En el marco de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, monseñor Carlos Castillo, Arzobispo de Lima y Primado del Perú, presidió la Celebración Eucarística de este IV Domingo de Pascua, ayer 3 de mayo.

Durante su homilía, Monseñor Castillo reflexionó sobre las dimensiones pastorales de todos los que ocupan hoy roles importantes en la dirección del mundo y la vida de nuestra sociedad: “Somos también un pueblo pastor que, organizado desde sus propias vocaciones, sabe que su misión es riesgosa y carga con los problemas de los demás en los hospitales, en las calles, en el servicio cotidiano, en el cuidado de las familias, en la ayuda social, enseñando a todo el pueblo a vivir en forma ordenada dado que no hemos sido habituados a algo tan duro y difícil como es la restricción de nuestras relaciones por el aislamiento social”.

“Hoy es un día fundamental para la constitución de nuestra Iglesia, es una jornada de oración y es una jornada mundial porque toda la Iglesia pide a Dios que envíe obreros a su cosecha, es decir, envíe pastores que puedan guiar y orientar la vida de la Iglesia y suscitar una esperanza dentro de la vida del mundo”, comentó al inicio.

Monseñor Castillo expresó que, en esta situación de pandemia, hemos sido testigos de muchos pastores que dan la vida por sus ovejas, hasta el punto de “agotarse completamente por su servicio y ayuda, pero también hemos visto que esos pastores no solamente son los sacerdotes, las religiosas, los Obispos que ayudan al pueblo, sino que tenemos un pueblo también pastor”.

El pueblo pastor que menciona Monseñor Castillo también nos enseña hábitos de disciplina para vivir de forma ordenada y “no de acuerdo al capricho personal”, sino de acuerdo a la vocación: “por eso es que se hace una jornada de oración por las vocaciones, porque la vocación es algo que nos da Dios, es un llamado que nace desde lo más profundo del ser porque Dios nos creó para ser imagen suya, para ser sus hijos y para destinarnos a una misión que solamente Él conoce y que nosotros podemos discernir para encontrar cuál es nuestro camino”, agregó.

“No se es pastor de la noche a la mañana, se camina progresivamente escuchando la voz del Señor, pidiendo perdón por las restricciones que hacemos a la acción del Señor y aprendiendo poco a poco en nuevas situaciones a hacerlo. Nadie nace pastor, el ser pastor es una vocación que está inscrita en el corazón de cada persona, pero poco a poco hay que ir formando esa vocación para crecer en ella, y lo que Dios ha depositado desde el seno de nuestra madre, pueda crecer y hacer posible que todos nosotros tengamos esperanza”, afirmó.

La vocación del Pastor, por una parte es una vocación a la vida eclesial y a la construcción de la Iglesia para el servicio de todos los pueblos y esperanza de la humanidad, afirma el Primado del Perú, pero “eso no quiere decir que no haya dimensiones pastorales de todos los que ocupan hoy roles importantes en la dirección del mundo, y esta Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones implica también que aquellas vocaciones dirigenciales que existen en la sociedad, desde los padres de familia hasta los jefes de los pueblos, de las organizaciones populares, los alcaldes, los presidentes, los jefes de instituciones, tienen que comprender que hay una dimensión pastoral que no podemos dejar de lado, que consiste en no manipular, no imponer, no actuar bajo los propios intereses sino llevar a las personas al interés común”.

“Todos debemos cuidarnos los unos a los otros como pastores, hacernos responsables todos de la vida de nuestra sociedad y de la comunidad cristiana, pidiendo cosas que no expongan al contagio, sino que más bien nos liberen del contagio, realizando las cosas en forma sumamente ordenada”, sentenció.

 

Fuente: Arzobispado de Lima



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