El pasado domingo 7 de mayo, el Arzobispo de Lima, monseñor Carlos Castillo, celebró una misa por la Solemnidad de la Santísima Trinidad. En ella, monseñor Castillo aseguró que nuestro Dios “no es soledad sino comunidad” y por tanto, como miembros de la familia, “el Padre ama al Hijo, el Hijo ama al Padre, y los dos en ese amor hacen posible también que el Espíritu Santo pueda guiar toda la humanidad que ha sido creada a imagen y semejanza de ese Dios”.

En la homilía, el Primado explicó que para ser una sola familia humana es indispensable “poder desechar todo aquello que impide la hermandad entre nosotros, porque siendo creados a imagen y semejanza de Dios, estamos llamados a defender la dignidad humana, a procurar entre nosotros relaciones de amor y de amistad, a superar las injusticias y el racismo, a reconocer la dignidad de la mujer, a no prejuiciar de las personas, a saber entender y comprender la grandeza de cada uno, y así construir un mundo distinto”.

Después, comentando el Evangelio de Juan, el Arzobispo de Lima recordó que Dios no ha venido para juzgar al mundo, “pese a la cantidad de cosas que tendríamos para ser juzgados y la cantidad de cosas terribles que hacemos incluso en medio de esta pandemia, como por ejemplo el asesinato de George Floyd”. Pero también citó otra serie de cosas crueles como lo es “subir los precios de las medicinas en medio de la pandemia”.

Para él, eso significa “que todavía no entramos en lo profundo de lo que somos, y nuestro Dios, el Dios que es amor, que es comunidad y no soledad, es el Dios que viene en nuestra ayuda para hacernos comprender que tenemos que desistir de todas aquellas cosas que son egoísmo y que no piensan en los demás”, agregó.

Al final de la ceremonia, monseñor Castillo recordó que todavía en nuestra historia hay signos de Jesucristo vividos por los héroes nacionales, “ésos héroes anónimos – dijo – que han sido las enfermeras, los médicos, los policías, los soldados, los voluntarios, y quienes han sacrificado su vida por nosotros”. “Que Dios bendiga a nuestro país, que nos permita salir de todas esas pillerías y sandeces que existen todavía en nosotros y que nos dejan niños, para que maduremos y salgamos a servir a los demás, comprometiéndonos especialmente con los más débiles y tomando en serio la vida y las tareas que tenemos en esta historia”, concluyó.

Fuente: Arzobispado de Lima



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