesia global. Para graficar esa particularidad es que se realiza en Roma, en el centro de la Iglesia.

El papa dijo, desde que lo convocó, que quería que fuera un Sínodo “de la Amazonía para el mundo”, de manera que todos los seres humanos pudieran aprender e involucrarse.

Sí. La Amazonía es uno de los espacios en la tierra más importantes para el calentamiento global y el cambio climático. Hoy se ha tomado mayor conciencia sobre la importancia de la biodiversidad para regularizar el clima y frenar el avance del calentamiento global. La Amazonía es un lugar muy decisivo para regular el clima a nivel mundial por la gran biodiversidad que tiene; los científicos dicen que allí hay una biodiversidad tan grande, como en ningún otro espacio de la Tierra. Aproximadamente el 20 % del agua dulce en la tierra, en estado no congelado, está en la Amazonía. Además, tiene una gran riqueza cultural, son más de 300 culturas y lenguas diversas. Que la Amazonía y sus pueblos estén en el enfoque principal de un Sínodo en Roma, era una novedad muy grande.

Otra de las características particulares de este Sínodo que hay que valorar fue la riqueza de que estuvimos un buen número de mujeres. Algunos obispos y cardenales que habían participado en muchos Sínodos me dijeron que este ha contado con la mayor participación femenina. Estábamos más de 30 mujeres.

Se ha dicho mucho que el Sínodo comenzó en Perú, en Puerto Maldonado, y que nuestro país lo marcó. ¿Cómo evaluarías la presencia del Perú en el Sínodo?

Creo que hay que agradecer mucho los aportes del cardenal Barreto que, desde la Presidencia, jugó un papel importante en reforzar el vínculo entre el cuidado de la Tierra con la fe en el Dios creador. Habló mucho también de la necesidad de ser una Iglesia profética, que se atreva a denunciar muchas violaciones de derechos humanos, de persecución a líderes indígenas y de otras poblaciones que han sido asesinados por que se han comprometido en la defensa de la casa común. Después, monseñor David Martínez, de Puerto Maldonado, era uno de los secretarios especiales y tuvo un rol importante en todo el proceso de trabajo con los expertos que asesoraban la elaboración del documento final en la que también participó Monseñor Miguel Cabrejos. Él estuvo como presidente de la Conferencia Episcopal del Perú y, ya nombrado también como presidente del CELAM, acogió esto también como mandato para el CELAM. El aporte de los líderes y lideresas nativas y de las religiosas y religiosos, así como de todos los obispos de la selva peruana, fue de gran calidad.

Ahora, en el post Sínodo, ¿cuáles te parecen a ti las tareas pastorales y sociales más urgentes para el Perú?

Por un lado, fortalecer mucho más la consciencia de que el Perú es un país amazónico. La Amazonía ocupa el 60 % del territorio peruano. La REPAM en un momento usó este lema: “Amazonía somos todos”. El interés de cuidar este espacio de nuestro país nos concierne a todos. En la pastoral hay que incentivar el cuidado de la tierra como una parte de la opción eclesial por los pobres. Optar por la Amazonía es escuchar el grito de la tierra, que es el grito de los pobres, porque suelen ser los más afectados. Cuidar la Amazonía tiene que ver con nuestro estilo de vida, en lo cotidiano, cómo usamos el agua, cómo contribuimos al reciclaje, cómo reflexionamos mucho más qué implica vivir una vida más sencilla, más austera y frenar el consumismo, para cuidar el planeta y la vida de los pobres. Es decir: cómo se expresa la solidaridad en mi día a día.

– Entrevista publicada el 21 de diciembre en la edición impresa y digital del diario La República.



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