Monseñor Carlos Castillo, arzobispo de Lima, comparte con nosotros las impresiones de su reciente audiencia con el Papa Francisco, del pasado 9 de marzo, a quien encontró “fuerte y lúcido, lleno siempre de hondura y esperanza”. Un año después de su nombramiento, el prelado peruano fue a Roma a dar cuenta de su gestión pastoral y a tomar nuevo impulso de “un sabio que tiene experiencia de que las cosas no se consiguen por decreto sino por proceso suscitado y compartido”. Corazones pastorales que laten al unísono y, por eso, aunque encuentran resistencias en sus respectivas diócesis, ambos están convencidos de que “el ánimo espiritual” acabará imponiéndose. Eso sí, “con firmeza, prudencia, y paciencia”, el triple consejo que le dio Francisco.

Ayer le recibió el Papa. ¿Audiencia protocolaria, pedida por usted o solicitada por el propio Francisco?

Pedí al Santo Padre esta audiencia al año de haber sido generosamente elegido por él y ordenado obispo. Quise hacerle un recuento básico de los pasos que hemos ido dando y me la concedió con suma amabilidad y acogida paternal. Así me ha permitido explicarle la orientación, el proceso y las acciones concretas que condujeron a mi carta pastoral desde el día de mi ordenación hasta hoy, con todo el camino participativo y sinodal que ha supuesto, tanto de los laicos y laicas de nuestras parroquias como del presbiterio.

¿Cómo encontró físicamente al Papa?

Lo encontré muy bien, el resfrío ha hecho su proceso y terminó, pudo descansar aunque siempre siguiendo el retiro de toda la curia romana con el P. Bovati en trasmisión interna, según se ha sabido. Lo encontré fuerte y lúcido, lleno siempre de hondura y esperanza.

¿Está preocupado por el coronavirus?

Sin duda, en actitud muy solidaria, y preocupado, ha celebrado la misa en Santa Marta  “por los enfermos de esta epidemia de coronavirus, por los médicos  los enfermeros, los voluntarios, que tanto ayudan, los familiares, por los ancianos que están en las casas de reposo, por los encarcelados que están encerrados”, es decir por la gente a nivel mundial. El Papa sigue todo lo que pasa, atento al sufrimiento de las víctimas de este flagelo, ha orado especialmente por ellas, y como hemos visto no solo llama a tomar todas las medidas de seguridad, sino que se ha unido al sentir general del cuidado para que no se siga extendiendo, ha alentado a los que ayudan y sirven desinteresadamente.

¿Sigue ilusionado en continuar transformando la Iglesia?

La verdad es que su convicción no aparece solo como una declaración sino que se siente como una inspiración permanente de fondo que orienta cada pregunta o cada matiz sencillo que sugiere en cada tema tratado, de modo que poco a poco el camino de la conversión pastoral se pueda abrir paso. Su ilusión no parece en ningún momento como “pura ilusión” sino inspiración sabia y ágil para, como el dice en sus escritos, “generar procesos” más que “conquistar espacios”. Hablar con el Santo Padre es siempre una experiencia de sabiduría sugerente, viva, concreta y alentadora.

¿Qué puede contarnos de los temas abordados con Su Santidad?

Lo mas importante ha sido su subrayar el sentido evangelizador misionero de todo lo que vamos haciendo. Desde la Pastoral misionera de conjunto, hasta la organización la diversidad de propuestas pastorales concretas, incluyendo la forma en que hemos de organizar la economía. Y muy importante, justamente por ello la capacidad de comprender a todos, de apreciar cada propuesta y de intentar unir y no excluir.

¿Qué le aconsejó de cara al gobierno pastoral de la arquidiócesis de Lima?

Me aconsejó tener simultáneamente firmeza, prudencia, y paciencia, siempre; desde que hablé la primera vez me la ha aconsejado, y me lo ha repetido. Palabras de un sabio que tiene experiencia de que las cosas no se consiguen por decreto sino por proceso suscitado y compartido, donde el amor gratuito lo puede todo.

¿Se está encontrando también usted resistencias en Lima, para poner la arquidiócesis a la hora de Roma?

Puede ser que hayan resistencias pero no son tan importantes como el ánimo espiritual que nos envuelve a todos en la Iglesia de Lima para convertirnos pastoralmente. Si hay resistentes, ellos saben que también están invitados a entrar en diálogo de conversión para reentender criterios y abrirnos a lo que el Espíritu nos está diciendo en nuestra compleja pero esperanzada ciudad.

Fuente: Religión Digital



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